INCENDIOS FORESTALES

El incendio de Ávila según sus vecinos: “Un auténtico infierno”

Vista de los estragos del incendio desde el Castro de Ulaca, en Solosancho.EFE/Raúl Sanchidrián

Antonio García. EFE. El incendio forestal que el pasado sábado se declaró entre los municipios abulenses de Navalacruz y Cepeda de la Mora, que es el más grave declarado en Castilla y León en los últimos 40 años, ha dejado un reguero de desolación, impotencia y rabia entre los vecinos de las localidades afectadas quienes confiesan que han vivido “un verdadero infierno”.

Cerca de un millar fue desalojado el domingo de sus casas en Villaviciosa y Robledillo, ambos anejos de Solosancho, así como en Palacios, una pedanía de Sotalvo, cuyos habitantes también fueron desalojados ante la proximidad de las llamas.

Estas poblaciones se encuentran situadas en el Valle Amblés, a apenas 20 kilómetros de la capital abulense, hasta donde llegaron las cenizas y el olor a humo que este miércoles sigue impregnando el ambiente en Ávila.

Las llamas, que llegaron a trepar hasta el emblemático Pico Zapatero, que con sus 2.158 metros sobre el nivel del mar es el más alto de la Paramera de Ávila, también descendieron hasta estas pequeñas localidades, cuyos habitantes vivieron con desesperación cómo el fuego se aproximaba a sus propiedades.

Uno de ellos fue Emilio Torrubias, ganadero de Sotalvo, que esos días utilizó sus tractores -alguno de los cuales llegó a prenderse- para impedir mediante cortafuegos que las llamas alcanzaran el casco urbano, así como a sus animales: 900 ovejas y 130 vacas.

“Fue un infierno”

“Esto fue un infierno”, relata a Efe, mientras en las proximidades de sus cuatro naves siguen humeando las “pellas” -grandes grupos de pacas de paja-, junto a varias traviesas de madera que tenía almacenadas.

Tras reconocer la “impotencia” que le produjo vivir esta situación, tanto él, como su hermano Víctor Manuel, lamentan la “dejadez” que consideran que se produjo a la hora de atajar un incendio que rodeó literalmente el pueblo.

En su caso, ha perdido en torno a 4.000 pacas de paja arrasadas por el fuego, cuatro ovejas, maquinaria y forraje, lo que se suma al hecho de que algunas vacas y terneros hayan sufrido quemaduras en orejas, lomo, patas y cuartos traseros.

Tanto Emilio como Víctor Manuel agradecen en este sentido la actuación de su vecino Marcos, que a sus 16 años logró salvar “a un choto de entre las llamas”, así como a algunas de las naves, mientras ellos actuaban en otra zona del pueblo con los tractores.

Aunque el pueblo fue evacuado, Emilio Torrubias dice no haberlo abandonado ante la situación que se avecinaba el domingo, viendo la evolución de las llamas, que se aproximaban al pueblo a gran velocidad.

Al igual que ha agradecido a Marcos su actuación, Emilio da las gracias a un primo que libró a sus vacas de morir quemadas entre las llamas al sacarlas de las naves situadas a la entrada de un pueblo que este miércoles aún trataba de recuperarse del susto.

En la rotonda de entrada todavía se encuentran varias garrafas de agua, símbolo de la actuación de estos duros días, a los que se sumarán otros para tratar de limpiar sus propiedades y hacer balance para reclamar unas ayudas para las cuales solicitan celeridad a las administraciones, ya que si se demoran, puede ser demasiado tarde.

En el anejo de Palacios, una familia que tiene su segunda residencia al final del casco urbano, mira con desolación y tristeza un monte al que creen que no volverán a ver en las mismas condiciones, con el Pico Zapatero y el castillo de Manqueospese al fondo.

El matrimonio integrado por la abulense Eva María Rodríguez y Luis Gamero mira al horizonte con pesar, ya que hace cuatro días el paisaje por el que han paseado y han realizado marchas era bien distinto.

“Falta de previsión”

“Es un desastre”, asegura Gamero, quien también lamenta la “dejadez” y la “falta de previsión” en este incendio que surgió a la altura del kilómetro 38,000 de la N-502 (Ávila-Córdoba) de un coche que comenzó a arder en el arcén.

En este sentido, ha lamentado a Efe el “abandono” que han sufrido ante el fuego los vecinos de esta zona en la que desde 2008 cuentan con una segunda residencia, ya que ellos viven con sus tres hijos en Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Eva María Rodríguez recuerda cómo de joven recorría esta zona, de ahí su decisión de querer una segunda vivienda en este lugar que ahora está teñido de negro y al que Rodríguez cree que no volverá a ver como lo ha conocido por una “negligencia”.

Durante el tiempo que les resta de vacaciones durante el mes de agosto, tratarán de echar una mano a los vecinos del pueblo, después de haber vivido un “auténtico infierno”.EFEverde

 




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