Del Álamo: "Si la gente no pagara por ver gorilas, durarían dos días"

FOTOGRAFÍA NATURALEZA

Eduardo del Álamo: “Si la gente no pagara por ver gorilas, durarían dos días”

Eduardo del Álamo: Fotografía titulada 'Si los pingüinos pudieran volar'. Eduardo del Álamo

"Si la gente no pagara 700 dólares por ver gorilas y el Gobierno de Uganda no los cobrara, los grandes simios durarían dos días: es así de dramático", ha explicado a Efe el fotógrafo Eduardo del Álamo, finalista del certamen Wildlife Photographer of the Year 2019.

Del Álamo fue seleccionado como finalista de estos prestigiosos galardones en la categoría de ‘Comportamiento animal’ gracias a una impactante escena de acción titulada ‘Si los pingüinos pudieran volar‘, en la que uno de estos animales esquiva por poco la dentellada de una foca leopardo en la Antártida.

“Espero que esta imagen sirva para concienciar a todo el mundo de la fragilidad de los ecosistemas y la vida que resiste en ellos”, ha manifestado el fotógrafo, que está a la espera de conocer el veredicto del jurado de esta edición, que será anunciado por el Museo de Historia Natural de Londres el próximo 15 de octubre.

Para congelar un instante del mundo animal “hay que dedicar mucho tiempo y paciencia” y, sobre todo, desplazarse a “sitios remotos“, relata, porque en la actualidad los hábitats naturales están “cada vez más fragmentados“, hasta el punto de que solo se puede “disfrutar de ellos dentro de una reserva privada o un parque nacional“.

Fotografía y desarrollo sostenible

Por eso, la fotografía de Naturaleza se ha convertido en “una manera de demostrar que el turismo de observación de la fauna salvaje” es “la única forma de desarrollo sostenible en áreas rurales desfavorecidas“, además de una manera de asegurar la continuidad de especies que de otra forma ya habrían desaparecido.

Sin el turismo de fauna salvaje “ya no quedarían animales emblemáticos en países como Canadá, Botswana o Suráfrica”.

Cuando un león se come el ganado o los elefantes esquilman los cultivos de los granjeros locales, estos animales terminan por correr la misma suerte que la de los lobos en España“: es decir, perseguidos y aniquilados.

Los nativos llevan haciéndolo toda la vida: matar lobos, leones o elefantes, por una simple cuestión de supervivencia“, prosigue, aunque recalca que existe la posibilidad de cambiar este patrón de comportamiento impulsando la implicación del sector turístico enfocado en la observación de fauna salvaje.

Al convertir esa fauna en una oportunidad de desarrollo sostenible, la gente que vive allí “obtiene ingresos, gana estabilidad económica y entonces sí se preocupa por proteger a los animales“.

Ejemplos en África “hay cientos“, asegura Del Álamo, quien recuerda cómo gracias a la implicación de la población local del entorno del Parque Nacional de Zakouma en Chad fue posible frenar el expolio permanente de especies, tras organizar varias partidas de caza y captura, pero no de animales sino de furtivos.

Turismo responsable

Al final, el modelo de turismo responsable en la “única estrategia de desarrollo viable”, ya que “sólo se podrá hacer conservación allá donde puedan ir a dejar su dinero aquellos que valoran la Naturaleza”.

Sin beneficios, no la habrá“, recalca, a no ser que algún “millonario altruista” desee invertir específicamente en alguna zona concreta o en alguna especie en particular.

Una muestra de ello es lo que está sucediendo ya en las zonas heladas del planeta: “Aunque la situación en la Antártida aún no es tan dramática, si viajas al Polo Norte no encuentras hielo, ni focas, ni huellas de osos polares… Y es entonces cuando te das cuenta de la magnitud del problema“.

Este fotógrafo que comenzó su carrera “de manera autodidacta“, tiene su propia agencia de viajes y es guía de viajes y safaris, especialmente en los países del sur y el este de África, está convencido de que “la conservación de los ecosistemas no es un capricho, sino una obligación moral con las futuras generaciones“.
EFEverde





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