DESARROLLO SOSTENIBLE

Borja D. Kiza: existe una “actitud obscena” con el planeta y el ser humano

Borja D. Kiza: existe una Fotografía del autor Borja D. Kiza.

La sospecha de una actitud "obscena, sistémica y global contra la naturaleza y el ser humano" en la actualidad da nombre al libro 'Antropoceno Obsceno' (2019, Icaria), publicado recientemente por el periodista Borja D. Kiza para plantear una óptica amplia sobre los desafíos planetarios vigentes.

El Antropoceno es un concepto incipiente, acuñado en el año 2000 por el premio Nobel de Química, Paul Crutzen, “para definir la era geológica actual, determinada por la acción humana”, ha explicado el autor en una entrevista a Efe.

En el libro, a través de reflexiones, citas o entrevistas a expertos -como el sociólogo Edgar Morin, la ecofeminista Yayo Herrero o el agricultor Pierre Rabhi-, se abordan cuestiones como el ecologismo, el capitalismo, la ética del trabajo, el consumismo, el miedo a la muerte, el feminismo o los nuevos desafíos urbanos.

Desafíos urbanos

“En el mundo ya hay más gente viviendo en urbes que en el campo”, ha recordado Kiza para advertir que la gestión de estos espacios “será vital” para asuntos como la calidad de vida o la autonomía alimentaria.

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Portada del libro ‘Antropoceno Obsceno’

Con el objetivo de afrontar este desafío, comienzan a emerger “ciudades inteligentes” con nuevas “capacidades técnico-tecnológicas” donde, sin embargo, los datos “no siempre están orientadas al servicio de las personas”, ha advertido.

Más bien “estamos ante ciudades estúpidas”, ha explicado el autor, haciéndose eco del pensamiento del filósofo francés Bernard Stiegler, quien lamenta que la interpretación de los datos recabados sean siempre interpretados por máquinas y, por lo tanto, se pierdan las posibilidades “sociales” de su interpretación humana.

En este sentido, ‘Antropoceno Obsceno’ ilustra un proyecto desarrollado en una de las ciudades “más pobres” del norte de Francia, Loos-en-Gohelle, donde los datos de las tecnologías inteligentes “son entregados a los ciudadanos”, quienes se reúnen para “ver qué hacen con ellos”.

La urbe francesa, que tiene “una de las tasas de delincuencia más bajas del país”, ha suscitado el interés del Centro Nacional de Investigaciones Tecnológicas, explica Stiegler en el libro.

Otras iniciativas

Este manual aborda también iniciativas como el movimiento “Les Colibrís” de Pierre Rhabi y su agroecología -“la capacidad de recuperar la tierra mediante la interacción de especies, sin pesticidas o tratamientos intensivos”-, o la arquitectura social del español Santiago Cirugeda, que desarrolla proyectos de “autoconstrucción” con niños y colectivos en riesgo de exclusión.

Pero experiencias como estas ocurren aún a pequeña escala, y al margen de “un sistema que se resiste a cambiar” por lo que dificulta a cada individuo el llevar una vida “coherente” entre sus acciones diarias y el contexto en el que vive, ha explicado.

Sistema que “se resiste a cambiar”

Y es que el sistema ha conseguido “cubrir la necesidad de cambio de un sector de la sociedad” a través de un “no-cambio”, como es el caso del “marketing verde” que ofrecen negocios y corporaciones.

El etiquetado de productos “bio” en supermercados, por ejemplo, es un mecanismo que “satisface la inquietud ecológica de los consumidores”, sin que estos artículos sean sostenibles “necesariamente” a nivel de temporada, embalaje o procedencia, ha señalado Kiza.

En este contexto, “quizás la educación” sea una de las claves para navegar por el Antropoceno, a través de modelos alternativos que por ahora “solo están funcionando en un ámbito reducido o elitista”, ha lamentado Kiza.

El principal reto es despertar “una mayor consciencia” ante los desafíos, que trascienda a las acciones concretas -reciclar, ir en bicicleta, consumir menos plástico- y alcance “las raíces más profundas” del sistema social, económico y cultural global, ya que “detrás la acción humana está el pensamiento humano que lo abarca todo”, ha concluído.




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