INTELIGENCIA EMOCIONAL

La educación asistida con animales despierta la inteligencia emocional

Imagen de archivo de una terapia con animales. EFE/Andreu Dalmau.

La educación asistida con animales despierta en los alumnos herramientas de inteligencia emocional, al trabajar la paciencia, la solidaridad y la capacidad de trabajo en equipo, y, sobre todo, logran el beneficio de “pasarlo bien mientras aprenden”.

Así lo ha afirmado a EFEverde la fundadora y coordinadora de Dejando Huella, Ana Rodríguez, con motivo del taller “Un perro en el aula. Educación asistida con animales, que esta entidad desarrolla este martes en la Universidad de La Rioja (UR).

Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1985) ha explicado que si se aprende a través de una emoción positiva, como la que puede aportar la introducción de un perro en el aula, “los contenidos se mantienen más” y se refuerzan “la motivación y el compromiso”.

Relajación antes de la EBAU

Este tipo de iniciativas, ha proseguido, se pueden trabajar “en todos los niveles educativos” desde Infantil hasta Bachillerato, con cuyos estudiantes se ha trabajado, por ejemplo, la relajación antes de los exámenes de la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU).

El taller, que se imparte este martes a los alumnos del grado de Magisterio de la UR, trata de explicar “cómo pueden introducir la educación asistida en su contenido curricular”, a través de la que “el perro se convierte en un elemento motivador y reforzador”.

“No es algo que no trabajen de forma habitual los maestros en el aula, lo que pasa es que la introducción del animal tiene un efecto muy positivo, la memoria se arraiga mejor porque va relacionada con la emoción”, ha subrayado.

Ha citado como ejemplo que, si se quiere trabajar las matemáticas, en función del nivel, se pueden contar cuántos granos de comida dar al perro o, si se le va a ofrecer galletas, “jugar un poco con las recetas”, pero “la motivación final es el animal”.

El papel protagonista de perros y alumnos

También ha apuntado que “se puede trabajar la lectoescritura o escribir una historia sobre el animal; establecer un guión en el que el perro tiene que hacer una serie de habilidades; investigar sobre el perro; o que el can entregue al alumno una letra sobre la que tiene que pensar una frase o palabra”.

Incluso, en algunos casos más avanzados, como pueden ser las asignaturas de Cultura Clásica o Historia, se han buscado ejercicios en los que el perro y los alumnos tengan un papel protagonista, por ejemplo, investigar sobre diferentes perros de la historia, ha precisado.

“Lo bonito es que, una vez que se marcha el perro, los profesores pueden continuar trabajando muchos contenidos sin que el animal esté presente”, ha apuntado Rodríguez, quien ha añadido que está todo estudiado para que los alumnos no se distraigan, a lo que se une que en el aula están los maestros y guías caninos profesionales. EFEverde




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