FLORES OLOR

Flores sin aroma, un grupo numeroso que pasa inadvertido

Imagen de un abejorro cerca de una amapola. Archivo EFE/ Robert Ghement

Natalia Molina Íñigo.- EFEverde.- La forma, el color y el olor son los mecanismos más comunes que presentan las plantas para atraer a los polinizadores, sin embargo, hay algunas que no tienen olor como la amapola, el lino blanco, la orquídea o la hortensia, y otras cuyas sustancias solo las perciben los animales.

“Las flores que no poseen perfume son un grupo numeroso, aunque pasan desapercibidas”, asegura a la Agencia EFE en una entrevista el jefe del Departamento de Biodiversidad y Conservación del Real Jardín Botánico-CSIC, Javier Fuertes.

No obstante, otras flores emiten aromas compuestos por sustancias que los humanos “no podemos percibirlos, pero son captados por los sistemas olfatorios de los animales”, explica.

Según Fuertes, el aroma producido por una flor “es una mezcla de muchos, frecuentemente más de 100, compuestos orgánicos volátiles, como si se fabricara una mezcla de esencias en un perfume” y, cuando la flor se abre, “se liberan los aromas”.

La importancia del aroma

El olor, el color y la forma son los mecanismos más comunes que presentan las plantas para atraer a los polinizadores.

Por este motivo las plantas con flores sin aroma suelen compensar esta carencia con “flores muy vistosas y de colores llamativos, como las amapolas, o con formas sugerentes, como las orquídeas”, explica  la directora del Instituto Botánico de Barcelona-CSIC, Teresa Garnatje.

Hay especies silvestres como la planta del lino blanco, cuyas flores presentan ausencia de aroma “desde tiempos históricos”, añade.

flores sin aroma

Imagen de una hortensia. Archivo EFE/Dai Kurokawa

Así, lo atestiguan “expresiones” recogidas por la cultura popular como “maleïda” (maldita en castellano) o “blanca serás, pero virtud no tendrás” que indicaban la creencia de que la falta de olor de sus flores se debía a que “fue castigada por la soberbia de pretender ser más blanca que la Virgen María”.

En otros casos, la “modificación genética” de especies como en  “las hortensias, algunas ranunculáceas, dalias o tulipanes” impide saber si las plantas producían flores sin aroma con anterioridad, recuerda Garnatje.

En la “selección de caracteres” se escoge “el número de pétalos, el tamaño y el color de las flores, pero no el aroma”, de forma que este rasgo se puede “haber perdido durante el proceso de mejora”, añade la directora del Instituto Botánico de Barcelona-CSIC.

Pero hay otros elementos evolutivos desarrollados por algunas especies para atraer la atención de los animales como la iridiscencia, guías en el espectro ultravioleta o movimientos repetitivos característicos con la brisa.

“Incluso la evolución conjunta de las especies de polinizadores ha desembocado en casos como el de las flores de algunas Bignoniáceas, cuya superficie responde a los ultrasonidos emitidos por los murciélagos para que las localicen dentro de la tupida maraña de las copas de las selvas tropicales donde habitan”, señala Fuertes.

Características comunes

No obstante, la falta de aroma está asociada habitualmente a especies donde el transporte del polen se produce por el viento o por las corrientes de agua, por lo que no necesitan atraer a los animales. Esto ha provocado que algunas flores converjan en sus formas, sin estar próximamente emparentadas.

Las flores de los cereales, abedules, hayas o encinas, que recurren a la polinización anemófila, y la poseidonia, que vive debajo de la superficie del mar, poseen características comunes como ser “pequeñas, sin colores vivos ni olor, estar agrupadas en racimos o espigas, y tener largos estigmas para capturar los granos de polen que flotan en el aire o en el agua”, dice Fuertes.

Fuertes expone que cada espiga de trigo, centeno, avena u otro tipo de pasto está formada por flores que, aunque sean de color verde y de tamaño pequeño, “se ahorran toda la inversión en recursos” que algunas plantas polinizadas por insectos “deben destinar para fabricar sus aromas”.

Las flores sin perfume surgen de nuevo en esta primavera de cuarentena por el coronavirus Covid-19 dentro de nuestras casas, y aunque el no poder salir nos priva de poder apreciarlas en directo, su existencia no volverá a pasarnos inadvertida. EFEverde

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