ÁRBOLES CLIMA

Árboles venerados por civilizaciones y testigos de los cambios climáticos

Árboles venerados por civilizaciones y testigos de los cambios climáticos Foto: Ignacio Abella. El naturalista, Ignacio Abella, bajo un tejo de Santa Coloma (Asturias).

Por Isabel Martínez Pita. Los árboles escriben la historia del clima y entre los anillos anuales que se dibujan en el interior de sus troncos hay años de vida que han cincelado los acontecimientos del medio ambiente y del paso de los seres humanos por este planeta Tierra.

El naturalista Ignacio Abella es un estudioso del mundo de los árboles de los que ha escrito numerosos libros, ‘La magia de los árboles’, ‘El bosque sagrado’, ‘Aves familiares’, ‘El hombre y la madera’, ‘La memoria del bosque’, ‘El gran árbol de la humanidad’ y ‘Árboles de junta y concejo, las raíces de la comunicad’, ya que vive entre ellos y a ellos se ha dedicado desde su infancia en la localidad navarra de Urbasa.

Abella ha buscado en los árboles la historia de la vida, porque indicó que “en ellos se encuentran las respuestas a tantas incógnitas de la actualidad como son el cambio climático, la sequía, o la falta de recursos alimenticios en grandes zonas del planeta”.

Rayo de sol es un tejo silvestre en pleno bosque, en Santa Coloma (Asturias).

Para el naturalista, además, históricamente “los árboles han reunido en su entorno a los seres humanos para deliberar, para nacer o para morir, porque las energías que transmiten son reconocidas por todas las civilizaciones y han sido motivo de leyendas, habitáculos de apariciones místicas y receptores de los problemas humanos a los que han sabido dar respuesta y sosiego”.

El árbol y Abella, una estrecha relación

El árbol y Abella mantienen una estrecha relación porque “los bosques son los lugares donde ir cada vez que uno siente la necesidad de conectar con uno mismo, tener una relación más estrecha con la naturaleza, porque, al final, un árbol para mi es un camino espléndido en el que siempre se está aprendiendo”.

En ese sentido, Abella colaborador ocasional del programa “El bosque habitado”, dirigido por M.ª José Parejo, de RNE, Radio 5, recoge y aplica tradiciones artesanales, agrícolas y forestales, realizando una labor de investigación creativa en la plantación, el mantenimiento y los cuidados de árboles, huertos y jardines, así como en el trabajo artesanal de la madera, la cerámica y otros materiales.

Desde su juventud recorre y se asienta temporalmente en diversas y casi siempre apartadas regiones del País Vasco y Asturias, entregándose al estudio y vivencia de la naturaleza y al mundo rural en el que se halla “plenamente integrado”.

Para Ignacio Abella, los árboles son los mejores maestros que haya en cualquier escuela. “He aprendido más entre las hayas incluso que en cualquier libro o cualquier escuela”.

Entre los árboles que Abella destaca “por su importancia y carisma” se encuentra el tejo. “Un árbol que se encuentra dentro de la especie de las taxacias , que es una familia en el mundo botánico con unas características peculiares que no comparte con ningún otro árbol y que la hace diferente al resto”.

El tejo es, para Abella, el árbol más misterioso de todos los cuentos y es un sorpresa dentro del mundo botánico porque tiene características que no comparte con ningún otro árbol, incluso dentro de la familia de las taxácias.

La asombrosa longevidad del tejo

Entre sus peculiaridades se encuentra el de su asombrosa longevidad, ya que puede vivir 2.000 años e incluso, “a los 2.000 años, cuando ya está en decadencia, puede regenerarse a partir de una raíz y crear otro árbol nuevo completamente distinto”.

Según Abella, el tejo, “aquí, en Asturias especialmente, ha sido el árbol de los cementerios, también de reuniones, consejos, juntas o de ayuntamientos”.

“Hay muchos tejos que han sido considerados como árboles totémicos e identatarios de cada lugar.

El tejo tiene en su interior un hueco, “una especie de capilla en la que se colocaba una pila bautismal, de tal manera que a los niños se les bautizaba en el interior de este árbol. También cuando llegaba la hora de la muerte, había una tradición entre generaciones por la que se iban allí a morir y dejarse hundir casi literalmente entre sus raíces, porque simbolizaba el principio del fin”, dijo Abella.

Cientos de personas acuden en La Habana, al monumento de El Templete, donde se alza un árbol de ceiba como el que cobijó la primera misa por la fundación de La Habana.  EFE/Alejandro Ernesto

Entre los árboles especialmente importantes en Europa se encuentran el roble, el tejo a y el fresno.

En el norte de Europa, los libros mitológicos del siglo XV ya hablan del ygddrasil, un árbol que tiene una gran presencia entre los vikingos y era donde el dios Odin recibía las runas (piedras cargadas de magia). Según la mitología nórdica este árbol sostiene en su copa a los dioses y junto a las raíces, en la tierra, se encuentran los humanos y los reinos subterráneos.

En los países de América y Sudamérica, la ceiba es uno de sus árboles primordiales, cuya leyenda cuenta que a ella se le pedía permiso para pisar su sombra y se le depositaban ofrendas a sus pies.

El ginko biloba es un árbol antiquísimo y venerado en Japón que se plantaba en sus templos. “Es un árbol santuario en si mismo y a su alrededor se construían santuarios. En Japón es muy venerado porque cuando cayó la bomba de Hiroshima, el único ser que quedó vivo de toda la ciudad fue este árbol que rebrotó de su raíz al año siguiente y allí sigue plantado casi en el mismo epicentro donde estalló la bomba, cuando todo a su alrededor había quedad destruido en cenizas”.

Una superviviente a la bomba atómica en Hiroshima posa junto a un esqueje descendiente del árbol “Ginko biloba” de 200 años de edad, superviviente al ataque nuclear en Japón, en conmemoración del 68 aniversario, en Ginebra (Suiza). EFE/Salvatore Di Nolfi

“En la actualidad, los japoneses tratan a este árbol de una manera muy especial como símbolo de esperanza y de cordura”. En la tradición cristiana encontramos muchos árboles en los que en su interior aparece la imagen de alguna virgen, también aparece a su alrededor una colmena, enjambre de abejas, que son elementos legendarios que aparecen en bosques o jardines boscosos. “Tienen como característica común que cuando la gente intenta trasladar a la virgen, ésta lo impide, como si señalara que el lugar sagrado es ese en el que ella ha aparecido y no otro, y en el que indica que se debe construir una capilla”.

Prácticamente “los árboles son magos por si mismos que hacen una magia tan potente como procurarnos el agua que bebemos porque procede de la hojarasca del humus de los árboles que luego nos permite beber agua fresca, hace que las fuentes no desfallezcan y crean suelo del que al final comemos”. EFEverde

 




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