BIODIVERSIDAD TORTUGAS

Un equipo científico sigue vía satélite a las tortugas bobas para protegerlas

  • El objetivo final de este trabajo es comprender el comportamiento de esta especie, que está en peligro de extinción, durante la mayor parte de su vida, y no solo cuando son adultas.

Un equipo científico sigue vía satélite a las tortugas bobas para protegerlas Fotografía facilitada por el CSIC de una tortuga boba (Caretta caretta) marcada con un dispositivo

Investigadores del Campus de Gandia de la Universidad Politécnica de Valencia colaboran con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en un proyecto para el seguimiento vía satélite de cuatro tortugas boba, con el fin de establecer estrategias de planificación marina para su protección.

El objetivo final de este trabajo es comprender el comportamiento de esta especie, que está en peligro de extinción, durante la mayor parte de su vida, y no solo cuando son adultas.

El equipo de la UPV es pionero en el seguimiento vía satélite de tortugas menores de un año en el Mediterráneo y son muy escasos los estudios de este tipo en el mundo, han indicado a EFE fuentes de la Universidad.

Según Eduardo Belda, responsable del proyecto en el Campus de Gandia y encargado del marcado de las tortugas, los principales riesgos a los que se enfrentan los tortugas en el Mediterráneo son, en sus primeros meses, la depredación de peces y aves.

Durante toda su vida sufren también problemas de origen humano, como la pesca involuntaria o los plásticos, que las tortugas ingieren al confundirlos con medusas, así como los efectos del cambio climático.

Los datos recogidos serán analizados en la tesis doctoral de la investigadora Sara Abalo, titulada en el Máster en Evaluación y Seguimiento Ambiental de Ecosistemas Marinos y Costeros que imparte la UPV en Gandia y que colabora con el equipo de Eduardo Belda.

En su tesis, titulada “Distribución y uso del hábitat de la tortuga boba en el Mediterráneo: implicaciones para la estrategia de planificación marina”, estudiará el comportamiento de las tortugas jóvenes en el Mediterráneo.

Así, evaluará parámetros como dónde se dispersan y en qué fechas, o dónde se alimentan y se reproducen, con el objetivo de poder planificar la gestión marina, en lo referido a la colaboración con los pescadores o los usos de ciertas áreas marinas.

También colabora en el proyecto Antonio Febrer, que está analizando datos para su Trabajo Final del mismo Máster de Ecosistemas Marinos y Costeros.

En este estudio, además de la UPV y el CSIC, participan la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía; el GEGMA de Algeciras; el Acuario de Sevilla y la Universitat de València.

En marzo de 2015 el equipo de Eduardo Belda probó su sistema de seguimiento para tortugas boba con un ejemplar bautizado como ‘Tortuga Lola’, cuyos desplazamientos pudieron seguirse a través de una página web y por la red social Twitter con la etiqueta #TortugaLola.

En septiembre de 2015, tras el éxito del sistema con la tortuga Lola, el equipo de Belda marcó diversas tortugas de un año y las soltó en Elche.

Esta iniciativa se llevó a cabo en colaboración con la Generalitat, la Universitat de València, l’Oceanogràfic y la ONG Xaloc, lo que permitió estudiar por primera vez las rutas de dispersión y el hábitat que usan tortugas bobas tan jóvenes nacidas en las costas del Mediterráneo.

Belda explica que el cambio climático es otro de los peligros que acecha a las tortugas boba, pues “un ligero aumento del nivel del mar podría significar la inundación de zonas de puesta y la consiguiente muerte de los huevos, y un aumento de temperatura podría conllevar el nacimiento de más hembras’.

Aunque sin demostrar, otra consecuencia podría ser, indica el científico Belda, la nidificación que se están produciendo en la costa española del Mediterráneo y que no se detectaba desde 1870.

“Desde 2001 se han encontrado unos diez nidos de tortugas boba y, desde hace tres años, cada año se halla alguno”, explica el investigador, para quien es necesario estudiar la viabilidad de las tortugas que nazcan en las costas españolas, donde el mar es frío en invierno y por debajo de 15 grados los ejemplares pueden morir.

Belda, que tiene una extensa trayectoria en el marcado de diferentes especies de animales en peligro de extinción, aves y especies marinas, utiliza para marcar las tortugas marcadores ligeros, de 18 gramos de peso, que funcionan con energía solar. EFE




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