El gato reina en las ruinas del Imperio Romano

El gato reina en las ruinas del Imperio Romano

En el antiguo Imperio Romano el gato era considerado un animal casi sagrado, símbolo de la victoria y efigie en el escudo para muchas legiones romanas y hoy este felino sigue reinando en las ruinas del antiguo Campo de Marte de la capital, donde una asociación les proporciona un hogar.

En el mismo lugar donde asesinaron a Julio César hace 2.058 años, el “Santuario para gatos de Torre Argentina” cumplirá su 20 aniversario, desde que Silvia Viviani, una “gattare” o “dama de los gatos” -como se conoce en Roma a las mujeres que cuidan de gatos callejeros-, decidió constituir su asociación.

El gato es una especie protegida por el municipio de Roma, por lo que estos felinos campan a sus anchas por cualquiera de los monumentos de la ciudad, desde los cementerios hasta el propio Coliseo y se han convertido en una seña de identidad romana, aunque ahora es más complicado verlos en los monumentos más emblemáticos.

Sin embargo, a juicio de Viviani, el ayuntamiento de Roma no cuida como debería de sus “pequeños inquilinos”.

“Nosotros nos mantenemos gracias al apoyo de la gente, no recibimos ni una lira del ayuntamiento de Roma, que encima nos quiere echar”, afirma Viviani en una entrevista con Efe.

La fundadora del santuario rememora cómo hace dos años el ayuntamiento intentó que la asociación abandonara las ruinas pero desistió “al recibir casi 130.000 correos de todo el mundo exigiendo que nos dejasen hacer nuestro trabajo”.

Viviani detalla además que si su organización se fuera la situación, tanto de los animales como de las ruinas, empeoraría “porque los gatos se quedarían” y “si los quisieran echar volverían después sin ningún tipo de cuidado ni control”.

El particular “santuario” de gatos se asienta en el mismo lugar donde se encuentran las ruinas de cuatro templos romanos republicanos y los restos del Teatro de Pompeyo, dentro del antiguo Campo de Marte, en pleno centro de la capital italiana, donde llevan alojados los gatos desde 1929, cuando comenzaron las excavaciones.

La colonia de mininos pasea y remolonea tranquilamente por las ruinas ajena a las miradas de los turistas y a la importancia de las piedra que pisan, pues se encuentran en la misma zona donde se ubicaba la Curia de Pompeyo, lugar en el que según concluyeron arqueólogos españoles hace dos años, Julio César fue apuñalado 26 veces tras tratar de defenderse con sus túnicas.

“Los turistas vienen a ver las ruinas y se sorprenden al ver a los gatos, gracias en buena parte a ellos es que se mantiene la asociación”, manifiesta.

Viviani se refiere a la tiendecita situada a la entrada de los templos en la que se venden todo tipo de “souvenirs” de temática felina y se recogen también donaciones.

El “santuario” además proporciona una “octava vida” a estos mininos, pues en el mismo local de la tienda se encuentra una “guardería”, donde los gatos enfermos o con alguna lesión se recuperan antes de volver a la vida en colonia.

Un gran mural de fotografías y nombres recuerda a buena parte de los gatos que han pasado por la colonia posando junto a sus damas, Viviani y su amiga ya fallecida Lia.

Entre los felinos se encuentra un extraño, Peter, un pequeño conejo blanco que fue abandonado en las inmediaciones de la colonia y encontrado por uno de los voluntarios.

“Hay personas que siguen teniendo muy poca conciencia y dejan a los animales en cualquier lugar”, lamenta Eduardo Ascoy, un joven peruano mientras acaricia a Nona, “la gata reina” y mansa pero a la que le falta un ojo y sigue buscando un hogar.

Él es uno más de la veintena de voluntarios internacionales que trabajan actualmente en la colonia, entre los que se encuentran alemanes, franceses o norteamericanos.

“El trabajo diario consiste en limpiar, alimentar a los gatos y echar una mano en todo lo necesario, nos enriquecemos cuidando a los animales y también conociéndonos unos a otros”, explica Ascoy.

Al lado de él está la gata “Pasionaria”, un nombre cuyo origen se desconoce pero a la que le gusta, dicen, afilarse las uñas.

Gracias a este trabajo los 680 gatos que viven en esta colonia, de los 180.000 que se estima que viven “en libertad” en Roma, no sólo están bien alimentados y esterilizados, sino que se han convertido en una atracción más de las ruinas de los antiguos templos y reinan en ellos como ya lo hacían hace 2.000 años. EFE

mrg/cps

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