INVESTIGACIÓN AVES

Las cigüeñas diseminan bacterias multirresistentes por comer en vertederos

Cigüeña blanca. Archivo EFE/EPA/Dimitris Tosidis

Un equipo multidisciplinar de científicos ha revelado que las cigüeñas blancas que se alimentan en los vertederos urbanos se contaminan con cepas multirresistentes de bacterias como la Escherichia coli, que pueden ser dispersadas posteriormente a largas distancias.

Un equipo multidisciplinar de científicos nacido de la colaboración entre el Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) y el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA-UAB), han llevado a cabo un estudio para entender cómo se dispersan estas bacterias que son resistentes a los antibióticos.

Conocer esto es clave para reducir y prevenir problemas futuros para los que existe un alto riesgo, ya que las bacterias multirresistentes podrían causar millones de muertes por infecciones comunes corrientes que actualmente no tienen importancia debido a que tienen tratamiento.

El estudio ha contado también con la participación de investigadores del Hospital Vall d’Hebron, de la SEO/BirdLife, de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Bacterias multirresistentes

Según han dado a conocer este martes los investigadores en un comunicado de prensa, los residuos de los antibióticos -que se usan en exceso, tanto en medicina humana como veterinaria- son considerados como sustancias contaminantes cuando alcanzan los ecosistemas.

Estos pueden persistir biológicamente activos durante largos periodos de tiempo tanto en ambientes terrestres como acuáticos, fomentando la aparición de bacterias resistentes.

Actualmente, estas bacterias multirresistentes, que han adquirido resistencia a un elevado número de antibióticos y son muy difíciles de tratar ante una infección, son consideradas como una de las amenazas más graves para la salud humana, animal y medioambiental, siendo actualmente responsables de más de 30.000 muertes anuales en la Unión Europea y de 700.000 a nivel mundial.

El papel de la fauna

Algunos estudios han sugerido que la fauna silvestre puede contribuir de forma significativa a diseminar las bacterias resistentes a los antibióticos en el medio ambiente, incluso entre ecosistemas distantes.

Las especies más directamente implicadas en este proceso de diseminación serían aquellas que, como la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), suelen buscar alimento en los escenarios en los que estas bacterias pueden ser especialmente frecuentes o abundantes, como los vertederos o las zonas con una intensa actividad ganadera.

Al ser aves migratorias capaces de viajar largas distancias, podrían contribuir significativamente a la diseminación de las bacterias multirresistentes.

Por otro lado, al ser especies silvestres no tratadas con antibióticos, especies como la cigüeña blanca podrían ser ideales como “especies centinela” de la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en el medio ambiente.

En su investigación, los científicos tomaron muestras de las cloacas de más de 460 ejemplares de cigüeña blanca pertenecientes a 12 colonias de 5 áreas diferentes en España.

Además, recolectaron 70 muestras de excrementos recientemente depositados en la base de nidos de la especie.

En estas muestras se aislaron las cepas de Escherichia coli que presentaban resistencias a antibióticos de última generación y la presencia de genes de resistencia, e identificaron los factores de riesgo para la adquisición de estos genes y bacterias.

Los resultados han revelado que las cigüeñas que se alimentan en los vertederos urbanos se contaminan con cepas multirresistentes de bacterias como la Escherichia coli, una bacteria de origen fecal que puede ocasionar infecciones en el ser humano por el consumo de agua o alimentos contaminados.

Además, quedó demostrado que las cigüeñas pueden dispersar las cepas de esta bacteria a largas distancias, iguales o superiores a los 250 kilómetros.

Por otro lado, han demostrado que estas bacterias parecen no persistir en el tracto digestivo de las cigüeñas durante mucho tiempo y tampoco se detectan de una estación del año a otra, lo que convierte a las cigüeñas en buenas centinelas de la presencia de bacterias multirresistentes en una zona concreta. EFEverde

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