INSECTICIDAS-AVES

Aves insectívoras ante la amenaza de los neonicotinoides

Extensiones cerealistas en la Zona de Especial Protección para las Aves de Bellmunt y Almenara (Lérida). Foto: Raúl Casado (EFE) Extensiones de cereal en la ZEPA de Bellmunt y Almenara. Foto: EFE/Raúl Casado

Investigadores holandeses han sido capaces de demostrar por primera vez que altas concentraciones de un insecticida neonicotinoide, el imidacloprid, están asociadas con un declive de las poblaciones de aves insectívoras.

Para realizar el estudio, publicado en la revista Nature, los científicos utilizaron mediciones de la calidad del agua superficial y datos del Common Breeding Bird Monitoring Scheme, el programa de seguimiento de aves a largo plazo en el que también trabaja SEO/BirdLife en España.

El Ave del Año, en peligro real

Los autores del estudio encontraron una correlación significativa entre la presencia de neonicotinoides en el agua y el declive de la población de seis de las 15 especies de paseriformes estudiadas en Holanda, incluidas el estornino común (Sturnus vulgaris), la alondra (Alauda arvensis) y la golondrina común (Hirundo rustica), elegida Ave del Año 2014 por SEO/BirdLife.

Captura del nido de golondrinas, Ave del Año 2014, a través de la cámara web. Foto: Cedida por SEO/BirdLife

Captura del nido de golondrina, Ave del Año 2014, a través de la cámara web. Foto: Cedida por SEO/BirdLife

En áreas con concentraciones de imidacloprid superiores a 20 nanogramos por litro en el agua superficial, las poblaciones de aves tienden a desaparecer a un ritmo del 3,5% de media anual, demuestra el estudio.

La disminución de recursos alimenticios, debido al efecto de los neonicotinoides en las comunidades de insectos, parece ser la causa de los declives de población observados, aseguran los autores.

Una evidencia más

El estudio publicado en Nature, la revista científica de máximo prestigio internacional, se suma a evidencias anteriores sobre el mortal efecto de los neonicotinoides sobre una amplia variedad de especies.

Para realizar un análisis completo de la situación, el Task Force on Systemic Pesticides, un grupo internacional de científicos independientes que asesora a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), revisó durante cuatro años toda la literatura científica disponible, más de 800 estudios publicados en revistas científicas de alto impacto que confirmaron que los plaguicidas sistémicos son un riesgo grave para las abejas y otros polinizadores, como las mariposas, y afectan también a invertebrados como las lombrices y a vertebrados como las aves.

Cinco décadas después…

En los años 60, el uso de productos como los organofosfatos o el DDT, en la actualidad prohibidos por su impacto sobre la salud humana y el medio ambiente, causaron un fuerte impacto sobre las aves y la biodiversidad.

La bióloga estadounidense Rachel Carson dió la voz de alerta con un libro titulado Primavera silenciosa (1962) en el que denunciaba la situación de unos campos cada vez más vacíos de vida. Pasados 50 años, podemos estar asistiendo a una situación similar: campos silenciosos, sin insectos ni aves, debido al uso de nuevos químicos agroindustriales.

Continuado declive en el campo

Para SEO/BirdLife, la acumulación de estudios sobre el efecto de los neonicotinoides evidencian la degradación ambiental que sufren los sistemas agrarios, detectada ya a través de sus programas de seguimiento de aves, que muestran un declive continuado de las especies comunes asociadas a los paisajes agrícolas.

Una bandada de estorninos, ave insectívora vinculada a entornos rurales. EFE/Abir Sultan

Una bandada de estorninos, ave insectívora vinculada a entornos rurales. EFE/Abir Sultan

 

Por ejemplo, la golondrina común muestra una reducción de su población de más del 30% en la última década. Y otras, como la codorniz, el sisón o la calandria, están en una situación similar.

El uso de plaguicidas se une a otros factores que influyen en este escenario de pérdida de biodiversidad, como la reducción directa de hábitats favorables o enfermedades nuevas traídas con el comercio internacional de mercancías.

Prohibiciones parciales

Aunque la UE ya ha prohibido temporalmente el uso de estos productos en algunos cultivos, el problema tiene una escala global, y sería necesario empezar a trabajar en un cambio profundo del modelo agrario, reconectando los sistemas productivos a los ciclos naturales.

Esto podría tener un impacto en los rendimientos por hectárea en ciertas zonas, pero igualmente acabaría reduciendo los costes crecientes en inputs y ofrecería más garantías de futuro sobre el suministro de alimentos.

Sobre los neonicotinoides

Los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides son absorbidos por la planta, transportándose a todos los tejidos (hojas, flores, raíces, tallos, polen y néctar).

Se utilizan cada vez más como un profiláctico con el que tratar suelos o semillas para evitar la plagas en lugar de hacer un tratamiento sólo cuando aparece el problema, son capaces de persistir y acumularse, en particular en el suelo, durante meses o años, lo que aumenta su toxicidad y los hace más perjudiciales para especies a las que no van dirigidos.

Estos productos se utilizan en más de 120 países y generan un mercado de 2.600 millones anuales, según cifras de 2011 ofrecidas por el Task Force on Systemic Pesticides.




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Redactora de la Agencia EFE, adscrita al departamento de EFEverde. Licenciada en Ciencias de la Información, año 1989 Fecha de nacimiento: 21 septiembre 1966 Lugar de nacimiento: Madrid