BIODIVERSIDAD ANIMALES

Dime cómo ves y te diré qué animal eres

  • El gibón, un pequeño primate de la familia de los homínidos que habita en el dosel arbóreo, tiene que calcular con exactitud las distancias entre las ramas porque un fallo en un salto de diez metros “le puede acarrear la muerte”.

Dime cómo ves y te diré qué animal eres El león es un cazador nocturno que ve muy bien durante la noche.EFE/CHRISTIAN ESCOBAR MORA

Rafael González Díaz .- EFEverde.- La agudeza visual del león, la precisión del gibón, la perfección del camarón mantis o la simpleza del caracol común son algunos ejemplos recogidos en el libro 'Ojos animales extraordinarios', que demuestra que la mejor visión es la que permite sobrevivir de una forma eficiente en cada hábitat.

“La evolución durante millones de años ha propiciado que el sentido de la vista de cada animal se adapte dentro de su ecosistema” y, por ejemplo, el león es un cazador nocturno que “ve muy bien durante la noche, pero cuando llega el día aprecia peor los colores”, ha asegurado a EFEverde el autor del libro, Xulio Gutiérrez, el cual ha sido publicado por la editorial Kalandraka.

El gibón calcula con exactitud las distancias 

El gibón, un pequeño primate de la familia de los homínidos que habita en el dosel arbóreo, tiene que calcular con exactitud las distancias entre las ramas porque un fallo en un salto de diez metros “le puede acarrear la muerte”.

“Sólo aquellos que cuentan con una visión muy precisa para deducir el espacio existente en cada uno de los brincos pueden sobrevivir”, ha señalado Gutiérrez, quien afirma que para esta especie también es “muy importante” reconocer las tonalidades de las frutas para saber cuáles están maduras, así como para distinguir las comestibles de las venenosas.

MA01 Fuengirola (Málaga), 19-07-2005.- Nancy, una hembra gibón, especie protegida de primate originaria del sudeste asiático, amamanta a su cría Ares, que ha nacido hoy en el zoológico malagueño de Fuengirola, bajo un programa europeo de reproducción en cautividad. EFE

El gibón tiene que calcular con exactitud las distancias entre las ramas porque un fallo en un salto de diez metros le puede acarrear la muerte. EFE

Camarón mantis

El camarón mantis, un crustáceo emparentado con la gamba y la cigala, reside escondido entre algas y piedras en el fondo del mar, donde existe “una iluminación muy intensa y aparecen una gran cantidad de reflejos a poca profundidad”.

Por ello, este artrópodo puede eliminar todos los destellos visuales “como si llevase unas gafas polarizadas”, es decir, “absorbe la luz y tiene la capacidad de observar dentro del agua como nosotros en la superficie”.

Su modo de ataque consiste en propinar un golpe de gran potencia con sus “pinzas especiales”, por lo que han de disponer de una perfección visual; “no ve el agua, por lo que un pez que nade por delante de él es como si permaneciese en frente nuestra”.

El caracol posee un sentido visual “muy malo”

Otro de los animales que aparece en el libro es el caracol común, cuyo sentido visual es “muy malo”, ya que apenas distingue siluetas monocromáticas a muy corta distancia, y se introdujo en el manual como contraste para “comprobar cómo eran los ojos primitivos de nuestros ancestros hace quinientos millones de años”.

El sentido visual del caracol común es muy malo.EFE/ BERND THISSEN

El sentido visual del caracol común es muy malo.EFE/ BERND THISSEN

En el caso de los humanos, este experto ha explicado que necesitan distinguir bien los colores y ver a un rango de profundidad “suficientemente amplio” acorde con “aquel ecosistema primitivo de cazadores y recolectores de la sabana”.

Los homínidos: una visión propicia para una alta luminosidad 

“Los homínidos contaban con una visión propicia tanto para una alta luminosidad como para una larga distancia, y desde su origen se acostumbraron a la vida diurna a diferencia de otras especies como el perro o el gato, los cuales apenas ven de lejos”, ha precisado el biólogo.

La evolución hizo que los seres humanos optaran por acechar a los depredadores que les rondaban, como leopardos y tigres, a través del sentido de la visión y, en este sentido, el can optó por el olfato y la lechuza por el oído.

“Si no veías bien, te comían y, por ello, los miopes eran devorados”, ha apuntado Gutiérrez, quien matiza que los genes de la miopía eran “muy reducidos” en aquella época, los cuales han aumentado desde que no hay una presión en la selección.

En este sentido, la ventaja añadida residía en el que el individuo con una determinada patología o deficiencia “era protegido por el resto del clan siempre que hubiese una contrapartida”.

“Quizás el miope fuese muy bueno tallando hachas de piedra y mereciera el respaldo por parte de los miembros del grupo”, ha señalado este experto, quien precisa que este factor de evolución ha sido la causa del desarrollo de un cerebro prominente que ha permitido “comprender con precisión los mecanismos de conducta necesarios para vivir dentro de la comunidad”. EFEverde




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