BIODIVERSIDAD COVID

El confinamiento convierte las ciudades en un “oásis efimero” para los animales

palomas ciudad Plaza de Cataluña de Barcelona, el 23 día de confinamiento EFE/Marta Pérez

Barcelona (EFEverde).- Los ecólogos, que han visto que el confinamiento humano en las ciudades incluso ha hecho variar el canto de algunos pájaros y el comportamiento de palomas, gaviotas y ratones en busca de alimento, advierten que este oasis urbano para los animales es “efímero” y puede ser “una trampa ecológica” para ellos.

Según los investigadores del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB) Daniel Sol (CSIC), Oriol Lapiedra y Aina García, para muchas especies, la prácticamente nula actividad humana “habrá sido una trampa ecológica y una falsa percepción de que las ciudades son un lugar para vivir” porque algunas especies pueden dejar de percibir a los humanos como un peligro.

Aunque los ecólogos reconocen que no disponen de datos fiables y contrastados sobre el impacto que tiene sobre la fauna el confinamiento de las personas en las ciudades, si han observado cambios en el comportamiento de las especies e incluso se aventuran a anticipar que se producirá un incremento local de la biodiversidad.

Pero también insisten en que es probable que estos cambios sean efímeros y la mayoría de sus consecuencias desaparecerán cuando la actividad humana vuelva a niveles similares previos a la epidemia.

Los tres investigadores insisten: “Para muchos animales, el coronavirus sólo habrá sido una trampa ecológica, es decir, una falsa percepción de que las ciudades son lugares adecuados para vivir”.

La trampa ecológica, explican, es la situación en que las condiciones del ambiente inducen a los animales a percibir un hábitat como apropiado para vivir o reproducirse cuando, en realidad, no lo es.

Ponen como ejemplo el de insectos efemerópteros, que ponen los huevos sobre el asfalto, porque la luz polarizada que produce se confunde con la de la superficie del agua donde habitualmente se reproducen.

Por eso dicen que el confinamiento expone a los animales a “condiciones que pueden tener poco que ver con las que experimentarán en el futuro, cuando las personas y los coches vuelvan a las calles”.

“Si, por ejemplo, los pájaros aprovechan el bajo nivel de perturbaciones humanas para criar en zonas donde antes no lo hacían, la reproducción podría fracasar una vez la actividad recupere cierta normalidad”, alertan.

Los ecólogos han comprobado que en las ciudades algunos pájaros, como los herrerillos, cantan a una frecuencia más alta que fuera de los núcleos urbanos, posiblemente un mecanismo para evitar que el sonido pase desapercibido debido a los ruidos de la ciudad, que suelen ser de frecuencia baja, sobre todo debido a los motores de los vehículos.

Señalan como particularidad de las zonas altamente urbanizadas que su fauna está dominada por unas pocas especies muy abundantes, como palomas, gaviotas o ratones.

“La proliferación de estas especies en las ciudades tiene mucho que ver con su capacidad de aprovechar el alimento generado por la actividad humana. Liberados de competidores y enemigos, su número puede crecer hasta convertirse en plagas”, advierten, aunque también admiten que estos días, la disminución de la actividad humana puede reducir la abundancia de alimento y afectar a las especies que son más dependientes.

Las reservas que algunas especies muestran respecto de los humanos es otro comportamiento que se puede ver alterado en tiempos de confinamiento, según Sol, Lapiedra y García, que recuerdan que el miedo que los animales experimentan ante los humanos explica, en parte, la baja biodiversidad en los centros de las ciudades.

Sin embargo, estos días han podido verse jabalíes paseando por la Avenida Diagonal de Barcelona y en el distrito de Tetuán de Madrid, delfines saltando junto a las playas mediterráneas, aves pavonearse por muchas ciudades castellanas, rebecos campando junto al río que pasa por Montcada i Reixac (Barcelona) o zorros en jardines de L’Ametlla del Vallès (Barcelona) o de Amposta (Tarragona).

“Es posible que la reducción de la actividad humana haga aumentar la diversidad de animales en las ciudades, sobre todo en aquellas especies que tienen más capacidad de dispersión y que son más abundantes fuera de la ciudad”, señalan los ecólogos, que recuerdan que estos días también se han visto depredadores como pumas en Chile o leopardos en India.

“Hoy no disponemos de suficiente información para estimar el impacto real del confinamiento sobre la fauna. Para hacerlo hay que documentar los cambios en el comportamiento de los individuos y sus efectos sobre las dinámicas poblacionales antes, durante y después del confinamiento y compararlos con datos de lugares similares donde no se haya producido el aislamiento obligatorio”, reconocen.

Según los ecólogos, “estos datos son difíciles de obtener, pero a partir de la experiencia de la ecología sobre la relación entre animales y personas, podemos afirmar que el confinamiento puede producir cambios importantes en la fauna”.

“La posibilidad de que unas pocas semanas de confinamiento puedan alterar el comportamiento y diversidad de animales debería hacernos reflexionar sobre hasta qué punto estamos creando ciudades que son poco habitables“, concluyen. EFEverde




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