DESARROLLO SOSTENIBLE

Lograr ciudades más sostenibles requiere voluntad política, según experto

Templete del parque de El Retiro en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

Lourdes Uquillas.- La recuperación de los espacios públicos para las personas en las ciudades y su reverdecimiento son retos a los que muchas urbes se han apuntado en los últimos años en detrimento del espacio para vehículos y motos, con el fin de ampliar zonas verdes, reducir las emisiones y fomentar el ahorro de agua.

Esta recuperación de espacios en las urbes se ha hecho más necesaria durante la crisis sanitaria de la Covid-19, cuando muchas personas tras el confinamiento han buscado la naturaleza y zonas verdes tras el confinamiento y donde poder evitar los contagios.

Ciudades sostenibles

La Comisión Europea se ha planteado la reducción de emisiones de al menos el 55 % para 2030. Ha propuesto que el 37 % de las inversiones del plan de recuperación tras el coronavirus, dotado con 750.000 millones de euros, se destinen al Pacto Verde.  

Según datos de Naciones Unidas, las ciudades en el mundo ocupan solo el 3 % de la superficie de la Tierra, sin embargo son responsables del consumo entre el 60 y 80 % de energía y del 75 % de emisiones de carbono a la atmósfera.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 11, de los 17 ODS de Naciones Unidas, se refiere precisamente a garantizar el derecho de las personas a vivir en ciudades y comunidades sostenibles, resilientes, inclusivas y seguras.

Sin embargo, la mala calidad del aire provoca la muerte de siete millones de personas cada año en las ciudades debido a altos niveles de contaminación atmosférica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Muchas ciudades en el mundo están ganando espacio al asfalto y al hormigón en beneficio de las personas con el fin de crear zonas verdes, reducir la contaminación del aire, del ruido y reducir la temperatura en las ‘islas de calor’ causadas por el calor que despide el asfalto.

Hace falta “voluntad política”

Imagen de Nacho Peña, de uso editorial cedida por Green Building Council España (GBCe), de su director general, Bruno Sauer. EFE

Para lograrlo es necesaria “voluntad política”, explica a EFE Bruno Sauer, arquitecto urbanista y director general de Green Building Council España (GBCe), una asociación sin ánimo de lucro que trabaja para promover la sostenibilidad en la edificación.

Precisamente GBCe, en el marco de la Semana de la Edificabilidad Sostenible del 21 al 25 de septiembre, acaba de publicar en EspañaEl valor social en los desarrollos urbanos. Guía introductoria para autoridades locales y equipos de desarrollo‘.

Sauer incide en que “falta voluntad política” para lograr una renovación urbana más profunda de las ciudades, porque es pensar en un nuevo modelo, donde “la persona esté considerada en el centro del debate”.

Apunta a una “reducción drástica del tráfico”, de lo contrario cualquier intento con un proyecto piloto o un proyecto de menor escala para plantar más árboles “no va a tener ningún impacto sobre los efectos del cambio climático, ni sobre la calidad del aire, ni para incrementar zonas para niños”.

Asegura que “no está en equilibrio” lo que algunas ciudades están haciendo para hacerlas más amigables para el peatón y el ciclista en la relación entre las proporciones de una urbe y el espacio que se ocupa para los coches y el destinado a las personas.

Liberar suelo para las personas

Para liberar suelo del asfalto y del hormigón en beneficio de las personas, “hace falta una revolución”, y si una ciudad decide hacerlo, “como primer paso es necesario hacerlo en un 50 % del espacio”.

Hasta no llegar a esta cifra, “cualquier intento de cualquier ayuntamiento que decide plantar árboles es una gota de agua en el océano, no tiene mucho impacto“, asegura.

Sin embargo, explica Sauer, esa liberación de espacio también plantea un problema técnico, porque debajo del asfalto “hay muchísima infraestructura urbana”, de telecomunicaciones, agua, gas y alcantarillado, “no somos conscientes de lo que hay”.

Reconducir esas instalaciones es un problema que “tiene costes altos”, pero asumibles, asegura.

Reverdecimiento de las ciudades 

Con el “reverdecimiento de las ciudades” se lucha tanto en adaptación como en mitigación de los efectos del cambio climático, “pero solo tiene sentido si se reducen los espacios contaminantes para los vehículos”.

Y, a la vez, se lucha contra el calentamiento global por el efecto ‘isla de calor’ producido por el calor que despide el asfalto. Todas son competencias en las que los ayuntamientos tiene “la totalidad de las actuaciones”, asegura.

