DESARROLLO SOSTENIBLE

Ecoterapia: el encuentro con la naturaleza.

Cedida

Carla Guimarães.- Volver a entrar en contacto con elementos primordiales de nuestro mundo psicológico a través del acercamiento a la naturaleza, este es el objetivo de una corriente terapéutica llamada Ecoterapia.

“Hemos tomado una distancia absoluta de nuestros elementos originarios y esto ha generado una gran pérdida. Volver a la naturaleza es volver a entrar en contacto con nuestro propio origen”, afirmó el psicólogo Pablo Deustua en entrevista con Efe.

Miembro del Colegio de Psicología de Cataluña y de la Asociación de Ecopsicología y Ecoterapia de Irlanda, Deustua explicó que nuestro origen más primitivo, el de las emociones, la percepción y las sensaciones, está determinado por nuestro entorno natural. Cuando el ser humano construyó la  civilización para tener una vida más cómoda y segura, cortó su relación con la naturaleza.

De acuerdo con el psicólogo, nuestra civilización tiene muchos elementos que pueden provocar sufrimiento: la competitividad, la necesidad constante de éxito, la exigencia de productividad, la importancia exagerada que se da al fracaso, etc. Para él, nuestro modo de vida es el causante de gran parte del sufrimiento emocional que padecemos. Sin embargo, cuando uno está en contacto con la naturaleza, se aparta de esta sociedad “exigente y sofocante” y encuentra otra manera de estar en el mundo.

“La vuelta al mundo natural supone despojarse de las construcciones culturales que tanto daño nos hacen”, declaró.

Escuchar desde el silencio

Hay dos maneras de poner en práctica la Ecoterapia: en grupo y de forma individual. El trabajo en grupo normalmente se hace en un retiro, donde los participantes pasan una serie de días en contacto directo con la naturaleza. El formato individual exige una regularidad de al menos una vez por semana, en la que el paciente experimenta un acercamiento a la naturaleza acompañado por el terapeuta. En este proceso, Deustua señaló que el psicólogo se convierte en acompañante o facilitador, pues su función es fomentar esta aproximación y dejar que sea la naturaleza la que realice el trabajo curativo. La propuesta es ir a un entorno natural, olvidar los roles sociales y “escuchar desde el silencio”.

“Mi función es ayudar al paciente a escuchar su voz personal y animarle a actuar, ya sea hablando, gritando, bailando, corriendo… Es más un tema de cuerpo que de cabeza, de moverse libremente sin pudor o vergüenza”, explicó.

Para Duestua, es esencial trabajar con la libertad, ya que el sufrimiento viene justamente de una falta de libertad interior. La misión del terapeuta, en este caso, es ayudar al paciente a re-conectar con esta sensación perdida.

“La naturaleza es un espacio donde las imposiciones sociales no tienen lugar”, afirmó.

Nuestro verdadero hogar

En el libro “La práctica de lo salvaje” (Ed. Varasek, 2016), el poeta, traductor, ensayista y activista del medio ambiente Gary Snyder habla de la necesidad de dar lugar al impulso y al instinto en nuestras vidas.

Snyder explica que “la naturaleza no es un lugar que uno visita, sino nuestro verdadero hogar”. Para él, el entorno natural nos devuelve a la condición de salvajes, en el sentido más amplio de la palabra. Ser un individuo salvaje también implica ser más libre, espontáneo, expresivo y, en definitiva, más sano.

Pablo Deustua sigue las máximas de Snyder y también de Henry D. Thoreau. En su consulta está enmarcada una de las frases del filósofo: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar.”

Pablo nació en Perú, donde se licenció en psicología en la Universidad Católica de Lima, y vive hace 15 años en España, donde hizo un Máster en Psicoterapia Psicoanalítica en la Universidad Complutense de Madrid. Su primer acercamiento a la Ecoterapia fue desde la práctica. La experiencia fue tan positiva que el terapeuta decidió formarse en la materia y aplicarla con sus pacientes.

Las fronteras perdidas

Sus primeras experiencias fueron a través de la “School of Lost Borders”, que realiza retiros individuales y colectivos en diversos parajes de los Estados Unidos. Pablo estuvo diez días en un desierto en Nuevo México y, un año más tarde, otros diez en un bosque en California.  

“La naturaleza nos recibe tal y como somos”, explicó el psicólogo, que también practicó la Ecoterapia en el Pantanal de Brasil, el humedal más grande del mundo localizado en el estado de Mato Grosso.  Hace un par de años, también en Brasil, el terapeuta hizo un retiro en el Parque da Cantareira, en São Paulo.

“Cantareira es un bosque salvaje a las puertas de la ciudad, es como un símbolo de resistencia”, explicó. La Ecoterapia, para él, también es una forma de resistencia. Simboliza la posibilidad de volver a nuestra propia esencia. Nuestro modo de vida ofrece una serie de ventajas y posibilidades, pero también provoca reacciones fisiológicas y dolor emocional. A veces, la cura para esas dolencias puede ser tan sencilla como volver a lo primordial, acercarse a la naturaleza y escuchar el silencio.  




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