NATURALEZA AVES

Las aves ligadas a ambientes agrarios reducen su población un 27% en España

Ejemplar de alzacola rojizo. Imagen cedida por SEO/BIrdLife

El III Atlas de las Aves Reproductoras en España pone en evidencia el descenso generalizado en la mayoría de las especies vinculadas a los ambientes agrarios en España, donde en tres décadas se han perdido un 27% de ejemplares presentes.

III Atlas de las Aves Reproductoras en España

Así lo han dado a conocer a Efe fuentes de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), que han señalado que el declive generalizado de las aves ligadas a los medios agrarios pone de manifiesto el deterioro ambiental de estos sistemas, según muestran los resultados del programa de seguimiento de aves Sacre.

Alguna de las especies que se han visto más afectadas por este declive en Castilla-La Mancha, por ejemplo, son el alcaraván común, la alondra común, la codorniz común, la collalba rubia, la perdiz roja y el sisón común, todas ellas «en declive moderado con porcentajes de declive en 2021 con respecto a 1998 superiores al 44%».

El III Atlas de las Aves Reproductoras en España refleja también el descenso de otras especies como la calandria, las alondra ricotí, las gangas ortega e ibérica, el sisón común, la avutarda euroasiática y el alzacola rojizo.

La conservación de las aves agrarias está ligada a las dinámicas de intensificación y abandono, así como a determinadas prácticas agrícolas.

SEO/BirdLife pretende que la Política Agraria Común impulse y premie aquellos sistemas y prácticas que benefician la biodiversidad sin menoscabar la rentabilidad del agricultor, como la reducción de biocidas, el mantenimiento de barbechos y el fomento de áreas silvestres como ribazos, linderos y otras zonas improductivas.

Han contribuido al declive de las aves agrarias la transformación e intensificación de la agricultura, enfocada sobre todo a la productividad y con un uso generalizado de plaguicidas y herbicidas; la expansión de monocultivos; la reducción de espacios silvestres y barbechos; la transformación de grandes áreas de secano en regadío y la utilización de semillas con productos tóxicos.

Estas causas generan un empeoramiento y reducción de sus hábitats, la disminución de insectos (hay un 76 % menos en Europa desde 1990) y plantas con semillas como fuente de alimentación, menos lugares donde criar y, en definitiva, menos territorio disponible y de peor calidad.

A esta evolución de los sistemas agrarios se suma la construcción de infraestructuras industriales, de transporte y, recientemente, proyectos de energía renovables (en especial fotovoltaica) que, en gran medida, ocupan los hábitats preferentes de estas especies, injustificadamente considerados espacios de poco valor.

Entre las aves ligadas a medios agrarios, las que se encuentran en una situación más sensible están las vinculadas a ambientes agroesteparios.

En España no existen estepas naturales, sino zonas semiáridas con distintos tipos de pastizal que han sufrido intervención humana en algún momento de la historia y, sobre todo, grandes áreas abiertas de cultivos cerealistas y de leguminosas, como la alfalfa, que son utilizados por muchas de las especies de aves típicas de zonas esteparias.

Descensos poblacionales

Por ejemplo, el alcaraván, en comparación con el II Atlas de Aves Reproductoras, ha reducido su ocupación en el territorio, mientras que para el sisón común, los resultados tampoco son positivos, ya que acusa un declive del 68,5% para el periodo 1998-2018 (-5,5% anual).

También la ganga ortega y la ganga ibérica, que comparten hábitat con el sisón, sufren importantes descensos poblacionales.

La ortega ha disminuido un 34% entre los años 2005 y 2019 en el conjunto de la población española; mientras que la ibérica ha menguado su población un 19% pasando de 9.477 a 7.656 individuos en el mismo periodo.

La avutarda euroasiática tiene una población estimada en 22.000-24.000 individuos, cifra inferior a las estimaciones de las dos últimas décadas, con un declive que ronda el 15%.

La tendencia poblacional de la collalba rubia es claramente negativa desde 1998 en el conjunto con una regresión general del 27%.

A la alondra común no le va mucho mejor con un descenso del 35% a escala estatal y su pariente, la alondra ricotí, muestra una tendencia muy negativa con una tasa de disminución general del 41,4% durante el periodo 2004-2015.

Para la perdiz roja, asociada a casi todo tipo de ambientes agrícolas los datos recopilados indican un declive importante, del 40% desde 1998. EFEverde

 




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com