ECUADOR MEDIOAMBIENTE

Liberan a loros símbolo de lucha contra el tráfico de especies en Ecuador

Vista de uno de los 19 loros caretirrojos rescatados. EFE/ Juan Francisco Chávez

Susana Madera.- Un total de 19 loros caretirrojos volvieron este martes a su hábitat natural tras haber sido rescatados y rehabilitados en el sur de Ecuador, donde el comercio ilegal y la pérdida de bosques amenazan su ahora frágil existencia.

El revoloteo de las pequeñas aves se volvió a sentir en la reserva Buenaventura, unos 600 kilómetros al sur de Quito, en el corazón de la provincia de El Oro, fronteriza con Perú.

De máximo 38 centímetros de longitud, pico fuerte color marfil y plumaje predominantemente verde claro, el ave agradece su nombre a las plumas de un rojo intenso de su corona, frente y cara, donde sobresalen unos negros ojos rodeados de una aureola amarillenta.

Una combinación de plumaje que hace que su belleza sea, a veces, también su maldición pues hay quienes los codician como mascotas.

Esta ave diurna (psittacara erythrogenys) habita en zonas húmedas y semi húmedas, bajo los 1.100 metros de altitud.

La Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza la cataloga como “casi amenazada”; en la Lista Roja de Ecuador, aparece como “vulnerable” y, aunque no está en peligro de extinción, la perdida poblacional preocupa a los expertos.

Dramática pérdida

Martin Schaefer, director ejecutivo de la Fundación Jocotoco, en Ecuador dijo a Efe que hay entre 10.000 y 15.000 loros caretirrojos, lo que representa el 10 % de lo que había hace un siglo.

Según José León, coordinación de investigación de la misma fundación, el tráfico se realiza de forma “artesanal”: el nieto le dice a la abuelita que quiere uno; ella conoce a quien captura aves y se lo consigue.

Pero hay quienes los trafican a nivel internacional y pueden vender entre cinco y diez dólares cada ave, un precio que no baja de cien dólares en terceros mercados.

León cuenta que, en Perú, el tráfico del caretirrojo es más abierto y se los puede encontrar en los mercados “como si nada”.

Parte fundamental del ecosistema, el loro dispersa semillas y ayuda a la regeneración de bosques, por lo que su desaparición puede empobrecer zonas y arrastrar por ese camino a otras especies.

Los 19 pericos liberados este martes se suman a otros veinte devueltos a su hábitat el año pasado en el marco de un programa de Jocotoco con la Fundación española Loro Parque, que ha invertido en el proceso unos 60.000 dólares.

De croquetas de perro a frutos del bosque

Rescatadas por el Ministerio del Ambiente de manos de traficantes o de personas que las tenían como mascotas, las aves pasan por un proceso de rehabilitación antes de volver a volar libremente.

Las aves liberadas en la provincia de El Oro (sur) forman parte de un gran proyecto de la Fundación Jocotoco en la reserva de Buenaventura, de 2.700 hectáreas, donde miles de árboles y plantas cubren lo que hace dos décadas eran pastizales.

El Ministerio de Ambiente entrega las aves rescatadas al zoológico de Arenillas, donde los pericos pasan a cuarentena.

Allí, los expertos les realizan exámenes y se aseguran de que los loros estén libres de parásitos. Los alimentan con balanceado: croquetas de perro, maní, maíz cocinado “cosas que les ayuda a ganar peso nuevamente”, explicó León a Efe.

“La mayoría de pericos llegan con las alas cortadas para que no puedan volar, así son más fáciles como mascotas”, indicó antes de señalar que la regeneración de las alas depende de la profundidad del corte, y algunos nunca se recuperan.

De Arenillas, las aves pasan a un proceso de “liberación suave” en la reserva de Buenaventura.

“Después de ser liberados, dejamos comida en las mismas jaulas para que puedan alimentarse” en caso de que no sepan inicialmente cómo encontrar comida en la naturaleza, explicó León al anotar que ya en Buenaventura se da un cambio paulatino de dieta a las aves hasta dejarla sólo en frutos del bosque.

Anillados y chips

En medio del aleteo nervioso de los pericos atrapados en una gran jaula en el bosque, los expertos colocaron hoy anillos en las patas de las 19 aves, que ya contaban con un chip insertado en su piel con información sobre su historial médico.

Unos cuarenta minutos duró el proceso de anillado en medio de un ensordecedor chillido de los loros en la jaula, mientras en los alrededores revoloteaban otros, posiblemente a la espera de encontrar pareja entre los reinsertados, según los expertos, que miraban con esperanza el posible aumento de la población.

Hacia el mediodía, los loros picotearon el anillo con molestia poco antes de volar tranquilos al verde paisaje donde el estentóreo canto de las cigarras iba y venía como las olas, compitiendo con las tonadas y el aleteo de colibríes, tucanes y otras aves dueñas de un frondoso paraíso terrenal en el sur de Ecuador. EFEverde

 




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