BIODIVERSIDAD LIBRO

El científico David G. Jara: queda mucho que aprender de las plantas

El científico David G. Jara: queda mucho que aprender de las plantas Foto de uso editorial cedida por el doctor y licenciado en Bioquímica, David González Jara. EFE

Las plantas son seres vivos con potentes mecanismos de defensa, de memoria, de los que se obtiene actualmente el 25 % de sustancias químicas para medicamentos, pero de los que se conoce poco, afirma el doctor y licenciado en Bioquímica, David González Jara.

Los vegetales “no son seres estáticos”, asegura el científico multidisciplinar en entrevista con EFE, y que acaba de publicar “El reino ignorado” (Editorial Ariel), con el objetivo de “acercar el mundo de las plantas a cualquier persona, que tenga o no formación”.

Divulgación y docencia

González Jara compagina la divulgación científica con la docencia en la especialidad de Biología y Geología en el Centro de Educación Obligatoria El Mirador de la Sierra en Villacastín (Segovia) donde trabaja con jóvenes con una diversidad tan amplia como la “biodiversidad de la Amazonía”, asegura.

Y precisamente a la Amazonía ha viajado recientemente González Jara donde “te das cuenta de la cantidad de organismos y sustancias que quedan por estudiar y aprovechar”.

“Para mí es una fuente inagotable de recursos”, sostiene, y añade “si cada cierto tiempo descubrimos organismos nuevos, imagínate la cantidad de sustancias químicas que hay ahí”.

Por ello, se muestra indignado cuando se compara a una persona inmóvil “con un vegetal”, porque las plantas funcionan con muchísimos mecanismos de comunicación, de asociación, de defensa, “son un mundo realmente interesante y sorprendente”.

Sustancias para medicamentos

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Foto de uso editorial cedida por el doctor y licenciado en Bioquímica, David González Jara, autor de “El reino ignorado”. EFE

Hay que “romper los mitos en relación a las plantas”, asegura, y explica que “el 25 % de los fármacos que utilizamos en este momento o bien provienen de las plantas o bien se han obtenido mediante síntesis químicas de sus componentes”.

“La naturaleza lleva mucho tiempo trabajando con esos compuestos porque es una gran farmacopea, y la industria puede copiarlos, de hecho lo hace, sobre todo con los quimioterápicos“, advierte.

Esta síntesis química se da por ejemplo para el tratamiento del cáncer con “el taxol proveniente del tejo”, sostiene este profesor apasionado del mundo verde.

El taxol ha sido sintetizado químicamente para evitar la tala masiva de ejemplares, porque “para obtener unas cuantas dosis habría que cortar muchos árboles”, sostiene.

Lo mismo sucede con la vincristina o vinblastina de la vinca, una planta ornamental muy utilizada en jardinería, sostiene, y explica que el descubrimiento de esta sustancia se conoció a raíz de la petición de una mujer que la envió a laboratorios de Estados Unidos desde Madagascar, donde se utilizaba para el tratamiento de la diabetes.

Los estudios permitieron conocer que la vincristina o vinblastina es un componente bueno para la “eliminación de células cancerosas”, asegura.

Desarrollan varios mecanismos 

Sin embargo, las plantas también tienen “sistemas de defensa” como las sustancias venenosas de las adelfas o la cicuta para evitar a los hervíboros.

Asimismo, explica González Jara en el libro, “son sensibles a la luz”, conclusión a la que ya hace más de un siglo llegó Charles Darwin, el padre de evolución de las especies, quien publicó ‘El poder del movimiento en las plantas’, donde señaló cómo los vegetales reaccionan a la luminosidad.

Pero también tienen memoria, reaccionan a las temperaturas, a la umbría, desarrollan mecanismos de comunicación o de defensa como el hovimetismo -para repeler a las mariposas-, señala el autor.

Y son los “inventores del marketing”, explica, porque las plantas desarrollan todos los elementos que se utilizan en esa área del comercio con colores, olores, tamaños, que sirven para atraer a los insectos que favorecen la polinización, la dispersión del fruto, la germinación de las semillas, entre otros aspectos.

Las plantas que los seres humanos consumimos actualmente no son venenosas porque a lo largo de la historia los humanos “hemos idohaciendo una selección natural” en función de las características que nos eran adecuadas, por ejemplo, que no tengan un sabor amargo, el fruto sea más grande o que la gruma del fruto no se caiga fácilmente (como el caso del trigo), señala González Jara.

Todo ello está recogido en los quince capítulos del libro que se pueden leer de forma totalmente independiente, señala el autor. Sin embargo, la lectura resulta amena ya que en los cuatro primeros capítulos se habla de las diferentes formas de defensa que tienen las plantas, como la mimosa, que encoge sus hojas ante el peligro de cualquier ataque.

Los siguientes capítulos, hasta el séptimo, explican los mecanismos para interaccionar con su entorno, como la comunicación cuando las plantas sueltan sustancias químicas para alertar a las de su alrededor de la presencia de algún animal. Es lo que sucede con el olor de césped recién cortado, señala el divulgador científico.

Del séptimo al undécimo, González Jara aprovecha para dar a conocer las “inverosímiles” formas que tienen las plantas para adaptarse a las condiciones de su entorno.

Y en los últimos capítulos, se tocan temas que complementan los anteriores. El libro incluye una serie de imágenes y esquemas que facilitan las explicaciones de su autor.

La naturaleza “es un mundo tan complejo que deberíamos aprender una lección de humildad de ella”, concluye. EFEverde




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