MARRUECOS JARDINERÍA

Una escuela de jardinería en Marruecos forma a los jóvenes para encontrar trabajo

La escuela de jardinería Bouregreg Med-O-Medla, EFE/ Javier Otazu

Una escuela de jardinería, la primera en Marruecos y el sur del Mediterráneo, ayuda a jóvenes procedentes de barrios pobres y con bajo nivel educativo a formarse para acabar trabajando en algunos de los entornos más lujosos de su país.

La Escuela de Jardinería Bouregreg Med-O-Med tiene además la particularidad de que ha sido creada en un deslave donde antes estaba el basurero de Oulja, un vertedero ilegal en la periferia este de Salé, la ciudad gemela de Rabat separada de ella por el río Bouregreg.

Alumnos entre los más pobres

Un total de noventa estudiantes, la cuarta parte de ellos mujeres, estudian actualmente en los tres primeros cursos que imparte esta escuela.

Procedentes principalmente de barrios marginales o chabolas de las periferias de Rabat, Salé, Temara y Kenitra, su edad no constituye un impedimento porque a la escuela pueden optar personas de hasta 40 años.

Pero eso sí, todos deben cumplir el requisito indispensable del riesgo social, explicó a EFEverde la directora de la escuela, la española ToaTorán Romero.

“Se les exige que sepan leer y escribir, es decir, que tengan un nivel mínimo de cuarto de primaria, aunque durante la formación se les da también clases de lengua árabe, francés y español”, subrayó Romero, que cuenta que la selección rigurosa que establecen y la buena fama de la escuela hace que tengan largas listas de espera de posibles alumnos.

Los responsables del proyecto defienden la calidad de la formación ofrecida, con profesores traídos desde España y con una enseñanza que combina lo teórico y lo práctico, reconocida por el sistema educativo marroquí.

Pero al tratarse de unos alumnos procedentes de condición muy modesta, la escuela les ayuda proveyéndoles de la comida y el transporte, gracias a la colaboración de una empresa de autobuses que les deja viajar gratis en sus trayectos escolares.

Antes incluso de obtener su diploma de “jardinero cualificado”, esos jóvenes ya consiguen abrirse paso en el mundo profesional y acceder a entornos de lujo, como embajadas y mansiones privadas donde jamás soñaron poner el pie.

“Ya a partir del primer curso, se nos solicita los servicios de nuestros estudiantes en los jardines de misiones diplomáticas, chalets y hoteles”, cuenta a EFEverde Inés Eléxpuru, directora de comunicación en la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI), organismo titular del proyecto junto a la marroquí Agencia de Ordenación del Valle de Bouregreg (promotora de varios proyectos en las inmediaciones del río).

Imane, estudiante del segundo curso de jardinería, cuenta a EFEverde que ya ha empezado a ganar algún dinero con encargos para el cuidado de jardines privados en barrios acomodados.

“Es una profesión que me llena de alegría, es milagroso ver cómo estamos dando vida a las plantas”, señala contenta mientras monta su pulverizador de agua.

En un rincón con sombra en el extenso espacio de la escuela, Imane y otros estudiantes, todos con su uniforme verde y su sombrero de paja, con sus bolígrafos y cuadernos en mano, escuchan detenidamente las explicaciones de su profesora Lucía Aloise sobre cómo fumigar y desinfectar a las plantas con métodos orgánicos para mantener a raya los parásitos y plagas.

“No, así no. Ahora sí, aléjate un poco e intenta dispersar la pulverización para que caiga sobre todas las hojas”, se oye desde el otro lado del jardín a Mustafa Belharcha, otro profesor de la escuela, mientras aconseja a otros estudiantes en práctica.

Vocación medioambiental

Construida sobre una superficie de ocho hectáreas a unos 20 kilómetros al este de Rabat, la escuela se ha creado en torno a un edificio realizado enteramente en adobe, según técnicas tradicionales que ya empiezan a estar en desuso en la arquitectura moderna en Marruecos.

El estudio de arquitectura Mangera Yvars ha llenado el edificio de líneas curvas en una sola planta cerrada por un techo enteramente plano, con grandes ventanales y alimentado con energía solar, un edificio muy original que ha merecido menciones en un concurso internacional.

El edificio está rodeado de un enorme jardín en las que abundan las típicas plantas mediterráneas, ya sean aromáticas -laurel, tomillo, romero, albahaca- o árboles frutales, como granados o cítricos. La escuela se propone además recuperar algunas plantas de la zona ahora olvidadas.

Al pie del barrio popular de Salé llamado Kariat Oulad Moussa, esta escuela tiene la peculiaridad de estar construida en un lateral del vertedero de Oulja, que gracias al proyecto fue rehabilitado en los últimos años.

Y para garantizar la continuidad del proyecto, Eléxpuru detalla que se han ideado dentro del complejo varias actividades que sean generadoras de ingresos: un restaurante que acaba de abrirse al público, talleres de pago de iniciación a la jardinería, cursos para profesionales del sector y la próxima apertura de una tienda que venderá las plantas y semillas que serán cultivadas en el mismo vivero de la escuela por sus propios estudiantes. EFEverde




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