HORA DEL PLANETA

Es la hora de unirnos por el planeta. Por: Mariana Panuncio*

  • La Hora del Planeta debe ser las 24 horas del día los 365 días del año

Es la hora de unirnos por el planeta. Por: Mariana Panuncio* Archivo EFEverde

Por: Mariana Panuncio* para EFEverde.- Hace veinte años nadie hubiese imaginado que 400,000 personas marcharían en Nueva York para exigirle a sus líderes tomar acciones frente al cambio climático. Tampoco que los estudiantes de Harvard, Yale, Oxford y de decenas de universidades del mundo, le pedirían a sus instituciones abstenerse de invertir en petróleo, gas y carbón. Mucho menos que la fundación Rockefeller, la prestigiosa organización filantrópica de la multimillonaria familia petrolera declararía públicamente que dejaría de invertir en combustibles fósiles.

Estos tres casos, entre muchos, demuestran que la sociedad civil quiere que se tomen acciones ambiciosas frente al cambio climático y que quiere ser parte de la solución. ¿Qué tiene que hacer para lograrlo?

Mañana, por ejemplo, se apagarán cientos de monumentos icónicos, miles de edificios y millones de hogares durante la Hora del Planeta. Esta campaña, que se volvió famosa por su llamado a apagar la luz, ha concientizado masas sobre la amenaza del calentamiento global y la importancia de reducir el consumo energético. Y aunque es un primer paso, se necesita mucho más de una hora para que la sociedad realmente le haga frente al cambio climático.

La Hora del Planeta debe ser las 24 horas del día los 365 días del año. Diariamente, los ciudadanos se enfrentan con pequeñas decisiones que pueden radicalmente aumentar o disminuir su huella de carbono. Si el cambio climático se vuelve un criterio de decisión, fácilmente pueden cambiar sus hábitos de consumo por unos más eficientes energéticamente y más responsables ecológicamente. Es un segundo paso.

Pero para realmente incidir y dar el tercer y último paso, la ciudadanía no puede ser ajena a los procesos gubernamentales. Y mucho menos este año que será histórico en las negociaciones del clima. A finales de 2015, se adoptará un nuevo acuerdo universal de cambio climático en París, que empezará a regir en 2020 y reemplazará al protocolo de Kioto. Lo que se acuerde en Francia tendrá implicaciones en la apuesta de desarrollo de todos los países del mundo e impactará a ésta y a las futuras generaciones.

En el transcurso del año, los países deben anunciarle al mundo cuáles son sus contribuciones nacionales. Es decir, poner sobre la mesa qué tantas emisiones pueden reducir, cuáles son sus planes para enfrentar los impactos del cambio climático y, en el caso de los países desarrollados, cuánto pueden contribuir para apoyar los esfuerzos de los países en vías de desarrollo de tal manera que, entre todos, hagamos lo suficiente. Si la propuesta de todos los países es suficientemente ambiciosa, podríamos mantenernos en un límite de calentamiento seguro. Si no lo son, podríamos entrar en un desajuste climático de consecuencias graves e irreversibles.

Y por eso, la sociedad civil tiene que participar activamente en el proceso, no puede mantenerse al margen ni silenciar su voz. A nivel nacional, debe incidir en los espacios de participación y a nivel global, movilizarse para exigir a sus líderes un acuerdo que vaya acorde con el principio de equidad y con lo que dice la ciencia.

No es lo mismo un proceso meramente gubernamental que uno acompañado por la sociedad. Cuando las personas se unen, organizan y movilizan en torno a una misma causa su poder es impresionante. No olvidemos que a lo largo de la historia han sido los movimientos civiles los que han cambiado ideologías y prácticas que parecían indestructibles.

Y eso sucede hoy en día: cambiar una economía atada a los combustibles fósiles por una que le apueste a las energías renovables parece una odisea, pero no lo es. Es técnica y financieramente posible encaminarnos a un desarrollo 100% renovable para 2050. Este año, Costa Rica, por ejemplo, ha logrado generar toda su electricidad a base de renovables (80% hidroeléctrica y 20% eólica y geotérmica). Claro, se necesita voluntad política para que exista un marco normativo e incentivos económicos que lo faciliten. Y, sobre todo, una sociedad civil que lo exija. La voz de las personas unidas es la única lo suficientemente poderosa para lograr una revolución energética que nos encamine a un desarrollo sostenible.

Hacerle frente al cambio climático sin la sociedad civil es imposible. Se necesita un movimiento climático empoderado y fuerte que logre estos cambios inimaginables. Y se necesita hoy pues el tiempo corre y las emisiones aumentan. Barak Obama lo puso de forma contundente y sencilla: “somos la primera generación que siente los impactos del cambio climático y la última que tiene el poder para revertirlo.” Es la hora de unirnos por nosotros, de unirnos por el planeta.

Mariana Panuncio es directora del programa de cambio climático de WWF para Latinoamérica y el Caribe.

 




Secciones: