CENTENARIO DELIBES

Miguel Delibes, un apasionado de la Naturaleza que supo retratar en su obra

Miguel Delibes de Castro con el libro La Tierra Herida, escrito junto con su pade. EFE/J.C. Hidalgo

Myriam Domínguez Seda. -EFEverde.- España La obra literaria de Miguel Delibes “no se entiende sin su amor a la Naturaleza y el medioambiente”, asegura a Efe Fernando Zamácola, director de la Fundación Miguel Delibes, puesto que “es casi imposible encontrar un libro suyo en el que no haya un guiño al campo”.

Su pasión por el mundo natural radicaba “en buena parte en la caza”, afición que cultivó durante años y durante la cual iba tomando notas en pequeños cuadernos que llevaba consigo y posteriormente se convertirían en textos como ‘El libro de la caza menor’ (1964), ‘Aventuras, venturas y desventuras de un cazador de rabo’ (1977) o ‘Las perdices del domingo’ (1981).

Pero sus preocupaciones ambientales no se reducían a este ámbito sino que abarcaban todas las relaciones entre el ser humano y su entorno natural y, de hecho, los problemas a los que hacía referencia hace más de 40 años “siguen siendo temas prioritarios de esta agenda”.

Zamácola ha destacado que, durante su discurso de toma de posesión como académico de la Real Academia Española el 25 de mayo de 1975, titulado ‘El sentido del progreso en mi obra’, Delibes “no habló sobre literatura o aspectos concretos del lenguaje sino de la importancia de salvaguardar el medioambiente”, en lo que fue una “carta de amor a la Naturaleza, a la vez que una firme advertencia para cuidar de ella”.

“El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro”, aseguraba el escritor en este discurso en el que comparaba la “amputación” del lenguaje con la del paisaje, en un “progreso” como el del mundo contemporáneo que en realidad no consideraba como tal.

Su mensaje se articulaba desde una perspectiva “muy valiente y muy bien fundada y podría decirse que visionaria”, ha añadido a Efeverde el portavoz de Ecologistas en Acción Valladolid, Javier Gutiérrez Hurtado, ya que “hace 45 años muy poca gente en España hablaba de este asunto y se mostraba comprometida con el medioambiente”.

DE PROVINCIAS

Su actitud, ciertamente, no fue entendida por algunos académicos, que descalificaron su parlamento como “de provincias”, con una óptica “rústica, rural y retrógrada”, pero él “había pasado la mitad de su vida al aire libre y, entre las pocas cosas de las que dijo arrepentirse, una era la de no haber pasado la vida entera”.

Siendo director del periódico ‘El Norte de Castilla’, tuvo “varios ofrecimientos para instalarse en Madrid, por ejemplo para dirigir el diario ‘El País’, pero nunca quiso abandonar su tierra y sus costumbres”, ha destacado Gutiérrez.

De esta manera, “dignificó el trabajo desde las provincias”, pues “una obra universal no tiene por qué depender de una gran capital, se pueden crear cosas importantes desde sitios mucho más pequeños y tranquilos, como hizo él”, concluye.

Delibes, que vivió toda su vida entre Valladolid y Sedano (Burgos), firmó su trabajo más ecologista, según Zamácola, en ‘Tierra herida’, un texto elaborado en colaboración con uno de sus siete hijos, Miguel Delibes de Castro, biólogo y naturalista, donde el padre plantea a su hijo sus preocupaciones medioambientales.

“Escribió del mundo rural cuando a sus habitantes les llamaban pueblerinos, catetos o ignorantes…, pero él recuperó un lenguaje que se perdía y ensalzó una forma de vida que, ahora que atravesamos una pandemia y pasamos tanto tiempo encerrados en nuestra casa, nos hemos dado cuenta de que es bastante sana”, concluye el director gerente de su Fundación. 

Delibes discurso de ingreso en la RAE




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