GOLFO KVARNER

Golfo de Kvarner, la Croacia más natural

Golfo de Kvarner, la Croacia más natural

Delfines mulares, focas monje y osos. Tres animales extintos en casi toda Europa sobreviven en las innumerables islas de aguas cristalinas, profundos acantilados y pequeñas bahías del Golfo de Kvarner, al norte del mar Adriático, en las costas de Croacia.

La región de Kvarner, situada entre la península de Istria y la costa de Croacia, es una de las de mayor biodiversidad de toda Europa, pese a la amenaza que supone el incipiente desarrollo urbano y el turismo, y cuenta con una colonia estable de delfines y focas monje.

REGIÓN TURÍSTICA CROATA.

Las islas de la zona dan cobijo a 83 especies de aves en peligro en Europa, entre ellas una treintena que anidan aquí, y solo en la isla de Krk viven una tres decenas de especies de anfibios y reptiles.

En las montañas que circundan la zona por el continente, se encuentra un centenar de osos, una treintena de lobos, unos 40 linces, cientos de ciervos, un centenar de rebecos, y muchos otros animales como gatos monteses, chacales, raposas, martas y lutrinos.

Con cientos de hoteles, medio centenar de campings y casi 15.000 alquileres y pensiones privados, los entornos del Golfo de Kvarner forman una de las regiones turísticas más importantes del país.

Es una zona con vestigios de vida salvaje, donde algún que otro oso sigue bajando de los montes en otoño para nadar hasta la muy cercana isla de Krk para disfrutar de su manjar preferido, los higos.

El Instituto “Plavi Svijet” (Mundo Azul, en español) se dedica a proteger a los cetáceos en torno a las islas de Losinj, en cuyas aguas habita una colonia de entre 150-180 delfines mulares.

La foca monje y el delfín mular son los únicos mamíferos marinos residentes en el Adriático norte, después de que en los siglos pasados los pescadores exterminaran a los delfines comunes.

Entre 1995 y 2003, el número de los delfines disminuyó un 40 por ciento en esta zona, pero gracias a medidas de educación y nuevos controles, su población volvió a estabilizarse, aunque los expertos sostienen que sigue siendo bastante vulnerable.

EL RUIDO DESORIENTA A LOS DELFINES.

Un delfín, bautizado como “Bojan” por los biólogos de “Mundo Azul”, es la última víctima de la pesca indiscriminada que sufren estos mamíferos “protegidos”.

A finales de agosto, Bojan fue alcanzado por un arpón, y durante semanas los activistas de “Mundo Azul” solo podían observarle impotente como nadaba con el artefacto en su espalda, sangrando.

“No sabemos cuándo se libró del arpón, pero en septiembre lo vimos nadar ya sin él, aunque con una gran herida en la espalda”, cuenta a Efe Marko Radulovic, un joven biólogo de “Mundo Azul”.

Semanas después, Bojan nadaba y saltaba con un gran grupo de delfines, comportándose como sus compañeros sanos.

Cada uno de los delfines tiene su nombre propio y los biólogos los distinguen desde lejos por sus diferentes aletas, cada una con su peculiar forma, tamaño, manchas y cicatrices.

Pero también los turistas pueden admirar desde cerca el inolvidable espectáculo de los delfines nadando y saltando, si se apuntan a excursiones de avistamiento con guías especializados.

Estos barcos, según cuenta la ecologista Tihana Vucur, de “Mundo Azul”, se atienen a las reglas de comportamiento necesarias, pero no lo hacen así muchos otros barcos pesqueros y turísticos, cuyo número se multiplica por cuatro en verano.

Ya solo el ruido que produce el turismo náutico durante el verano representa un peligro para los delfines.

“El ruido de los barcos y yates desorienta a los delfines, dificulta su comunicación y su caza”, asegura Vucur.

“Se ven obligados a buscar lugares más tranquilos, pero allí tienen menos alimentos, y eso influye negativamente sobre su reproducción”, explica la experta.

Por eso, los miembros de “Mundo Azul” están pensando en pedir la introducción de zonas prohibidas para el turismo náutico.

La industria turística representa un peligro para la biodiversidad de la zona, pero a su vez, son precisamente los turistas los que constituyen una esperanza para estos animales, ya que los delfines se han convertido en una marca turística de las islas de Losinj y muchos visitantes e instituciones extranjeras hacen donaciones mediante la “adopción” de delfines.

Por eso, instituciones como “Mundo Azul” y el Centro de Rehabilitación de las tortugas marinas de Mali Losinj se han convertido en centros educativos y turísticos.

CUATRO RESERVAS ORNITOLÓGICAS.

“El ser humano es un animal guiado por sus intereses mezquinos, de modo que, esta biodiversidad se preservará solo si logramos convertirla en atracción turística, que aporta recursos”, asegura el biólogo Goran Susic, jefe de un centro de protección de aves rapaces cerca de la ciudad costera de Senj.

En el Golfo de Kvarner hay cuatro reservas ornitológicas, en las islas de Krk, Cres, Prvic y Rab, que se encuentran entre zonas ornitológicas más importantes de Europa.

Susic teme por el futuro de las aves después de que el año pasado tuviera que cerrar, ante la presión del sector de la construcción, su anterior centro en la isla de Cres, donde había logrado rehabilitar a decenas de buitres leonados en la isla.

Un nuevo centro se inauguró este otoño con la puesta en libertad de un buitre leonado llamado “Ostro”, capturado en Suecia, donde se había perdido y corría peligro su vida.

“Ostro” fue capturado por ornitólogos en el país escandinavo, a unos 2.000 kilómetros al norte de Croacia, en un establo de ovejas, a donde se había refugiado muy debilitado por el cansancio.

Pudo ser rescatado y transportado finalmente a Croacia, donde bajo la supervisión de Susic ha sido puesto de nuevo en libertad.

Tras salir de su jaula, colocada sobre un gran peñasco de montaña, la rapaz salió volando en dirección al mar y de las cercanas islas donde suelen anidar estas grandes aves.

El buitre lleva puesto un GPS vía satélite, donado por un centro de rehabilitación de aves sueco, por medio del que los biólogos podrán seguir su itinerario.

Pero, a pesar de los esfuerzos de los ecologistas y biólogos croatas, las aves protegidas, como buitres, águilas, halcones y búhos, tienen cada vez más dificultad para encontrar alimentos.

Y es que muchos de estos pájaros mueren por comer restos de raposas u otros animales envenenados por el hombre, por tocar transmisores eléctricos de alta tensión o turbinas eólicas.

Mientras, otros son espantados de sus nidos por amantes del turismo de aventura y deportes peligrosos, un sector turístico que atrae a cada vez más visitantes a las islas y la costa croata. EFE

 

 




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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