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El confinamiento lleva una inusual tranquilidad a los animales del zoo

Mariano Cuadrado da de comer a unos camellos del Zoobotánico de Jerez. EFE/ Román Ríos

María José Romero.- EFEverde.- Sin público y con sus cuidadores ataviados con mascarillas y guantes, los animales de un zoo viven con este periodo de confinamiento una situación inédita de silencio y tranquilidad que muchos de ellos agradecen, aunque otros, como los chimpancés, estén echando de menos ver gente.

“En este tiempo no hemos notado ningún cambio importante en los animales, aunque sí es cierto que los que se observan son para mejor”, cuenta en una entrevista a Efe Mariano Cuadrado, biólogo conservador del Zoobotánico de Jerez.

El confinamiento de la población ha dado a los animales en libertad una oportunidad de vivir sus ciclos en la intimidad, sin la presencia y las molestias de la presencia humana.

También en los zoos, donde los animales viven ya de por si confinados, y donde este tiempo, desde sus jaulas y espacios acotados, prosiguen su vida sin espectadores ruidosos que enturbien su tranquilidad.

Silencio y tranquilidad

El bullicio dentro de los zoológicos suele ser mayor en primavera, cuando se reciben más visitas.

“Estamos mucho más tranquilos”, confiesa Mariano Cuadrado, quien asegura que “ahora que vivimos en un mundo más silencioso, se escucha mejor y con más facilidad el canto de los pájaros y los sonidos propios de la naturaleza”.

Un silencio que viene bien porque es en estos meses de primavera cuando se produce la reproducción de numerosas especies, por lo que los animales “están más delicados”.

Juan, uno de los cuidadores, atiende a un grupo de monos titi emperador. EFE/Román Ríos

En este mes de confinamiento han nacido al menos tres nuevas crías de dos especies diferentes, dos muflones y un martinete.

“Aquí en el Zoo los cambios que se han dado son para bien. La ausencia del publico está permitiendo que los animales tengan comportamientos más naturales”, asegura.

Rubén Pérez Carvajal, delegado municipal de Bienestar Animal en el Ayuntamiento de Jerez, comenta a Efe que el Zoobotánico es ahora “un paraíso, una explosión de vida por la primavera. Es una pena que no sea visitable”.

Aunque parece que los animales están disfrutando de un entorno menos ruidoso, hay especies como los chimpancés que “están acostumbrados a tener siempre público” y “están echando de menos a la gente”.

Protocolo de seguridad

El Zoobotánico de Jerez cerró sus puestas el pasado 13 de marzo, antes de decretarse el estado de alarma en todo el país.

Se pusieron en marcha los protocolos de seguridad para garantizar el contagio cero de la plantilla y de los propios animales, una preocupación que se acentuó después de conocerse que un tigre del zoo de Nueva York se había contagiado de coronavirus.

Los cuidadores usan mascarillas, guantes y en ocasiones caretas protectoras. “Igual que el resto de todos los españoles”, dice Cuadrado, que explica que se evita el contacto con animales que sean de riesgo ante la posibilidad de que sea posible el contagio entre los felinos.

En el Zoobotánico de Jerez conviven 182 especies distintas y 874 animales.

Actividad durante el confinamiento

El Zoo de Jerez ha tenido que reinventarse en este mes de confinamiento para seguir realizando sus actividades educativas y mostrar cómo la vida animal se abre paso a puerta cerrada.

Lo hace a través de su perfil de Facebook, donde se han publicado 116 entradas para llevar el zoo a las casas.

En ellas presentan las nuevas crías que han nacido en este periodo o difunden mensajes como el que publican este domingo, en el que un águila pescadora lleva “fuerza y energía” a los ciudadanos en el confinamiento y porta un mensaje positivo: “Pronto, cuando todo esté bien, vas a mirar hacia atrás y estarás contento de ver que nunca te rendiste”.

O muestran cómo, a pesar de quedar en libertad, algunos de los animales que han crecido en el zoo han optado por vivir su particular confinamiento muy cerca de este espacio.

confinamiento zoo

Uno de los cuidadores da de comer a un grupo de flamencos rosas. EFE/Román Ríos

Es el caso de Wisdom, un flamenco que hace más de dos meses decidió abandonar la seguridad de su familia en el Zoobotánico de Jerez y volar en libertad a conocer mundo.

“Lo que no se imaginaba es que tan cerca del zoo, a apenas 14 kilómetros, encontraría un paraíso para su especie”, dice la entrada.

Se trata de una salinas de Puerto Real, muy ricas en artemia, el crustáceo que constituye la base de la dieta de los flamencos y cuyos pigmentos tiñen sus plumas de su característico color rosado, y que albergan permanentemente a una población de más de un millar de individuos de esta especie.

Los responsables del Zoo ya han empezado a pensar que, cuando puedan abrir sus puertas, las visitas deberán adaptarse a nuevas circunstancias para seguir manteniendo la seguridad del público y de los animales.

Mientras ese momento llega, la naturaleza sigue su curso y en el Zoo de Jerez los animales disfrutan de un periodo de paz que no saben hasta cuándo les durará. EFEverde

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