SOSTENIBILIDAD GANADERÍA

Ganadería extensiva, clave para la conservación de medio y ecosistema rural

Recurso de archivo. EFE/JOSE ANGEL

La ganadería extensiva es una actividad esencial que durante siglos ha realizado una extensa labor de cuidado y mantenimiento del ecosistema que rodea a las zonas rurales en España, aunque desde hace tiempo el poco relevo generacional parece contarle los días poco a poco.

Los montes y dehesas de Castilla y sus vías pecuarias han sido testigos del paso de generaciones de ganaderos y pastores que hoy en día, pendientes de sus cabras, vacas u ovejas, las continúan sacando del establo o el redil para pastar y las recogen cuando el tiempo no acompañaba o cae la noche.

Sin embargo, actualmente la ganadería se encuentra en el punto de mira de muchas organizaciones que la acusan de ser responsable de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), así como de causar la deforestación de grandes extensiones de monte.

Según el Modelo de Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundial (GLEAM), publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las cadenas de producción ganadera emitieron globalmente un total de 8,1 gigatoneladas de CO2-eq en 2010, cinco de ellas causadas exclusivamente por el ganado bovino.

Para Pedro María Herrera, biólogo e integrante de la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo, los trabajos que hay para evaluar la huella de carbono plantean un problema, ya que “consideran al conjunto de la ganadería como un bloque sin hacer distinciones entre intensivo y extensivo”, según explica en entrevista a EFE.

Alimentación para la ganadería

En esta distinción la materia prima resulta clave para el biólogo, que asevera que la alimentación para la ganadería intensiva consiste principalmente en piensos concentrados cuya composición podría haber sido usada para alimentos humanos (como el maíz, la soja o la melaza), mientras que la extensiva consume en gran medida pastos, que no son admisibles para las personas.

Carlos Mazueco, ganadero bovino cuyos animales se asientan en el municipio burgalés de Mazueco de Lara (aunque él vive en Salas de los Infantes), explica a EFE que cuando sus vacas no comen pastos, las alimentan a base de forraje o grano (en épocas de paridera) que compra a otros agricultores de la zona.

Este es uno de los aspectos que el ganadero de Salas de los Infantes destaca de la ganadería extensiva como herramienta contra el cambio climático, que “se basa en gran medida en el kilómetro cero”, lo que evita emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) por largos trayectos, “se compra al que se tiene más cerca y es un alimento natural”.

Según Pedro María Herrera, la ganadería también contribuye a la fijación de dióxido de carbono (CO2) en los pastos, a los que considera “los suelos más capaces para retirar carbono de la atmósfera”.

Afirma que a través de la ingesta de pastos y de fertilizar el suelo con sus sedimentos, los animales ayudan a que se fortalezca el “sistema radicular” y aumente la cantidad de materia orgánica en el suelo, “que es lo que mide la capacidad de secuestro de carbono”.

Refiriéndose a la vegetación que sirve al ganado de alimento, Herrera explica que “si no se consume, se va acumulando en forma de matorrales y de hierba que se seca”, con lo que aumentaría muchísimo el riesgo de incendios forestales.

Ganadería extensiva

Raquel Mungía, ganadera bovina burgalesa de Palacios de la Sierra, municipio situado en la comarca de Pinares, en la sierra de la Demanda, insiste en entrevista a EFE en la importancia que la ganadería tiene para la prevención de incendios: “aquí somos uno de los pulmones de Europa y prácticamente no hay incendios porque hay mucha tradición de ganadería”.

La Sierra de la Demanda está caracterizada por acoger también a gran cantidad de animales; cuando Raquel sale a pastorear explica que ve convivir a sus vacas con rapaces, ciervos, jabalís, corzos, liebres o tejones, entre otros animales, y que se trata de fauna salvaje que en cierta medida se beneficia de la existencia de la ganadería extensiva.

Sin embargo, lejos de valorarse, la ganadería extensiva “está cayendo poco a poco en el olvido”, al igual que el medio rural al que tanto ayuda la existencia de esta actividad.

José Luis Heras, ganadero ovino de Cubillo del César, en Burgos, relata en entrevista a EFE que en su localidad están censadas dieciséis personas, pero que ahora están viviendo nueve.

Entre las razones de este declive, todos los ganaderos entrevistados coinciden en que se trata de un trabajo “muy sacrificado y muy mal pagado”, debido principalmente a la competencia con productos importados de países cuyos trámites administrativos y sanitarios no son tan fuertes como en España.

Raquel Mungía hace especial énfasis en las pruebas para la tuberculina, a las que considera imprecisas y excesivas, debido a que obliga a matar muchos animales que luego no dan positivo en el matadero.

Pedro María Herrera hace referencia a estos trámites diciendo que en muchas ocasiones están pensados para ganadería intensiva, en la que los animales están más concentrados y el riesgo de transmisión de enfermedades es mucho mayor

Afirma que hay una “carga burocrática excesiva sobre los ganaderos extensivos que hace que al final no les compense competir con carnes producidas industrialmente”.

Para el biólogo, la solución pasa, entre otras cosas, por que los productos de ganadería extensiva se diferencien de los de intensiva y tengan una “etiqueta certificada” que garantice su proveniencia para que se puedan vender a un precio justo. EFEverde

 




Secciones:            
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com