CUMBRE CLIMA

Un sábado en la cumbre de los pasos perdidos

EFE/Emilio Naranjo

Cristina Yuste y Rafael González.- EFEverde.- Lo bueno de estar un sábado en la COP25 es que los 720 pasos que separan el control de acceso de la sala de prensa permiten contrastar algunos de los rumores escuchados de lunes a viernes, disfrutar de esos esperados cafés con compañeros o descubrir otras peculiaridades dignas de una crónica.

Obligatorio: ponerse uno de esos relojes inteligentes que miden los pasos y el ritmo cardíaco, y así llegar a casa con la sensación del deber “deportivo” cumplido; hoy no está el cuerpo para gimnasios.

EFE/Cristina Yuste

Los compañeros más “deportistas” -los fotógrafos- aseguran que a media mañana de un día laborable cualquiera, ya han cubierto cuatro kilómetros sin salir de este “centro deportivo” en que se ha convertido Ifema, y recorren de media unos diez kilómetros diarios, pero el sábado los pasos se quedan en 2.000, más o menos un kilómetro y medio.

También es cierto que la actividad se reduce mucho en relación a los primeros días de la cumbre, y tanto tiempo libre da para dormir sobre la funda del ordenador o cumplir con las obligaciones espirituales, lo que viene siendo rezar si es necesario.

Huele a calamares. Sí, a calamares, un impregnante olor -diluido durante la semana por la gran afluencia de público- que el sábado invita a pecar, muy cerca de quienes optaron por rezar.

EFE/Alberto Jiménez

Si se sigue el rastro, es imposible no darse de bruces con la furgoneta que vende por 5 euros -banderita española incluida- un bocadillo repleto de cefalópodos, un auténtico manjar madrileño, consagrado ya por los extranjeros como “bien inmaterial de la humanidad”.

Y, como son vísperas navideñas, los Reyes Magos ya se han dado una vuelta por Ifema y, aunque no han dejado regalos, si han venido cargados de cajitas de carbón, que han dispuesto sobre un estante de la Zona Verde; ¿cree usted que lo merece? Pase y sírvase usted mismo.

Y, ¿dónde está el café gratis? Pues en fin de semana es posible responder a esta pregunta, tras días buscando la pista; aunque, eso sí, una vez se localiza, prepararlo se convierte en una auténtica odisea: conseguir una botella vacía, buscar una fuente, rellenar la cafetera y, lo más difícil, elegir la opción deseada y… acertar.

Si el sábado amanece soleado, como es el caso, cambia la indumentaria de muchos de los participantes: flores en el pelo, vestidos estampados y mangas de camisa, con el siempre agradable canto de los pájaros apostados en las ramas de los escasos árboles del recinto.

Hablando de pájaros: la propia sala de prensa, un espacio enorme donde se aprecia el trasiego y alboroto periodístico, tiene sus propios gorriones, ávidos de las migas sobrantes de los bocadillos e improvisados tentempiés que cargan las pilas entre tanto trabajo.

El sábado es también el día para reponer los maceteros que adornan los espacios de esta cumbre y que el calor y la falta de humedad deterioran sin piedad; las plantas desechadas vuelven a recuperarse en los viveros y las nuevas a deleitar la vista a los transeúntes.

Pero ojo, esta labor de mantenimiento, que los encargados realizan con total profesionalidad, puede “estropear” más de una entrevista si el azar hace coincidir ambas tareas; elegir un lugar vistoso puede también jugar una mala pasada.

Y, si la entrevista es a cámara, al finalizar habrá una fila de gente esperando a que “ese profesional de la imagen”, como si de un fotomatón se tratase, sea el encargado de captar las fotos de cada uno de los dispositivos que llevan encima para, una vez en casa, poder decir: “Mamá, yo estuve en la COP”. EFEverde

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