AGRICULTURA EXPANSIVA

El coco, un fruto “venerado” cuya moda amenaza su cultivo originario y ecológico

  • El coco corre el peligro de caer bajo la agonía de los pesticidas y la sobreexplotación, porque “se ha puesto de moda en occidente”, según Josefina Llargués.

El coco, un fruto Vendedor de cocos en el balneario de Boca Chica, en República Dominicana. EFE/Orlando Barría

EFEVERDE.- El coco, uno de los alimentos más completos para la nutrición de muchos pueblos que lo han cultivado a lo largo de los siglos, en la actualidad corre el peligro de caer bajo la agonía de los pesticidas y la sobreexplotación, porque "se ha puesto de moda en Occidente", según Josefina Llargués.

Entre los pueblos donde crecía el coco, éste siempre ha sido cultivado de forma limpia y ecológica, pero con la implantación de la moda por su aceite en Occidente, la tradición de los cocoteros venerados como “Árbol de vida” ha pasado a formar parte de un negocio dirigido a satisfacer la demanda de los países desarrollados.

La autora del libro “Aceite de coco. Un regalo de la naturaleza”, Josefina Llargués, licenciada en psicopedagogía y amante de la salud y de la nutrición y su relación con el cerebro, explicó a EFE la transición que ha sufrido el cocotero.

“El coco es una fruta esencial en la dieta tradicional de la población de muchas zonas del planeta y ha alimentado a millones de personas durante generaciones”, ha señalado la autora del libro.

El aceite de coco, alimento básico para los pueblos subdesarrollados ha sido muy desprestigiado en los países occidentales, donde durante muchas décadas se ha considerado que las grasas eran malas para la salud.

RUN48 SAMUI (TAILANDIA) 06/08/09.- Kai Lek, una mona de 7 años, se entrena en la práctica de recolectar cocos en el Teatro de Monos de la isla de Samui, sur de Tailandia, hoy jueves 6 de agosto. El Teatro de Monos es una atracción turística popular que exhibe a pequeños monos entrenados para representar varios espectáculos como tocar la guitarra o una demostración de recolección de cocos. Samui está llena de cocoteros y los residentes entrenan a sus monos para ayudarles en sus plantaciones de cocos. EFE/Rungroj Yongrit

Kai Lek, una mona de 7 años, se entrena en la práctica de recolectar cocos en el Teatro de Monos de la isla de Samui, sur de Tailandia. EFE/Rungroj Yongrit

En la actualidad, nutricionistas y especialistas consideran que los elementos que pueden dañar a la salud no son los aceites sino los carbohidratos y los azúcares que, sin embargo, son los que se ven en mayor cantidad cada día entre los alimentos.

Los beneficios del coco al descubierto

Se ha comprobado que el aceite de coco puede ser tonificante y actuar favorablemente en el sistema inmunológico, “que nos aporta una energía inmediata porque se metaboliza de forma distinta a otras grasas; que favorece la salud cardiovascular y digestiva y, en contra de lo que se pensaba tradicionalmente, regula el funcionamiento de la tiroides, por lo que nos ayuda a mantener un peso adecuado”.

Además, a nivel cosmético “también es una excelente grasa que no tiene ningún tipo de contraindicación. Estas serían las principales propiedades que tendría el aceite de coco”, ha subrayado Llargués.

Debido a los factores saludables del aceite de coco, su demanda ha crecido de forma exponencial en occidente y, en la actualidad, su oferta está liderada por los países asiáticos, entre cuyos principales productores, según la FAO, se encuentran Indonesia, Filipinas e India, que aportan alrededor del 72 % de la producción total mundial, seguidos de Brasil, Sri Lanka, Tailandia, Vietnam, México, Papua Nueva Guinea, Malasia, Argentina y Birmania.

“El coco representaba una importante fuente de alimento, bebida, refugio, y sustento para las familias con menos ingresos y la sostenibilidad de su entono”.  Además, -continúa Llargués- “su cultivo estabilizaba los sistemas agrícolas, especialmente en ambientes frágiles como pequeñas islas, atolones o zonas costeras, y generaba los ingresos necesarios para la subsistencia de los pequeños productores, así como empleo e ingresos con divisas, con la exportación a otros países”.

Pero, debido al aumento de la demanda entre los países desarrollados, se han instalado muchas más plantaciones de cocoteros, lo que ha provocado problemas entre las poblaciones que tradicionalmente vivían de este alimento, y ha terminado por afectar, como tantos otros cultivos expansivos, a los países originarios de esta planta.

“Deberíamos plantearnos un consumo más responsable”

“Deberíamos plantearnos un consumo más responsable y ver de dónde procede aquello que me voy a comer o lo que me voy a poner en la piel, y ver si mi huella ecológica no va a ser importante en la población donde se cultiva”, se ha lamentado Llargués.

“Hay muchas extensiones de cultivo de cocos para abastecer la demanda y muchas veces los agricultores no están bien tratados, por eso recomiendo utilizar aceite de coco virgen que no haya sido tratado con pesticidas y que, además, sea de comercio justo, que también es una forma de garantizar que esas personas que están trabajando para nosotros, reciban un salario digno”, ha señalado la especialista.

El impacto negativo para el medio ambiente de la industria del coco está íntimamente relacionado con las plantaciones de cocoteros. A medida que los cocoteros envejecen y decrece su fertilidad, los agricultores incrementan la plantación de árboles para mantener un nivel de producción constante y atender la creciente demanda del mercado.

aceite de coco portada

Esta actuación comporta el reemplazo de plantas nativas de palma cocotera y, en muchos casos, el empleo de fertilizantes químicos para aumentar la cosecha, con la consiguiente contaminación de la tierra y del agua, y el impacto perjudicial para la biodiversidad de la zona y la salud de la población.

“Básicamente el problema deriva de la fuerte demanda en occidente del aceite de coco. Desgraciadamente, en nuestra cultura, algo se pone de moda rápidamente se despoja a estos pueblos de zonas para cultivar otros alimentos necesarios para su completa alimentación” se ha lamentado Josefina Llargués. EFEverde




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