CAMBIO CLIMÁTICO DEHESA

El cambio climático y el pasto dificultan la conservación de Encinas

  • “El encinar fragmentado y adehesado acaba creando bosques fósiles que terminarán muriendo”

El cambio climático y el pasto dificultan la conservación de Encinas Piara de cerdos alimentandose de bellotas en un encinar en Jabugo. EFE/Manuel Barriopedro

Tanto la producción agrícola y ganadera sobre las dehesas, como los efectos del cambio climático en los ritmos vitales de los animales que las pueblan, están impidiendo la correcta regeneración de los bosques de encinas, según han constatado  los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

El cambio climático podría influir en la relación entre las encinas y los animales encargados de dispersar las bellotas, ratones y arrendajos, ya que provoca desajustes en los ritmos vitales que perjudican su mutualismo (interacción biológica que beneficia a ambas especies).

Las dehesas destinadas al ganado sufren en ocasiones la eliminación excesiva de masa arbolada, provocando una fragmentación en la que las encinas quedan dispersadas en rodales de tamaño variado rodeados de campos de cultivo.

Tanto el adehesamiento como la fragmentación aumentan la fecundidad y mejoran la fisiología de los árboles adultos incluso en las zonas con sequía, pero dificultan la renovación ya que no hay una buena dispersión de las semillas.

“El encinar fragmentado y adehesado acaba creando bosques fósiles que terminarán muriendo, independientemente de la salud de cada árbol”, comenta el investigador del MNCN, Mario Díaz.

Vista de una encina florecida en el término municipal de Espeja (Salamanca), la zona de España con mayor densidad de bosque de encinas. EFE/Carlos García

Vista de una encina florecida en el término municipal de Espeja (Salamanca), la zona de España con mayor densidad de bosque de encinas. EFE/Carlos García

Los ratones y los arrendajos recolectan bellotas, pero las que no se comen pueden convertirse en un nuevo árbol; así se produce la dispersión, no obstante, los arrendajos sólo pueden sobrevivir en zonas boscosas y los roedores se enfrentan a varios problemas.

La falta de matorral aumenta el riesgo de depredación de los roedores y reduce el valor relativo de los frutos porque, aunque haya más bellotas bajo una encina, también hay más competencia.

Más bellotas, menos ratones

Además, en el sur, donde cada vez hay más sequías, se puede producir un desajuste de la relación: las bellotas caen en noviembre y diciembre pero la época reproductiva de los ratones se retrasa más así que, cuando hay más bellotas en el suelo la actividad de los ratones se reduce y, por lo tanto, la dispersión también.

“Para que haya regeneración hay que tomar medidas de manejo del paisaje en el espacio y el tiempo, dejando que crezca matorral en zonas determinadas durante unos años o creando corredores donde ratones y arrendajos encuentren lugares protegidos para dispersar las semillas”, explica el investigador.

Para evitar el colapso, hay que pensar en una escala temporal que sea relevante para el árbol, por ejemplo, en los Montes de Toledo, una de las zonas estudiadas, los investigadores han calculado que hay que trabajar con intervalos de unos 20 años, pero este lapso temporal puede variar según el clima, la vegetación y los usos del suelo. EFE




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Redacción EFEverde
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