TEMPORAL GLORIA

El CSIC pide una gestión más sostenible de la costa tras la borrasca Gloria

Voluntarios limpian playa de Arenys de Mar (Barcelona) tras el temporal Gloria. EFE/Alejandro Garcia

Un informe elaborado por investigadores del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona evidencia los estragos que causó la borrasca Gloria entre el 19 y el 24 enero y propone cambiar la gestión del litoral y la cuenca hidrográfica para mejorar la respuesta a fenómenos similares.

El temporal devastó la costa, infraestructuras turísticas y de comunicación terrestre y marítima y ocasionó graves afectaciones a los ecosistemas marinos, según el documento, elaborado con observaciones por satélite y datos tomados por boyas y mareógrafos y por los propios científicos en el litoral de Cataluña.

El informe constata que el litoral de la costa mediterránea y las Islas Baleares sufrió “una fuerte erosión en playas, inundaciones y destrucción de infraestructuras, como escolleras o mobiliario urbano”.

Las olas más grandes se registraron en el Golfo de Valencia, donde alcanzaron 8,4 metros, mientras que en la Costa Brava la altura máxima fue de 7,9 metros.

borrasca temporal Gloria enero 2010

Varias personas observan los destrozos causados por la borrasca “Gloria” en El Perelló (Valencia). EFE/ Juan Carlos Cárdenas

El nivel del mar subió por el viento y el oleaje, con elevaciones de hasta 54 centímetros en Valencia y 26 en Barcelona.

El geólogo del ICM-CSIC Jorge Guillén explica que, durante la borrasca, la erosión hizo retroceder la línea de costa y afectó a todas las playas, de forma más intensa a las abiertas, orientadas hacia el este y noreste.

Más frecuentes y violentos

“Estos fenómenos climáticos podrían ser más frecuentes y violentos y para evitar mayores afectaciones hay que empezar a tomar medidas”, advierte Josep Lluís Pelegrí, físico oceanográfico del ICM-CSIC.

Lo primero debe ser “tomar medidas rutinarias del medio marino para determinar su estado medio actual, las tendencias y el grado de variabilidad y estudiar el grado de sensibilidad de los diferentes ámbitos costeros”, según Pelegrí.

El oceanógrafo reclama una gestión del litoral más “naturalizada y sostenible” porque solo así se podrán “hacer medidas preventivas y evolucionar hacia una filosofía más natural de desarrollo del litoral, con espacios que se autorregulan como parte de las dinámicas propias del medio marino”.

Según el informe, en la semana posterior a Gloria, el Mediterráneo vivió un incremento anormal de fitoplancton, aunque reconoce que es pronto para determinar su efecto.

“Observamos que la clorofila, indicador de la biomasa en los organismos, había subido tras Gloria y las algas mostraban un mayor crecimiento tras estabilizarse el movimiento del agua”, según Francesc Peters, biólogo en el ICM-CSIC.

Uno de los fenómenos más curiosos fue la formación de más de medio metro de espuma marina en las calles de Tossa de Mar (Girona), que los expertos atribuyen a la agitación de materia orgánica como una de las causas, aunque desconocen las circunstancias específicas, ya que no se produjo en playas o calas adyacentes.

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Cientos de peces aparecen en las playas tras el  temporal causado por la borrasca Gloria. EFE/Manuel Bruque

Pesca y acuicultura

El informe también recoge cómo el temporal afectó considerablemente a la pesca, ya que la actividad cesó durante toda la semana y muchos utensilios pesqueros situados en el mar, como fondeos de artes fijas, fueron desplazados o destruidos.

Sin embargo, los expertos también subrayan que la borrasca puede ser positiva para la pesca a medio plazo por su efecto sobre los ecosistemas marinos.

Ríos como el Tordera, Besós o Fluvià aportaron muchos sedimentos y nutrientes a la zona litoral.

“La precipitación fue tan fuerte que la descarga de ríos trajo muchos nutrientes y se prevé que, a medio plazo, tenga un impacto positivo en las redes tróficas, lo que podría incrementar las poblaciones de peces”, según Pelegrí.

En la acuicultura, la producción de atún en L’Ametlla de Mar (Tarragona) se vio muy afectada y muchos atunes murieron y se depositaron en el fondo marino, lo que supuso alterar el ecosistema y aumentar la materia orgánica en descomposición.

Según el informe, más de 3.000 atunes Thunnus thynnus fueron expulsados de la red debido al oleaje. EFEverde

 

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