ALEMANIA ECOLOGÍA

La oposición a las talas forestales y al lignito reaviva el ecologismo alemán

La oposición a las talas forestales y al lignito reaviva el ecologismo alemán Ecologistas acampados cerca de la mina de lignito de Tagebau Hambach (Alemania). EFE

La oposición a las talas forestales ha revitalizado al movimiento ecologista alemán, tras las protestas de activistas medioambientales que tratan de impedir la destrucción del bosque milenario de Hambach (oeste) para extender las extracciones de lignito a cielo abierto en la región.

“Es un sinsentido proseguir con la tala de árboles tras un verano que evidenció que el cambio climático ya es una realidad y extender una fuente de energía altamente contaminante”, dijo a la cadena de televisión NTV Antje Grothus, una de las activistas del colectivo “Salvemos Hambach”.

La resistencia pacífica de este colectivo frente a un poderoso contingente policial provisto de medios antidisturbios para desalojarlos del bosque ocupa desde hace días grandes espacios informativos de las principales cadenas de televisión, públicas y privadas, de Alemania, así como prensa escrita y por supuesto redes sociales.

Según informaron hoy fuentes policiales, desde el pasado jueves, en que empezó el desalojo de los activistas, han sido desmanteladas 28 de las 60 casetas de madera que los ecologistas han instalado entre las ramas de los árboles, incluso a 20 metros de altura, para tratar de impedir con su presencia las talas.

Se han practicado unas 40 detenciones y se han producido algunos heridos, todos ellos leves.

Ocupación simbólica

El número de activistas que, desde 2012, mantienen su ocupación simbólica del bosque es reducido -unos 150-, pero hasta que se complete el desalojo y se asegure la zona se prevé que pueden pasar varias semanas.

Las autoridades del estado federado de Renania del Norte-Westfalia (oeste) habían preparado para esas operaciones un contingente policial con unos 3.500 efectivos.

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Antidisturbios alemanes arrestan a una ecologista que se resiste a ser desalojada del campamento protesta instalado en las proximidades de la mina de lignito de Tagebau Hambach, en Kerpen-Manheim, Alemania. EFE/ Friedemann Vogel

El pasado fin de semana empezaron a concentrarse en las inmediaciones del bosque entre 5.000 y 8.000 manifestantes, principalmente vecinos de la región, agricultores y ciudadanos llegados de núcleos urbanos renanos, como Colonia, Kerpen y Düsseldorf, dispuestos a apoyar a los activistas.

Las fuerzas policiales concentraron sus esfuerzos en impedir que accedieran al interior del bosque, que mantienen acordonado, pero unos 200 manifestantes lograron burlar esa vigilancia para unirse a los ecologistas.

“El adiós al carbón está sentenciado. No podemos dejar que nos quiten también el bosque”, apuntaba uno de esos ciudadanos concentrados en apoyo de los activistas, un agricultor, cuya cosecha sufrió los estragos de la inusitada ola de calor del verano alemán.

Orden de desalojo

La batalla contra la deforestación de Hambach, de unos 12.000 años de antigüedad, se ha convertido en aglutinante para el ecologismo alemán, desde que de la “tolerancia” que durante seis años se brindó a los ocupantes del bosque se pasó a ejecutar la orden de desalojo.

La razón de ello está en los planes -pactados y sellados con las autoridades renanas- del consorcio energético RWE de extender sus extracciones de lignito a cielo abierto, lo que implicará nuevas excavaciones a partir del próximo otoño.

Los bosques de Hambach se extendían hasta los años 80 por unos 85 kilómetros cuadrados, la mitad de los cuales han sido ya explotados por el consorcio, que estima hay aún 2.500 millones de toneladas de lignito por extraer.

El desalojo actual se ampara en una orden del departamento de la Construcción del estado federado de Renania del Norte-Westfalia, que argumenta que esas construcciones no se ajustan a las debidas normas de protección contra incendios y que ponen en peligro el bosque.

Deforestación

Para los ecologistas y parte de la ciudadanía de la región, la deforestación es, además de un desastre ecológico, resultado de la mala gestión a escala de todos los poderes -del Gobierno federal y del “Land”- de la llamada transición energética, precipitada por la decisión del Ejecutivo de la canciller Angela Merkel de cerrar las plantas nucleares.

El “apagón nuclear” y adiós a esa fuente de energía se decidió en 2011, bajo el impacto de la catástrofe de la central japonesa de Fukushima; de acuerdo con los planes del Ejecutivo, pactados con los consorcios energéticos, el último reactor debería desconectarse de la red eléctrica en 2022.

Esa decisión obligó a ralentizar los planes alemanes de abandono del carbón -y también del fin de las subvenciones a esas extracciones-.

Las minas de la vecina cuenca del Ruhr, antigua zona minera por excelencia, han ido cerrando, con los correspondientes efectos en el mercado laboral de la región, empobrecida como consecuencia del desmantelamiento de las minas. Pero las extracciones a cielo abierto prosiguen. EFEverde




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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