INCENDIOS FORESTALES

Cazar a los incendiarios de Galicia y Asturias: buscar una aguja en un pajar

Cazar a los incendiarios de Galicia y Asturias: buscar una aguja en un pajar Cazar a los incendiarios o buscar una aguja en un pajar. EFE/Brais Lorenzo

La investigación sobre los incendios forestales de Galicia y Asturias se presume larga y complicada, y aunque todos los indicios apuntan a que muchos de ellos han sido intencionados, cazar a los incendiarios es tan difícil como encontrar una aguja en un pajar.

El monte no habla” y “la escena del crimen ha acabado arrasada” resumen  gráficamente a Efe fuentes del Seprona de la Guardia Civil.

De todos modos, el instituto armado mantiene desplegado un equipo de investigación muy cualificado para averiguar las causas y, en su caso, localizar a los autores de esta oleada de incendios, muchos aún activos pese a las intensas labores de extinción.

En el caso de Galicia, fuentes de la investigación consultadas por Efe no descartan ninguna hipótesis, pero señalan que los indicios parecen sugerir “una clara intencionalidad”, tanto por la estructuración de los focos, por la distancia entre unos y otros y por su desarrollo, que evidencian que el móvil ha sido “causar el mayor daño posible“.

Seprona: los indicios apuntan a que muchos de los incendios de Asturias y Galicia han sido intencionados.

Seprona: los indicios apuntan a que muchos de los incendios de Asturias y Galicia han sido intencionados. EFE/Salvador Sas

Y esta línea de investigación la podrían reforzar otros indicios, como que los focos se prendieran en intervalos muy cortos de tiempo y en lugares muy propicios para su propagación y complicados para la entrada de los servicios de extinción, las autobombas, de tal manera que cuando éstas llegaran, las llamas ya se habían extendido.

Es la hipótesis que cobra más fuerza una vez descartada prácticamente la de la existencia de una red criminal que estuviera detrás de los incendios, aunque sí parece evidente que haya habido varios autores y que estuvieran muy organizados.

Si efectivamente ha habido intencionalidad, los posibles responsables sabían que la meteorología (los vientos racheados que se esperaban), la sequía y la baja humedad contribuirían a aumentar los daños.

Más difícil que un homicidio

Independientemente del resultado final de las pesquisas, lo cierto es que investigar un incendio es más difícil que un homicidio y, por eso, es necesario que se aumente la inversión (aún insuficiente) en medios humanos y materiales, del mismo modo que se hace con la prevención y la extinción (las otras dos patas de este fenómeno).

Porque se trata de conseguir que el incendiario acabe en la cárcel y, para ello, pillarle con las manos en la masa es esencial, como ha ocurrido este año en Galicia, donde la Guardia Civil ha logrado sorprender “in fraganti” a tres, para quienes los jueces han ordenado ingreso en prisión.

Una perrita lleva en la boca el cadáver de su cría, calcinado en el incendio de Chandebrito, en Nigrán (Pontevedra).

Una perrita lleva en la boca el cadáver de su cría, calcinado en el incendio de Chandebrito, en Nigrán (Pontevedra). EFE/ Salvador Sas

No resulta fácil, comentan a Efe fuentes del Seprona, seguir a un sospechoso que se mueve por el monte, donde no hay testigos, ni vídeocamaras ni repetidores ni antenas a cada paso. “Seguir a alguien en Madrid las 24 horas es difícil, pero en medio del monte en Galicia lo es mucho más. Aún así, se han conseguido detenciones“, añaden.

El hombre causa el 95% de los incendios 

Dicen los expertos que el 95 por ciento de los incendios se produce por la actividad del hombre y solo un 5 por ciento por causas naturales.

En ese 95 por ciento se incluyen los negligentes (por descuidos y que no pretenden producir daño) y los intencionados (sí pretenden originarlo y cuanto más, mejor).

Una intencionalidad que tiene varias motivaciones: conseguir un beneficio económico, perjudicar a un tercero (a un ganadero, por ejemplo), intentar forzar resoluciones de la administración (contratos a brigadistas que se van a quedar en paro) o utilizarlo como una herramienta de extorsión).

Incendiarios que deben distinguirse de los pirómanos, porque éstos suelen tener un trastorno de control de los impulsos y les produce placer contemplar el fuego y sus consecuencias.

"el monte no habla", "la escena del crimen ha acabado arrasada", dicen los agentes del Seprona

“El monte no habla”, “la escena del crimen ha acabado arrasada”, dicen los agentes del Seprona. EFE/Salvador Sas

Investigación “altamente especializada”

Obtener pruebas es harto complicado y para ello, dicen los expertos, se necesitan medios y una investigación “altamente especializada“, aplicando técnicas que se utilizan para esclarecer delitos considerados muy graves, como seguimientos o intervención de las comunicaciones, entre otras. De ahí, la necesidad de mayor inversión.

Antes de nada, cuando se produce el incendio los investigadores realizan un estudio de la situación de riesgo de la zona, de los datos estadísticos, del entorno, etc… para continuar después con un segundo paso: la inspección ocular y la recogida de pruebas que ha podido dejar el fuego.

Resaltan las fuentes del Seprona que tan difícil es localizar el punto de origen del fuego como identificar su causa. Una vez conseguido, se ponen en marcha las técnicas de investigación para esclarecer el delito y, sobre todo, para conseguir aportar la prueba. En ello están los investigadores, tanto en Galicia como en Asturias. Efeverde




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