CAMINOS NATURALES

El misterio de la Puerta de San Vicente, una curva inexplicada en la muralla

El misterio de la Puerta de San Vicente, una curva inexplicada en la muralla

Los paseos no tienen porque ser exclusivamente rutas para senderistas; también las ciudades ofrecen muchas veces alternativas interesantes en las que se mezclan la naturaleza, la historia y la cultura. Un ejemplo es la muralla de Ávila.

La muralla de la capital más alta de España, unos 1.100 metros sobre el nivel del mar, lo que no la exime de sufrir los rigores del calor estival, es una ejemplo de recorrido en el que los tres factores mencionados, se mezclan con el sosiego que caracteriza a las ciudades castellanas, para formar una combinación perfecta.

En los meses de verano un recorrido nocturno es muy aconsejable ya que, además de la menor temperatura, la iluminación está a la altura del monumento y la curiosidad fotográfica será perfectamente satisfecha.

La muralla tiene una altura media de 12 metros y el grosor de sus muros de unos tres metros con un perímetro ligeramente superior a los dos kilómetros aproximadamente y se puede visitar casi en su totalidad en unas tres horas, por la parte exterior.

Se puede comenzar el recorrido por cualquiera de sus puertas pero la de san Vicente ofrece especial interés y un cierto misterio.

Si el caminante se sitúa en el Jardín de san Vicente, extramuros, observará que a la izquierda de la puerta la muralla, con sus dos imponentes torreones, hace la muralla una curva que rompe con la rectitud del resto de este monumento. ¿Por qué?

No hay explicación definitiva y solo algunas especulaciones son la respuesta que el interesado en el asunto puede hallar.

Según algunas versiones se trata de un simple recurso defensivo; no hay que olvidar que la románica muralla abulense es de carácter militar.

Para otros la explicación está relacionada con la intención, luego no cumplida, de construir allí una iglesia y también, una tercera versión sostiene que se trató de respetar una necrópolis romana, de la que se pueden ver hoy restos. Pero nada es seguro, todo es misterioso y enigmático.

Sin moverse del jardín, el observador, acompañado de su cámara, puede ver la imponente estructura de la Basílica de San Vicente que, para aumentar el misterio, se llama en realidad de los Santos Hermanos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, víctimas de Diocleciano, allá por el año 306 y que anduvieron errantes por tierras burgalesas durante más de siete siglos.

La basílica, románica en su inicio y gótica en su finalización, tiene 66 metros de longitud, 44 de anchura total y su edificación comenzó en 1130; ciertamente con un poco de retraso respecto a la muerte de los mártires a los que se dedicó.

Y otra curiosidad: San Vicente es junto a la célebre Santa Gadea de Burgos y San Isidoro de León una de las tres iglesias juraderas del antiguo reino castellano leonés.

Y así, sin haberse movido el caminante de la agradable sombra de los frondosos árboles de los jardines de San Vicente, habrá visto una buena parte de la cultura abulense, de sus vestigios romanos, de sus templos, de su muralla… EFE




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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