ECOLOGISTA BIOCOMBUSTIBLE

Ecologistas advierten de “graves” impactos socioambientales de biodiésel de soja

biodiésel de soja Plantación de soja en la localidad de Olivera (Argentina). EFE/Cézaro De Luca/ARCHIVO

Los cultivos de soja para biodiésel provocan deforestación, pérdida de biodiversidad y acaparamiento de agua, según el informe ‘Soja: ¿la nueva palma de biocombustibles? publicado este miércoles por Ecologistas en Acción, que forma parte de la campaña #AparcaLaSoja.

Según el documento, en España los biocombustibles de soja han pasado de representar un 10,3 % del total del biodiésel consumido en 2016 al 28 % en 2019.  Por su parte, la cuota de aceite de palma se redujo en el mismo periodo del 77,44 % al 11 %.

Soja y palma y los “mal llamados biocombustibles”

Portada del informe de Ecologistas en Acción. EFE

La campaña #AparcaLaSoja tiene como objetivos: seguir presionando al Gobierno para eliminar los biocombustibles agrícolas como fuentes renovables en el sector del transporte y dar a conocer a la población los impactos del monocultivo de la soja.

La soja es una planta oleaginosa de consumo ancestral en países asiáticos como China, sin embargo hoy en día su producción se enfoca en la provisión de insumos a diferentes industrias, principalmente la elaboración de piensos para el ganado, la fabricación de productos ultraprocesadios y la porducción de “biocombustibles”.

El impacto de los monocultivos como la soja y la palma conllevan asociado deforestación, pérdida de biodiversidad, alteraciones de ecosistemas y, en muchos casos, acaparamiento de agua, factores que provocan efectos del cambio climático y la “aparición y rápida expanción de enfermedades zoonóticas como la COVID-19”.

El estudio realizado por Laura Villadiego y Nazaret Castro de Carro de Combate, señala que “la soja es la materia prima que sirve de base para el 26 % del biodiésel que se consume en el mundo, y esa cifra podría aumentar tras la prohibición de la utilización de la palma por parte de la Unión Europea.

Los cultivos de soja ocupan unas 124 millones de hectáreas en el mundo, superficie que ha aumentado un 70 % en las dos últimas décadas.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA-FAO) prevén que la producción de soja aumente, “si bien a un ritmo menor”.

Los biocombustibles de primera generación -biodiésel elaborados a base de aceites vegetales procedentes de soja, palma aceitera u otras plantas, y el etano producido por fermentación de alcoholes- se ofrecen como “única alternativa verde, más ecológica y sostenible a los combustibles fósiles”, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causantes del calentamiento global y el cambio climático.

Emisiones de gases de efecto invernadero y erosión 

Plantación de soja en la localidad de Olivera (Argentina). EFE/Cézaro De Luca/ARCHIVO

Señala EA que según un informe de la UE, en 2016 se demostró que el “mal llamado biodiésel” a partir de palma no solo no reduce emisiones GEI, sino que “supone tres veces más las emisones que el diésel fósil”, y en el caso del elaborado con soja las emisiones “son dos veces más”.

Por ello, la Comisión Europea prohibió el uso de algunas materias primas como biocombustibles, y así, a través de un Acto Delegado -normativa europea aprobada en febrero de 2019- catalogó el aceite de palma como “materia prima de alto riesgo por su estrecha relación con la degradación de tierras con elevadas reservas de carbono”.

La soja fue clasificada “de bajo riesgo, a pesar de las evidencias claras de su impacto. Según estimaciones, por cada hectárea de cultivo de soja, se pierden entre 16 y 30 toneladas de suelo“, es decir, provoca erosión.

De acuerdo a la normativa europea, a partir de 2023 será obligatoria la reducción de biodiésel a base de aceite de palma, por lo que “la soja se perfila como sustituto ideal”.

Estados Unidos, el principal exportador de soja a Europa, podría ser el principal beneficiario de ese aumento.

Acto delegado de la UE

Planta de soja afectada por la sequía en Paraguay. EFE/ARCHIVO

En 2019, tras la publicación del Acto Delegado, las importaciones en Europa aumentaron un 9 %, lo que apunta a la sustitución del aceite de palma por la soja para la fabricación de biocombustibles, aunque en Europa ya ha aumentado el cultivo de este cereal, principalmente por los incentivos de la Política Agraria Común (PAC).

El estudio de EA concluye que los cultivos de soja “pueden resultar tan devastadores como los de palma”, porque el problema no es el cultivo de una planta -soja, palma o cualquier otra- sino “el funcionamiento estructural del sistema del agronegocio”.

Según la portavoz de EA, Rosalía Soley, “la transición energética del transporte a través de biocombustibles alimentarios por la que apuesta el gobierno está contribuyendo a la pérdida de biodiversidad, alteración de ecosistemas y daños sociales”.

“El objetivo de utilizar fuentes renovables en el transporte tiene que lograrse a través del uso de biocombustibles avanzados, electricidad renovable o e-fuels, bajo estrictos criterios de sostenibilidad, respetando la jerarquía de residuos, siguiendo el principio de cascada y evitando cualquier desplazamiento de usos que pueda llevar a más emisiones”, según Soley.

El pasado 2 de junio, EA y la red europea Transport and Environment presentaron “un documento de alegaciones” para la consulta que abrió el Gobierno el pasado 1 de junio para la transposición parcial de la Directiva europea 2018/2001 relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables en España.

El documento, “con el apoyo de cientos de personas”, insta a “la eliminación de biocombustibles elaborados a partir de alimentos y la mejora de los criterios de sostenibilidad de los biocarburantes”. EFEverde

 

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