NEPAL TERREMOTO

El rostro de las víctimas del terremoto lucha por salir adelante

  • Kaaji Bogati recordó, como todos los días, intentando salir adelante, la fecha del 25 de abril en la que un terremoto destruyó Nepal.

El rostro de las víctimas del terremoto lucha por salir adelante Kaaji Bogati (i), de 51 años, y su mujer, Ganga Maya Bogati (d). EFE/Narendra Shrestha

EFEVERDE.-  Su cara llena de polvo blanco y su cuerpo arrastrado por dos personas coparon portadas de periódicos y revistas de medio mundo cuando apenas empezaban a llegar noticias del terremoto de Nepal hace un año, una fecha que Kaaji Bogati recordó hoy como todos los días, trabajando para salir adelante.

El 25 de abril de 2015, el edificio en el que trabajaba Bogati en Katmandú fue zarandeado y aplastado por una bofetada de la naturaleza de 7,5 grados en la escala Richter (la medición inicial fue de 7,8 pero después organismos geológicos internacionales la rebajaron).

Él y trece compañeros cayeron junto al andamiaje que levantaban, pero ninguno quedó tan maltrecho como él.

Hoy Bogati muestra una clavícula que nunca quiso volver a su sitio y los restos de las heridas por la rotura de ocho costillas y un traumatismo craneal que le mantuvieron ingresado varias semanas en el hospital.

“Estuve siete días inconsciente”, indicó a Efe este hombre de 51 años que ocupó la portada de los grandes medios internacionales, desde la revista Time al The New York Times.

 Estado en el que continúa la estupa Swayambhunath, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,l un año después del terremoto . EFE/Narendra Shrestha

Estado en el que continúa la estupa Swayambhunath, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,l un año después del terremoto . EFE/Narendra Shrestha

“Después de siete días mi familia vino, nos encontramos y fue el momento más feliz de mi vida”, afirmó hoy visiblemente emocionado en la jornada en que se cumple un año de aquel día, en el que cerca de 9.000 personas no corrieron la misma suerte.

Sin vuelta a atrás a la vida

Pero la alegría de haber sobrevivido fue ensombreciéndose a medida que pasaron los días. La cuenta del hospital se quedó con parte de las pocas joyas familiares que tenían y con el transcurrir del tiempo se fue dando cuenta de que no había vuelta atrás a la vida que tenía antes de las 12.26 del 25 de abril de 2015.

“Yo era un porteador, básicamente llevaba cosas sobre la cabeza y un día descubrí que no sería capaz de seguir trabajando por mis costillas rotas y me convertí en una especie de inválido”, comentó.

Durante cerca de un año no hizo prácticamente nada porque no podía trabajar, pero la solidaridad le ayudó a encontrar un camino por el que continuar.

Los periodistas nepalíes que conocían su situación organizaron una colecta y recibió donaciones que empleó en comprar una humilde cafetería en la que tiene una habitación para alquilar, un precario “minihotel” con el que trata de conseguir el dinero con que alimentar a sus dos hijos y cuatro hijas.

“Me dieron una nueva vida y así es como estoy sacando mi vida adelante, con la ayuda de Dios alguien me rescató y comencé una nueva vida con la ayuda de muchas personas”, dijo.

Sentado en uno de los taburetes de la cafetería, detrás de una de las mesas de plástico en las que sirve los platos, lamenta que como albañil llegaba a ganar 1.000 o 1.500 rupias nepalíes al día (unos 10 o 15 dólares) y que hoy no es capaz de alcanzar esa cifra y se tiene que rebuscar para salir adelante.

Al igual que la mayoría de los damnificados, apenas recibió ayuda del Gobierno y su situación pone rostro una vez más a las dificultades que atraviesan los heridos en el seísmo, aunque esta vez sin fotos ni portadas de periódicos.

Comenta que no ve habitualmente a los compañeros con los que trabajaba aquel día, de los que doce salieron con heridas menores y un decimotercero sufrió importantes lesiones como él.

Un recuerdo hacia los 9.000 muertos y 22.000 heridos en la tragedia  

La última vez fue delante de la obra hoy convertida en edificio de nueve pisos para hacerse una foto de grupo.

Hoy los nepalíes recuerdan por segundo día a los casi 9.000 muertos y casi 22.000 heridos en la tragedia, muchos con el dolor de la pérdida de un ser humano o de una vida que no pueden recuperar y otros con la felicidad de haber superado una dura prueba y contarse entre quienes lo pueden contar.

Bogati siente que tiene motivos para estar triste pero no duda también de las muchas razones que tiene para ser feliz.

 Kaaji Bogati, de 51 años, sonríe en su cafetería recién inaugurada en Katmandú (Nepal) .EFE/Narendra Shrestha

Kaaji Bogati, de 51 años, sonríe en su cafetería recién inaugurada en Katmandú (Nepal) .EFE/Narendra Shrestha

“Yo estoy entre los que están felices, porque estoy vivo, mi familia está conmigo y el dinero es una cuestión secundaria”, señaló. EFEverde




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