El arquitecto urbanista explica que tras participar en algunos proyectos de renovación urbana en Valencia, ciudad donde reside, detectó resistencias a la plantación de árboles por parte de algunos vecinos por la reducción de plazas de aparcamiento, la proliferación de alguna especie de roedor o la suciedad que provocan algunas aves.

Resistencia que también detectó en algunos responsables municipales por los costes de mantenimiento de los árboles, pero “con un buen proyecto urbanístico paisajista se puede resolver”.

Sauer propone iniciar la reducción de plazas de aparcamiento con periodos de transición de “un 30 % de puestos, que se convierten en zonas verdes con la colocación de pavimentos filtrantes para el ahorro agua de lluvia destinado al riego de los árboles.

Con este tipo de riego se permite crecer más rápido a los árboles que en los alcorques, un espacio muy pequeño donde sufren “una especie de estrangulamiento, con consecuencias como mayor ataque de plagas y otras enfermedades o se acelera la caída de las hojas”.

El proceso implica una transformación compleja, pero se puede hacer bien, con pavimentos que permitan la filtración de agua, las revisión de las instalaciones subterráneas, una buena elección de especies de arbolado, tanto pequeños arbustos como árboles grandes.

Sistemas para el ahorro y almacenamiento de agua 

Para el ahorro de agua, explica Sauer que se puede realizar con la gestión de agua de lluvia, almacenándola en depósitos más localizados y cercanos para evitar que viaje unos cuanto kilómetros por el alcantarrillado hasta una depuradora.

Explica que en Holanda en las plazas públicas “trabajan con la topografía y hay ciertos espacios de hundimiento” donde -por ejemplo- los niños se reúnen o juegan, pero los días que llueve son puntos donde se acumula más agua, se guarda y poco a poco en los siguientes días va filtrándose hacia el subsuelo.

Esta filtración hacia el subsuelo “es lo básico”, el punto inicial para garantizar que todas las raíces se extiendan hacia donde puedan captar el agua.

La lluvia se puede mantener tanto por pavimentos drenantes como por superficies filtrantes o sellando ciertos puntos para reconducir el agua a puntos cercanos donde un pequeño lago puede ir filtrando durante un número de días el agua.

Estos se llaman sistemas de drenaje urbano (Urban rain sistems) y se puede acompañar con plantas que resistan vivir durante un tiempo con sequía y durante un número determinado de días nutriéndose del agua que se filtra poco a poco.

Gestión de aguas grises

Por otro lado, explica Sauer, se debe ir hacia la gestión en los barrios de aguas grises (agua con jabón de lavadoras, cocina o duchas) que vienen de las casas u oficinas. Es un agua bastante fácil de limpiar.

Es posible acumular y limpiar esas aguas también a nivel local de barrios, manzanas o distritos en vez de llevarla hasta una depuradora, transformándola en agua apta totalmente para regar las plantas de la zona.

“No es difícil, la tecnología existe, hay que buscar un lugar para lograr esa depuración y eso permitirá tener mucha más agua a nuestra disposición de la que actualmente tenemos. Trasportar el agua fuera es un error”, asevera.

Ciudades europeas sostenibles

Explica que en muchas ciudades de Europa se practican los dos sistemas. En Francia, dice, “que es un país con un conocimiento urbanístico muy potente”, en los últimos 10-15 años muchas ciudades han hecho este tipo de transformaciones.

Menciona Nantes, que es una ciudad que “tiene varios proyectos de transformación urbana”, donde han combinado la devolución del espacio público a las personas, pero con espacios diseñados para el drenaje natural de agua de lluvia. “Eso permite tener mucho verde salvaje, bonito y potente”.

En Holanda, también lo han hecho Amsterdam y Utrech, y en Berlín es una ciudad muy verde e impresionante para andar en bici, “es un ejemplo” donde se trabaja con la filtración de agua, las calles tienen mucho adoquín que no tiene capa de hormigón por debajo para permitir el filtrado del agua.

Pero el mejor ejemplo, sostiene el urbanista, es Copenhague, porque a gran escala de lo que es la relación ciudad con territorio, las grandes líneas y zonas verdes permiten que transpire muy bien.
Es una transformación de la ciudad que se inició hace décadas con los sistemas verdes, la filtración de agua, zonas de bicicletas, concluye el experto. EFEverde

 




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