DESARROLLO SOSTENIBLE

Empresas españolas usan residuos “de proximidad” para mobiliario urbano

Una persona lee tumbado en un banco del parque Las Américas, en la ciudad de Mérida (México). Una hombre lee tumbado en un banco. EFE/Cuauhtémoc Moreno

Redes de pesca, latas de refresco, neumáticos usados e incluso cabinas de telesilla se transforman en bancos, papeleras o cuadros eléctricos sostenibles para entornos urbanos gracias a empresas españolas que han aprendido a usar los residuos “de proximidad”.

Así, los desperdicios generados por las actividades industriales cercanas a las grandes ciudades pueden reutilizarse en éstas, “potenciando el ahorro energético y minimizando la contaminación” sin necesidad de “perjudicar la estética”, ha explicado a Efe el presidente de Mobiliario Sostenible, Vicente Guio.

Esta empresa manchega está especializada en la fabricación de elementos habituales en las ciudades como bancos, papeleras y bolardos, usando para ello “materias primas de nuestra zona“, un enfoque de proximidad con el que pretenden que “las generaciones del futuro no sean esclavas del medioambiente que han heredado”.

Neumáticos fuera de uso

Una de sus opciones sostenibles es “el banco hoja”, fabricado íntegramente “con picado de rueda de neumáticos fuera de uso procedente de una empresa de Toledo”, que tiene forma de rama con cuatro hojas a modo de asientos.

La compañía también ha diseñado prototipos obtenidos con el material facilitado por una chatarrería de Valdepeñas (Ciudad Real) que “nos proporciona paquetes de chatarra floja, de poco espesor, con los cuales fabricamos cubos a los que añadimos un asiento construido con neumáticos reciclados”.

Madera de talas controladas

La madera empleada en la fabricación de sus bancos procede “en un 90 % de talas controladas con sello FSC” para evitar el uso de maderas tropicales pues su compra “contribuye a la deforestación de esos bosques” además de ser “más densas y difíciles de manipular”.

Guio reconoce que los productos fabricados en China suponen una opción “más barata para la administración pública“, como demuestra el hecho de que “la mayoría de elementos de mobiliario urbano de nuestras ciudades lo son“.

Sin embargo, pide a “los Gobiernos que se fijen más en los fabricantes locales sostenibles como nosotros” que no sólo trabajan “con una perspectiva de diseño atractivo” sino que, además de reciclar, elaboran artículos “pensados para a su vez ser reciclados al final de su vida útil”.

Mobiliario urbano sostenible

Iago Martínez, el gerente de Edigal, otra empresa española especializada en el sector, también lamenta que “casi todas las piezas de mobiliario urbano se fabriquen con material muy barato procedente de Asia” ya que, además de la huella de carbono que implica el transporte de estos productos desde tan lejos “cada euro que la administración pública invierte en este tipo de elementos, tiene una mínima repercusión en el ámbito local“.

Precisamente para minimizar la huella de carbono de los cuadros eléctricos, bancos con puntos de recarga, semáforos y balizas de señalización que fabrica esta compañía gallega, Martínez explica que recicla “materiales de segunda vida” como redes de pesca, acero de barcos que van a desguace o aluminio de latas de refresco, obtenidos “en un radio de 90 kilómetros” de sus instalaciones.

También reaprovechan elementos ya existentes como “cabinas de telesilla” del Pirineo aragonés o “nasas marisqueras de los pueblos del litoral gallego” para transformarlos en bancos.

Cuadros eléctricos 

Los cuadros eléctricos, centros de mando que gobiernan los encendidos, apagados y la regulación luminosa urbana, “se fabrican normalmente con un reactivo químico, el estireno, un material que no sólo es imposible de reciclar sino que además resulta altamente perjudicial para la salud del medioambiente y de los trabajadores”.

Por ello, “elaboramos los cuadros eléctricos con residuos plásticos procedentes de los puertos pesqueros, lo que otorga una segunda vida a elementos que, si no, acabarían en el océano”.

Edigal ha desplegado su mobiliario urbano “en casi todas las capitales de provincia españolas”, según Martínez, con Vigo como principal escaparate, pero “también estamos en Salamanca, Zaragoza o localidades más pequeñas como las pontevedresas Villagarcía de Arosa y Puentecandelas”. EFEverde




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