CUMBRE CLIMA

Un crisol multiétnico implora “auxilio climático” en la cumbre de Madrid

Participantes en las instalaciones de Ifema dentro de la tercera jornada de la Cumbre del Clima que se celebra estos días en Madrid. EFE/Chema Moya Participantes en en la cumbre del clima de Madrid.EFE

Amaya Quincoces Riesco. Más allá de altos funcionarios, un crisol multiétnico salpicado de turbantes, velos, ponchos, túnicas y plumas deambula por los grises pabellones de la cumbre del clima COP25 en Madrid cuya presencia escenifica en ese escenario un grito de auxilio frente a la crisis climática.

Desde Bangladesh hasta el Congo, pasando por Guinea, Honduras, Mozambique, Indonesia… todos estos países y decenas de muchos más hasta casi 200, tienen su hueco en esta cumbre mundial del clima, que se celebra hasta el día 13 de diciembre en Madrid.

Aun no habiéndose beneficiado, ni de lejos, del mundo desarrollado, ni del consumismo voraz, los humos occidentales de la revolución industrial y su impacto climático, que no tiene fronteras, están llegando a todas las partes del mundo.

“Es muy injusto que quienes no tienen ninguna responsabilidad en la crisis climática causada por el dramático incremento de emisiones contaminantes por actividades humanas vayan a ser ahora los más perjudicados”, lamenta Renato Redentor Constatino, director ejecutivo del Instituto para el Clima y las Ciudades Sostenibles ICSC, en el marco de la COP25 de la ONU.

Muchos de estos protagonistas silentes llegados a la cumbre en Madrid desde los lugares más recónditos del mundo con la ayuda de organizaciones no gubernamentales y fundaciones, no tienen frigorífico en sus casas, ni luz, ni teléfono, ni coches, ni nada que contamine o pueda contaminar.

Indígenas y comunidades locales

Aunque todos los países están representados por sus delegaciones oficiales y tienen derecho a intervenir en sesiones plenarias, varios grupos de indígenas y otras comunidades locales claman por sus derechos desde numerosos rincones del recinto y protestan contra gobiernos y multinacionales que arrasan su recursos ancestrales y su forma de vida tradicional en pro de la modernidad y las patentes.

Algunas mujeres indígenas con la cara pintada como sus antepasados que veneraban la naturaleza y que ellas siguen haciendo, y con sus brazos tatuados, al descubierto, con sus abigarradas túnicas sin mangas, trasiegan silenciosamente por los pabellones.

Otras sin embargo sí se dejan oír: “no queremos que sigan destruyendo nuestro hábitat, ni nuestros bosques, ni contaminando nuestros ríos dejándonos sin sustento”, aseguró a Efe la representante de una comunidad indígena en Brasil, que no quiso identificarse.

En estos pabellones gestionados por Naciones Unidas se ven además hindúes y jóvenes entusiastas de todas las nacionalidades comprometidos con el clima.

Como ejemplo, el espacio dedicado al organismo Internacional de la Francofonía, en donde los asistentes son advertidos del riesgo de mayores olas de calor, sequías, inundaciones, tornados y de la falta de alimentos que provocará la crisis climática, que conllevará éxodos masivos de poblaciones a territorios con condiciones más habitables.

Un escenario apocalíptico

Y todo apunta, según las advertencias de los expertos de que este escenario encaminado al apocalipsis si no se evita a tiempo, vendrá acompañado además de un aumento del nivel del mar a causa del hielo derretido de los polos por el calentamiento global que hará que muchas pequeñas islas desaparezcan, especialmente en el Caribe y el Pacífico.

Como pincelada destacable de sostenibilidad entre los pabellones y ejemplo no de pobreza sino de entorno orográfica y climatológicamente hostil como el desierto, destaca el espacio dedicado a Catar, donde un grupo de mujeres con túnicas y velo negro explican los avances en energía no contaminante en este pequeño emirato árabe.
“Tenemos ya ocho estaciones de recarga de vehículos eléctricos, pero pronto habrá muchas más”, explicaron sus responsables a Efe.

Y como telón de fondo, la naturaleza desplegada en sus mayores dimensiones, con imágenes de bosques, ríos, lagos, montañas paradisíacas y fauna salvaje, proyectadas en pantallas gigantes en el recinto de este evento.

Un escenario salpicado de retazos de naturaleza no solo en imágenes sino también reales por todos los rincones, con limoneros, cargados de aromáticos limones, olivos, madroños, enredaderas, orquídeas, palmeras, y todo ello con el colofón de unos gorriones que también han encontrado hueco en el recinto, revoloteando por la sala de prensa. EFEVerde

 

Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com