HUMEDAL CONSERVACIÓN

El humedal de La Janda, casi un “Doñana”, busca aliados para volver a emerger

  • Recuperar el humedal de La Janda, en Cádiz,  inspira ahora un pacto social.

El humedal de La Janda, casi un El humedal de La Janda, en Cádiz.

EFEverde.- Hasta hace cerca de 70 años, en La Janda, en Cádiz, existía un humedal de 3.000 hectáreas, un paraíso sólo comparable a Doñana para aves como las grullas. Recuperar, al menos en parte, aquel paraje que fue artificialmente desecado y convertido en terrenos agrícolas, inspira ahora un pacto social.

“Era una maravilla de 3.000 hectáreas, el último sitio en España donde criaron las grullas”, ha explicado a Efe el naturalista Beltrán Ceballos, director de la Fundación Doñana y de la Feria de Turismo Activo que se celebra estos días en Tarifa y que ha sido el escenario donde alcaldes de la zona y diversas organizaciones conservacionistas han suscrito hoy el pacto “Mójate por La Janda”.

Cronistas de finales del siglo XIX ya dejaron huella de la importancia de este humedal en libros como “La España inexplorada”, de los ingleses Abel Chapman y Walter J. Buck, o “Mi vida entre las aves españolas”, del coronel británico Willian Werner.

Hablaron de un “gran mar de juncos, de cañizos que utilizaban los animales europeos para descansar”, sobre todo las aves antes de migrar a África.

La Laguna de La Janda, que fue el humedal interior más extenso de Europa, “murió” definitivamente en 1967, cuando culminó un complicado proyecto de ingeniería que en casi una década logró desecarlo.

Fue una de las operaciones que se hicieron al amparo de la Ley de Desecación y Saneamiento de Lagunas, Marismas y Terrenos Pantanosos, aprobada en 1918 y conocida como Ley Cambó, en alusión al apellido del entonces ministro de Fomento Francisco Cambó.

La ley pretendía estimular la desaparición de humedales, de terrenos entonces considerados insalubres, y su reconversión en tierras para la agricultura y, para ello, establecía que quien realizase una obra para desecar un espacio automáticamente se convertía en dueño del espacio por una concesión de noventa años.

 Hasta hace cerca de 70 años, en La Janda, en Cádiz, existía un humedal de 3.000 hectáreas, un paraíso sólo comparable a Doñana para aves como las grullas. Recuperar, al menos en parte, aquel paraje que fue artificialmente desecado y convertido en terrenos agrícolas inspira ahora un pacto social. EFE/A.Carrasco Ragel

Hasta hace cerca de 70 años, en La Janda, en Cádiz, existía un humedal de 3.000 hectáreas, un paraíso sólo comparable a Doñana para aves como las grullas. Recuperar, al menos en parte, aquel paraje que fue artificialmente desecado y convertido en terrenos agrícolas inspira ahora un pacto social. EFE/A.Carrasco Ragel

En el caso de la Laguna de La Janda, tras varios intentos anteriores, en los años cincuenta se diseñó un proyecto que comprendió un sistema de canales para conducir el agua hacia las marismas de Barbate, un sistema de drenaje que hoy día continúa funcionando y sigue siendo utilizado para regar los diferentes cultivos.

“Hay que verlo en el contexto histórico de posguerra. Era un proyecto estatal en una España que se moría de hambre y en la que buscaban zonas llanas donde producir cereales y horticultura”, explica Beltrán Ceballos sobre la razón que pudo impulsar en aquel entonces a buscar grandes extensiones de cultivo y “cargarse una de las lagunas más importantes de Europa para la migración de las aves” para convertirla en una gran zona de regadío.

“Han pasado setenta años y hoy todos sabemos donde está la agricultura, y cómo el turismo de la naturaleza se ha convertido en un motor emergente de las economías locales”, explica el naturalista.

Por ello han emprendido una cruzada llamada “Mójate por La Janda”, un pacto que pretende reunir a administraciones, entidades y colectivos para trabajar por la restauración de aquel espacio.

“Restaurar el humedal sería imposible, pero queremos estudiar las partes que podrían serlo” y con ello devolver así al origen a al menos algunas partes de una zona cuya desecación tuvo como consecuencia que, por ejemplo, “la grulla desapareciera como especie nidificante en España” y que poblaciones de aves como la malvasía, el calamón, la poca moruna, o el avetoro “hayan disminuido a niveles residuales”.

El espacio tiene ahora “múltiples dueños”, en general cooperativas agrarias dedicadas al arroz, el brócoli, la zanahoria o la alfalfa, a las que les quedan aún más de veinte años de concesión de los terrenos.

Pero el proyecto trata de “compatibilizar” los aprovechamientos agrícolas existentes con la restauración de algunas zonas del antiguo humedal, que se extiende por los términos municipales como Medina Sidonia, Barbate, Benalup-Casas Viejas, Vejer de la Frontera y Tarifa.

De hecho un estudio de la Universidad de Córdoba, realizado por el profesor José Manuel Recio Espejo, ha analizado ya que la restauración de algunas zonas “paliarían muchísimo el daño ecológico”.

El Pacto Social por la Restauración y Protección de los Humedales de la Janda reclama, entre otras cosas, que se incluya el espacio en la red europea de espacios naturales “Natura 2000”.

Es el inicio de un camino para buscar alianzas con las que volver a inundar lo que en su día fue un espacio al que “sólo Doñana podría hacer sombra”, asegura Ceballos. EFEverde




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