Fotografía Simios

El álbum de familia de nuestros antepasados

  • Durante tres años ha trabajado en “Álbum de Familia”, un proyecto que la llevó a Congo y Borneo después de haber retratado a tribus que viven “de espaldas al progreso” en Papua Nueva Guinea y Etiopia.

El álbum de familia de nuestros antepasados "Álbum de familia". Isabel Muñoz/Galería Blanca Berlín

"Álbum de Familia" refleja el universo emocional, físico y psíquico, de los grandes simios, que bromean, besan, se enfadan y posan como personas ante la cámara de Isabel Muñoz, una artista que ha hallado en los primates "el eslabón más cercano" al ser humano.

 “No esperaba conocer algo tan bestial, contundente y arrollador”, explica la ganadora de dos premios World Press Photo y con obra expuesta en los museos de Arte Contemporáneo de Nueva York y Houston (EEUU).

Durante tres años ha trabajado en “Álbum de Familia”, un proyecto que la llevó a Congo y Borneo después de haber retratado a tribus que viven “de espaldas al progreso” en Papua Nueva Guinea y Etiopia.

El objetivo: buscar el último eslabón 

En ambos trabajos había un nexo en común: “Buscar el último eslabón”, afirma la artista (Barcelona, 1951), que a los 13 años tocó por primera vez una cámara y hasta hoy no ha separado ni sus manos ni sus ojos ni su corazón de esta herramienta de trabajo.

"Álbum de familia". Isabel Muñoz/Galería Blanca Berlín

“Álbum de familia”. Isabel Muñoz/Galería Blanca Berlín

El nombre de la exposición se debe a esa indagación: “llevo muchos años buscando de dónde venimos, cómo éramos, a dónde vamos, qué hemos perdido y qué hemos ganado con la globalización y siglos de cultura”.

Y, de repente, “estaba allí rodeada de estos primates y pensé ‘madre mía, el eslabón más cercano son los grandes simios'”, explica la fotógrafa mientras guía a la periodista entre cajas de madera y enormes imágenes en blanco y negro depositadas en el suelo de la galería Blanca Berlín, que mañana abre las puertas a la exposición.

Álbum de Familia no es una muestra de naturaleza

Tras advertir que “Álbum de familia” no es una muestra de naturaleza, reconoce que esta experiencia le ha obligado a cuestionarse si los grandes simios -bonobos, gorilas, orangutanes y gibones- no tienen derechos como los humanos. Su respuesta es afirmativa.

De hecho es revelador que durante la conversación, a la fotógrafa se le cuelen palabras como personas, niños o bebés al referirse a los primates.

“Cuando ves cómo besan, cómo mueren de amor (por la pérdida de sus parejas), cómo respetan a sus muertos y reconocen la maternidad, te cuestionas muchas cosas”, subraya.

Se pregunta al respecto si los humanos tienen derecho a separar a estas familias para enviar a uno de sus miembros a los zoológicos. “Me da la sensación -dice- de estar en la época de los esclavos”.

Durante el trabajo de “Álbum de familia”, Muñoz quería fotografiarlos igual que a las personas, porque “tienen una parte tan humana…”.

Malabo, el gorila del zoo de Madrid, se comportó como una estrella del rock durante la sesión de trabajo. Su único afán era “chupar cámara y no quería que nadie se le acercara y le restara protagonismo. Era ego, pero también una forma de jugar”.

Una de las hembras retratadas en Congo se llevó una mano al ojo e imitó el gesto de la artista al coger su teleobjetivo. “Parece que te dice: ahora te observo yo”.primate-EFEverde

Primates que acarician, besan, rezan, coquetean…

Las imágenes, que su autora no titula para que sea el espectador quien termine la obra de arte, muestran primates que acarician y se dejan acunar con placer por el sol; madres y crías orangutanes que acercan sus labios en pose mimosa; bonobos que parecen reflexionar sobre el mundo o en actitud casi mística; coquetos que se colocan una corona de hojas antes del disparo de la cámara; tiernos abrazos cómo solo da una madre y besos que se acompañan del gesto humano de cerrar los ojos.

En la reserva de Kahuzi Biega (Congo), Muñoz vivió una de las experiencias que más le impactaron. Observó como un macho alfa (Chipanuga) se hizo cargo de una cría a la muerte de su madre después de que las hembras de la manada, algo bastante inusual, la rechazaron e incluso hirieron.

En ese momento, “Chipanuga se convierte en madre y empieza a curarle, porque tiene conocimientos de las plantas no solo para comer sino para curar. Todas las mañanas, a las diez y media, comenzaba a limpiarle la herida y después le ponía las hierbas”.

Un gorila convertido en madre 

Después se percató de que las hembras tampoco se ocupaban de su alimentación y empezó a seleccionar las hojas más pequeñas y verdes, y finalmente logró sacarlo adelante.

Precisamente Chipanuga arrebató el liderazgo a Mugaruka, el primer gorila que regresó a Kahuzi Biega después de la guerra en el país africano y que consiguió ser el macho alfa pese a faltarle una de las manos que se arrancó al caer en una trampa.

“Prefirió perder la mano” antes que la libertad, indica Muñoz, que apunta al grave problema del furtivismo pese a los esfuerzos por sensibilizar y concienciar a la población.

La platinotipia, una técnica artesanal del siglo XIX  

La mayor parte de las imágenes de la exposición están tratadas con la técnica de la platinotipia, utilizada en los albores de la fotografía, a mediados del XIX.

En este proceso la artista debe prepararse ella misma el papel aplicándole, como si de pintura se tratase, una solución de platino.

Más tarde los negativos, que deben tener el mismo tamaño que la fotografía final, se ponen en contacto directo con el papel preparado, para ser expuestos a la luz bajo una gran prensa de contactos y, finalmente, las imágenes se revelan.

“Es como la última pincelada, abrazo o beso que le puedes dar antes de compartir la obra y que hace que esa imagen tenga un lenguaje u otro, es como la piel, tú eliges la piel, cada tema tiene una forma de acabar. Hay cosas que ves en blanco y negro, cosas que ves en color, en platino …”.

La piel y los músculos de los primates retratados son también humanos y aparecen casi en relieve gracias a esta técnica y a la cercanía a la que se colocaba Muñoz porque, entre otras cosas, “necesitaba su empatía, necesitaba que me olieran”.

Parte de luz, parte de sombra 

Se lamenta que a diario no pudiera prolongar las sesiones de trabajo más allá de hora y media para evitar que los primates se acostumbren a la figura humana. ¿Lo que más daño le hacia?: La siesta que se echaban todas la tardes después de comer, con lo que tenía que interrumpir la sesión.

Concluye convencida de que los grandes simios tienen sentimientos e igual que los humanos poseen la capacidad de hacer cosas maravillosas y una parte oscura. EFE

msr




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