FOTOGRAFÍA NATURALEZA

Antonio Liébana relata cómo conservar a través del objetivo fotográfico

Una garceta común pescando. Imagen cedida por el fotógrafo Antonio Liébana

“La fotografía de naturaleza está vinculada a la conservación, no se entiende una sin la otra”, defiende Antonio Liébana, que ha concentrado 25 años de experiencia con las cámaras en ‘El fotógrafo de fauna’, una guía para “mejorar la técnica y contribuir a la conservación de la biodiversidad”.

FOTOGRAFIAR PARA CONSERVAR

El objetivo de este tipo de fotógrafo “no es elaborar un álbum de cromos bonitos o simplemente generar archivos que puedas vender”, sino “contribuir a mejorar la conservación de las especies y generar ingresos para mantener los hábitats en buen estado”, ha indicado en una entrevista a Efe.

Lo que para él comenzó hace un cuarto de siglo como una afición inspirada por “el trabajo de un tal Félix Rodríguez de la Fuente”, hoy es un medio de vida gracias al cual publica sus imágenes en los calendarios de ong ambientales como WWF o las páginas de medios como ‘National Geographic‘, que “permiten difundir el mensaje de la protección de la biodiversidad”.

Además de poder explorar lugares emblemáticos de la conservación como Yellowstone (EEUU), Massai Mara (Kenia) o la Antártida, “la mayor satisfacción de un fotógrafo de naturaleza es que tu trabajo sirva para conservar aquello que amas: es imposible no involucrarse con los motivos que estás retratando”.
Picamaderos negro

Un picamaderos negro. Imagen cedida por Antonio Liébana

CAZA FOTOGRÁFICA

Liébana está convencido de que “estamos en un momento de transición” porque “cada vez hay más fotógrafos mientras el número de cazadores disminuye” y de hecho “muchos cazadores están colgando la escopeta y sustituyéndola por la cámara”.

Estos cazadores, afirma, se han dado cuenta de que a través de la fotografía de fauna, “cuyo lance es similar al de la caza”, el animal se vuelve “reutilizable” lo que, además de “fomentar la conservación”, contribuye al “desarrollo rural en la España vaciada”.

Los animales “siempre están en las zonas más despobladas” y, en ese contexto, “llegan unos fotógrafos y se ponen a retratar pájaros, utilizando los hoteles que antes usaban los cazadores y consumiendo en el municipio” gracias al turismo de observación de fauna.

TURISMO DE OBSERVACIÓN DE FAUNA

Suprimir la caza en beneficio de la fotografía vinculada a la conservación va a ser la guía de desarrollo sostenible en los entornos rurales durante los próximos 15 ó 20 años”, pronostica Liébana, quien cita como ejemplo la sierra de la Culebra (Zamora), donde los ingresos generados en torno a la observación del lobo “superan con creces a los provenientes de la actividad cinegética”.

El fotógrafo de naturaleza Antonio Liébana. Imagen cedida por Antonio Liébana.

También para ellos es su libro ‘El fotógrafo de fauna’, financiado por sus seguidores gracias a una campaña de micromecenazgo, que incluye “todo lo que me pasa por la cabeza a la hora de trabajar: desde cómo poner el trípode o hacer la exposición, hasta montajes complejos con barreras infrarrojas”, pero también “cómo rastrear a los animales”.

Para Liébana, su parte favorita de la “caza fotográfica” es “localizar al animal y estudiar su biología” y, a partir de ahí, “ingeniárselas para que el individuo se coloque donde yo quiero, a la hora que quiero” y retratarle entonces.

Aunque el libro incluye un capítulo dedicado al material de observación, Liébana destaca la importancia de “oír más que ver” o, lo que es lo mismo, familiarizarse con los cantos y llamadas de las especies que se pretende fotografiar, porque a los animales “primero los ves de oídas”.

UN ENAMORADO DE LA FAUNA IBÉRICA

Liébana, que salvo en Oceanía ha estado “en todos los continentes”, se declara “un enamorado de la fauna ibérica” porque “cuanto más viajo más me doy cuenta de la enorme biodiversidad que tenemos en España”.

Los desiertos, montañas, bosques y estepas de España albergan desde “especies de épocas glaciares como la perdiz nival o el urogallo” hasta emblemas de la conservación como “el lince ibérico o el águila imperial”.

Sin embargo, reserva mayor cariño hacia “los paseriformes, los pájaros más pequeños” y en concreto las currucas ya que “mis primeros cinco años los pasé fotografiándolas“, recuerda. EFEverde




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