ESPECIAL CAMBIO CLIMÁTICO

¿Cómo se prepara España ante el cambio climático?

¿Cómo se prepara España ante el cambio climático?

España, un país muy vulnerable al cambio climático por su situación geográfica y condiciones socioeconómicas, ha aprobado un plan nacional que contempla las posibilidades de adaptación de sus sistemas naturales y humanos, e identifica los sectores más frágiles a sus impactos.

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático incorpora el reto de la mitigación -frenando la emisión de los gases de efecto invernadero- y de la adaptación, es decir, minimizando los riesgos derivados del cambio climático.

Ambos tipos de respuesta están muy vinculados: las posibilidades de adaptación dependerán del grado de cambio, y éste, por su lado, del éxito de las políticas de mitigación, que condicionarán las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Entre los sectores más expuestos figuran los recursos hídricos, bosques, agricultura, costas, montañas, transporte, salud, turismo, urbanismo y construcción.

El cambio climático en España se expresará con una tendencia al aumento de temperatura y a la reducción de la precipitación, con reducciones de hasta un 22 % para los escenarios de final de siglo.

En respuesta a ello, se trabaja en el diseño de modelos fiables de todos los aspectos del ciclo hidrológico, incluidos los eventos extremos, y en escenarios hidrológicos a sectores muy dependientes del agua (energía, agricultura, turismo, etc).

En cuanto a los bosques, la fisiología de las especies se va a ver muy afectada; la disminución de la reserva de agua en el suelo será un factor de estrés hídrico y hará disminuir la densidad del arbolado y, en casos extremos, a su sustitución por matorral; habrá más riesgo de incendios, de plagas y de enfermedades forestales.

Las líneas de trabajo en este caso se encaminan a estudiar la respuesta de la vegetación a situaciones adversas (sequía, fuego etc.), a la puesta a punto de un sistema de vigilancia y alerta temprana y a la evaluación de la biomasa subterránea y aérea de las especies y sistemas forestales españoles.

En cuanto al sector agrícola, los efectos no serán uniformes: en algunas regiones españolas serán negativos, en otras pueden ser incluso beneficioso.

En este sentido, se trabajará en el desarrollo de modelos de simulación de respuesta de los diferentes cultivos bajo distintos escenarios climáticos regionales; se realizarán cartografías de riesgo para las diversas parasitosis, y se analizarán las demandas de riego bajo distintos escenarios climáticos, entre otras actuaciones.

Por otro lado, los principales problemas en las zonas costeras se relacionan con los previsibles cambios en la dinámica costera así como con el ascenso en el nivel medio del mar.

Considerando subidas de un máximo de 0,5 metros, las zonas más amenazadas en las costas bajas se localizan en el delta del Ebro y Llobregat, Manga del Mar Menor, lagunas del Cabo de Gata, Golfo de Cádiz o Doñana.

Otra región afectada sería el Cantábrico oriental, con un 40 % de playas bajo riesgo de inundación.

En consecuencia, se pondrán en marcha sistemas de seguimiento y toma de datos sistemática; una cartografía de la vulnerabilidad de la costa española frente al ascenso del nivel del mar, y la evaluación de las estrategias de abandono y retroceso, o de protección, frente a distintos escenarios de ascenso del nivel del mar.

Por otro lado, el sector del transporte no parece verse muy afectado por el aumento de las temperaturas, aunque sí por los cambios en el régimen de precipitaciones, vientos o nieblas, por lo que podría ser necesario introducir modificaciones en las obras de infraestructura: puentes, pistas para aviones, etc.

Las principales afecciones previstas en el sector de la industria y la energía se relacionan con la reducción de la capacidad de generación de energía hidráulica, afecciones al funcionamiento de centrales térmicas y nucleares refrigeradas en circuito abierto y disminución del aporte de la biomasa.

La energía solar, por su parte, se verá beneficiada por el incremento de horas de insolación, mientras que el aumento de episodios de viento fuerte podría traducirse en la subida del potencial eólico.

En consecuencia, se evaluará el efecto del cambio climático sobre la demanda de energía por regiones y por sectores económicos, y se hará una radiografía de las potencialidades climáticas (positivas y negativas) para la producción de las renovables bajo distintos escenarios de cambio climático.   EFEverde, especial cambio climático COP19 de Varsovia
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