Fotografía de archivo. EFE/Andrés Cristaldo Benítez
HUERTOS URBANOS

Marc Casabosch (divulgador): una hortaliza «ecológica» no debería viajar miles de kilómetros

Esta reflexión ha sido planteada a Efe por el escritor y divulgador ambiental Marc Casabosch, quien opina que «si se reflejase la huella de carbono de los productos en su envase, muchos de ellos perderían el sello ecológico».

[box type=»shadow» ]Y es que la catalogación sostenible «planteada por el mercado» hasta ahora «rompe con las normas» de lo que Casabosch define como «agroecología», una práctica dirigida a conseguir productos no solo ecológicos, «sino también locales, de temporada y socialmente justos», ha indicado.[/box]

El autor acaba de publicar ‘Cultivando la vida’, una guía de horticultura para los 365 días del año, planteada mes a mes y por zonas del territorio nacional.

Cultivar como «acto político»

Este manual conjuga consejos prácticos con fragmentos «más reflexivos y literarios», según señala el catalán, que adentran al lector en la agricultura como «algo más» que una actividad de subsistencia; esta práctica es prácticamente, en su opinión, un «acto político» hoy en día.

Ya no se cultiva por necesidad», explica, debido al acceso generalizado a los alimentos, por lo que esta actividad responde a un acto de «reivindicación», para conectar con el entorno y rehuír las «comodidades» que ofrecen las grandes superficies.

Una «forma de empoderamiento silencioso», que además «cada uno puede llevar a cabo en su medida y espacio»: desde el marco de una ventana, pasando por patios de luces, balcones o jardines, hasta huertos comunitarios, lugares donde «tejer nuevas redes» vecinales y de comunicación dentro de las propias ciudades.

El autor del libro ‘Cultivando la vida’, Marc Casabosch. © Jordi Play

Mitos sobre el cultivo

Aún así, «siguen existiendo muchos mitos sobre el cultivo» en las ciudades, por ejemplo, en relación con el nivel de dificultad o la cantidad de trabajo y tiempo requeridos.

Ante esto, el autor defiende la necesidad de cambiar el enfoque de esta actividad hacia «un arte o un ‘hobby’, más que un trabajo» ya que un huerto «tenga el tamaño que tenga, no tiene por que ser un incordio» sino «una actividad que acompañe a uno en el día a día».

Paciencia, creatividad y observación

Casabosch enumera la paciencia y la creatividad como algunos de los atributos más valiosos en esta labor, además de la «capacidad de observar» y «leer el paisaje que rodea a uno», una virtud cada vez «menos presente» en la «alienante» sociedad moderna.

La observación del entorno permite detectar dinámicas como las temporadas de cosecha, así como rescatar semillas y plantas salvajes del entramado urbano o hallar recursos útiles como las hojas caídas de los árboles, que pueden servir como «acolchado» o protección para el cultivo.

[box type=»shadow» ]También implica la reutilización de «todo aquello a nuestro alcance», como envases de yogur, hueveras, palés, bidones, tarros de conservas o cajas que hacen la función de semilleros, jardineras o depósitos en esta disciplina a la que «cada vez se suma más gente» pero «ha de ser promovida desde las administraciones», por ejemplo, a través de la creación de huertos públicos en parques y jardines.[/box]

Otra institución importante en el fomento de esta práctica es la escuela, si bien el autor considera que el esfuerzo educativo debe ir de la mano con el contexto familiar: «no tiene sentido hacer un huerto en la escuela y luego hacer la compra familiar en el supermercado», ha advertido.

En definitiva, todos los esfuerzos por reconectar con el entorno a través del cultivo han de conjugarse, a juicio de Casabosch, como parte de un «cambio global».