DEFORESTACIÓN BRASIL

Europa consume “bienes de sangre y muerte” de la Amazonía brasileña

Europa amazonía Indígena brasileño protesta contra la explotación del Amazonas. EFE/Marcelo Sayão/ARCHIVO

La soja, la carne o el aceite de palma que se consumen en Europa procedentes de Brasil pueden denominarse “bienes de sangre o de muerte”, porque se obtienen a costa de “la vida de pueblos indígenas y sus territorios”, asegura José Gilberto de Souza, profesor de la Universidad UNESP-Río Claro.

“El señor (Jair) Bolsonaro, a quien me niego a llamar Presidente porque no representa un liderazgo, pero es un embustero, ha estado desmantelando las estructuras estatales y restringiendo los sistemas de control social y permitiendo las acciones de grandes grupos económicos en todo el territorio que promueven la deforestación y la persecución”, explica De Souza a EFEverde.

Desaparición de ecosistemas

Imagen de uso editorial del fotodocumentalista Xosé Abad, impulsor de la Red Acampa. La casa de Geraldo fue arrasada cinco veces, pero su resiliencia está testada. Construye su techo por sexta vez. Como la Sra. Sanerçu que ya va por la quinta barraca. EFE

 

El profesor participa este jueves en el encuentro virtual simultáneo España, Portugal y Brasil sobre los “Pueblos Indígenas, resistencia más allá de la Amazonía”, organizado por la Red Acampa de Galicia, y en el que hablará también la abogada y activista indígena Fernanda Kaingáng, y será moderado por el periodista Rubén Sánchez.

A pesar de que en Europa lo que más preocupa es la destrucción de la Amazonía y los pueblos que la habitan, en Brasil están desapareciendo “a gran escala ecosistemas enteros” con la expulsión de las comunidades que habitan esos territorios, como sucede en el Mato Grosso do Sul o en la mata atlántica del Río Grande do Sul, según Acampa.

“Este proceso ha sido impulsado por su discurso de persecución y muerte a los pueblos nativos y todos los segmentos sociales que carecen de protección social (quilombolas, mujeres, activistas ambientales, entre otros). Los pueblos originales ven este proceso como un claro terror genocida”, sostiene De Souza.

Según el profesor de la universidad de Sao Paulo, “las empresas deberían estar sujetas a las normas de la OMC y la OIT, entre otros foros mundiales de control social”.

Dumping ambiental y social

Subraya que estos organismos se preocupan por los valores de los bienes y no por sus externalidades negativas, mucho menos por lo que llamamos “dumping ambiental” y, sobre todo, “dumping social”, relacionado, éste último, con “el trabajo esclavo y los delitos de violencia y genocidio, que se ha producido desde hace 500 años”.

 

Imagen de uso editorial del fotodocumentalista Xosé Abad, impulsor de la Red Acampa, de indígenas Ashaninkas, en la Selva Central de Perú. EFE

 

Por su parte, Fernanda Kaingáng, asegura a EFEverde que “es muy importante” que los consumidores en todo el mundo “sean más exigentes” respecto a la procedencia del producto, sobre el cumplimiento de las leyes ambientales, de derechos humanos y de los trabajadores.

“¡Es muy fácil verificar si una empresa es ética y ambientalmente correcta usando un clic en internet! Hay que apoyar las buenas prácticas y el comercio justo”, sostiene la activista indígena.

Es necesario y urgente, un “cambio en los protocolos de importación de productos brasileños por parte de las organizaciones internacionales para productos como minerales de hierro, soja, maíz, entre otros muchos, que pueden “llamarse necrocomercio, bienes de muerte, porque así es como están y están llenos de sangre”, asevera Gilberto de Souza.

Kaingáng coincide con De Souza en que muchos de los productos que se consumen en Europa y en el resto del mundo, se producen en Brasil en muchos casos con “trabajo similar a la esclavitud” y financiando la “invasión de territorios y el genocidio”.

Las empresas tratan a sus trabajadores de “forma inhumana”, asegura Kaingáng, y explica que durante la pandemia la JBS, una gigante multinacional, “echó colectivamente a 40 trabajadores indígenas para no tener que cumplir con las leyes nacionales que obligaban a la empresa a apartar a los trabajadores indígenas sin perjuicio de sus sueldos”.

Según De Souza, otro ejemplo es “la mega daga instalada en el río Tapajós para extraer diamantes y oro que pertenece al empresario israelí Leo Steiner y se encuentra en la Tierra Indígena (TI) Sawré Muybu, del grupo étnico Mundurucu”.

 

Imagen de uso editorial del fotodocumentalista Xosé Abad, impulsor de la Red Acampa. EFE

 

Protección de los indígenas

Los dos participantes en el foro de la Red Acampa coinciden asimismo en que es fundamental reconocer y afirmar los derechos de los pueblos indígenas y sus territorios, “las áres biodiversas mejor preservadas” del planeta gracias a sus conocimientos ancestrales.

“El principio de la no reducción de derechos y el respeto a la libre determinación de los Pueblos Indígenas deben ser una realidad, una práctica y no apenas leyes y acuerdos no cumplidos por sus firmatarios, o ni siquiera discursos que el viento se lleva”, afirma Kaingáng.

De Souza asegura que en Brasil se necesita “una revolución social y cultural. Existe un proyecto claro de producción ideológica en el gobierno de Bolsonaro, y de esta manera una de las mayores batallas de su Gobierno se está llevando a cabo contra las universidades, los intelectuales y la cultura. En los últimos años, todos los recursos en Humanidades han sido retirados y/o reducidos”.

La organización de esta actividad online es un trabajo conjunto de Acampa Galicia, Acampa Madrid,  Acampa Brasil (Piracicaba) y Acampa Portugal (Lisboa).

Es la primera actividad de la red Acampa pola Paz e o Dereito a Refuxio en la “nueva normalidad”, después de que la pandemia obligara a los responsables a aplazar el Encuentro Internacional anual en la ciudad de A Coruña, cuyas actividades giran alrededor de un campo simbólico de personas refugiadas (Jardines de Méndez Núñez), que se iba a celebrar a mediados del pasado mes de junio.  EFEverde

 

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