Un vendedor panameño se convierte en el símbolo del ceviche sin tiburón

María M.Mur.- Panamá, 27 ene (ACAN-EFE).- Cuando Luis Gutiérrez empezó a vender ceviche de dorado hace una década en un pequeño puesto del turístico Mercado de Marisco, en la capital panameña, no se imaginaba que años más tarde se iba a convertir en la insignia de la lucha contra el consumo de carne de tiburón en Panamá.

“Aquí todos hacían ceviche de tiburón, nadie hacía ceviche de dorado, así que empecé a venderlo. Fue un poco arriesgado, es un pescado un poco más caro porque es una especie de exportación, pero lo hice básicamente para diferenciarme”, explicó Gutiérrez durante una visita de Acan-Efe al mercado.

En El Rompeolas, el colorido puesto lleno de decoración marítima que este panameño regenta desde 2007, el vaso de seis onzas de ceviche cuesta dos dólares, 70 céntimos más que en el resto de establecimientos, una diferencia que a tenor de las ventas no disuade demasiado a los clientes.

“Cada fin de semana vendo entre 20 y 30 galones de pescado. Empecé vendiendo ceviche de dorado pero luego he ido incorporando el lenguado y el berrugate. Es el toque especial de la casa y lo hacemos con mucho amor”, contó orgulloso.

Gutiérrez fue homenajeado esta semana por la Alcaldía de Panamá y la Fundación MarViva y se convirtió, sin pretenderlo, en el protagonista de una campaña impulsada por ambos organismos a favor del consumo sostenible de este pescado, denominada “Ceviche libre de tiburón”.

“Hay que demostrarle al público que es posible comer rico y ser un consumidor responsable. Hay que evitar los platos con tiburón, una especie depredadora importantísima para el país”, dijo a Acan-Efe la vicealcaldesa capitalina, Raisa Banfield. La venta de carne de tiburón no está prohibida en Panamá, pero hay determinadas especies que sufren situaciones de sobrepesca.

La Fundación MarViva calcula que de las 37 especies de tiburón comercializables que existen en el país, el tiburón martillo y el bebé son las más amenazas
.

“Lo que hace el señor Gutiérrez es un tremendo aporte para la conservación de los recursos pesqueros, sobre todo frente a la ausencia de políticas gubernamentales que regulen su captura y su comercialización”, denunció el gerente de Mercados Responsables de la ONG, Vicente del Cid.

El especialista afirmó que hay una gran desinformación y que la gente consume tiburón porque no sabe que está en peligro o porque ni siquiera está bien etiquetado en las pescaderías del país, de ahí la importancia de las campañas publicitarias.

 

“En la pesca hay muchos intermediarios, lo que sale del barco no necesariamente llega todo a un mismo punto y en ese recorrido se dan malas identificaciones y la trazabilidad falla”, añadió el biólogo marino Edgardo Díaz.

Díaz lidera precisamente desde el año pasado un proyecto de la Secretaria Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) sobre caracterización genética y trazabilidad de los elasmobranquios que busca identificar qué especies de tiburón y raya se consumen en el país y si están incluidas dentro de la lista de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, conocido como CITES.

“Nosotros tratamos de ordenar las pesquerías a nivel macro a través de data científica”, indicó el biólogo.

“No podemos ser un país costero, un país signatario de todos los convenios habidos y por haber y permitir la incoherencia”, añadió la vicealcaldesa, que antes de dar el salto a la política en 2014 era una reconocida activista ambiental. ACAN-EFE
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