FILIPINAS CICLÓN HAIYÁN

El tifón Haiyán “nos ha abierto los ojos”, dice el alcalde de Tacloban

El tifón Haiyán

Seis meses después de que el tifón Haiyán, considerada la mayor tormenta de la historia, arrasara por completo la ciudad filipina de Tacloban, su alcalde, Alfred Romualdez, asegura que la trágica experiencia les ha "abierto los ojos".

“En realidad esto es bueno, nos ha abierto los ojos para ver que tenemos que cambiar nuestro estilo de vida”, explica Romualdez en su despacho del Ayuntamiento de Tacloban, en el este de Filipinas. “Y eso es lo que estamos intentando que entienda la gente”, remata.

Durante la entrevista, ofrecida a varios medios, entre ellos Efe, el primer edil subraya que los residentes de Tacloban tienen que aprender a estar “pendientes de las predicciones del tiempo y anticiparse a ellas”.

“No se trata simplemente de reconstruir nuestros edificios, sino de transformar nuestras costumbres”, apunta Romualdez, desde cuya oficina se puede ver, a unos 50 metros, el descampado en el que se acumularon cientos de cadáveres, una de las morgues que las autoridades tuvieron que improvisar tras el paso de Haiyán.

Respeto a los tifones

Supervivientes del tifón descansan en una iglesia, tomada como refugio, en Tacloban (Filipinas) seis días después del paso del tifón.

Supervivientes del tifón descansan en una iglesia, tomada como refugio, en Tacloban (Filipinas) seis días después del paso del tifón. EFE/Mast Irham

Lo que sí han aprendido ya, afirma, es a ser más cautos y tenerle más respeto a los tifones, un fenómeno atmosférico al que los filipinos están demasiado acostumbrados, puesto que se repite al menos una veintena de veces al año en el archipiélago.

“Ahora se dan cuenta de que quedándose en sus casas arriesgan su vida, así que dos días antes de que llegue un tifón, evacuaremos”, añade.

El político, que forma parte de una de las familias más poderosas de Filipinas, destaca la recuperación de Tacloban, donde murieron unas 2.900 de las 6.300 víctimas que dejó el tifón, y afirma tajante que en un año la ciudad volverá a ser lo que era.

“En dos o tres años más, incluso estaremos mejor que cuando vino Yolanda (el nombre local que se le dio en Filipinas a Haiyán)”, augura amable y sonriente.

Seis meses después

En seis meses, autoridades y organizaciones no gubernamentales han trabajado en la recuperación de Tacloban, donde se ha retirado la práctica totalidad de los millones de toneladas de escombros que cubrieron la ciudad y el 40 por ciento de los comercios han vuelto a abrir, según los datos de Romualdez.

Sin embargo, el alcalde se queja de la falta de ayuda del Gobierno filipino que, según dice, da prioridad a la reparación de edificios gubernamentales frente a la construcción de viviendas para las miles de personas que se quedaron sin hogar.

“Lo único que nos ha dado el Gobierno Nacional son fondos para arreglar los edificios gubernamentales, y ya está”, señala en su crítica a la gestión del desastre por parte del presidente filipino, Benigno Aquino.

“Nuestros edificios pueden esperar, pero la gente es lo que me preocupa”, recalca.

¿Reconstruir con los mismos materiales?

Muchos de los afectados han tenido que volver a lo poco que quedó de sus hogares, situados en zonas consideradas de alto riesgo por su cercanía a la costa, y reconstruirlas con madera, hojalata o bambú trenzado ya que las viviendas temporales construidas no son suficientes.

Esto es precisamente lo que el Gobierno dijo que quería evitar cuando se supo cómo había quedado Tacloban tras el embiste del tifón más potente de la historia: reconstruir en los mismos lugares con los mismos materiales.

Pero Romualdez se resigna, y dice que de momento no se puede hacer otra cosa.

“Los afectados están reconstruyendo en la misma zona porque no les podemos echar a la calle, y aun no se han construido viviendas permanentes a las que transferirles”.

Tiendas de campaña en un cnetro montado para los supervivientes del tifón Haiyán, en Tacloban, en noviembre de 2013

Tiendas de campaña en un cnetro montado para los supervivientes del tifón Haiyán, en Tacloban, en noviembre de 2013. EFE/FRANCIS R. MALASIG

Chabolas y tiendas de campaña

El alcalde asegura entender perfectamente la situación desesperada en la que se encuentran los miles de ciudadanos de Tacloban que aun viven en chabolas o tiendas de campaña, muchos de los cuales, además de sus hogares, también perdieron su medio de subsistencia.

“Yo soy un padre de familia. Si mis hijos no están a salvo, ¿cómo voy a poder salir a buscar trabajo? No me sentiría cómodo dejándolos ahí, en una tienda de campaña, porque no son seguras”, exclama.

Por eso, dice, se ha planificado la construcción de un barrio nuevo “en una zona extremadamente segura” situado a unos 9 o 10 kilómetros al norte de Tacloban en el que edificarán viviendas para unas 70.000 personas además de colegios, centros comerciales y clínicas.

“No puedo dar una fecha porque son varias ONG y agencias de la ONU las encargadas del proyecto, pero les trasladaremos en cuanto sea posible, porque su seguridad es lo que más nos preocupa”, dice Romualdez.

“Ahora mismo, para los afectados, quedarse en esa costa es como vivir en medio de una autopista, porque puede venir una tormenta en cualquier momento y llevárselo todo por delante”. EFEverde




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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