Aguas Profundas: La protección de los ecosistemas marinos vulnerables

Aguas Profundas: La protección de los ecosistemas marinos vulnerables

Como pudimos leer en el anterior artículo de esta serie, las aguas profundas guardan un precioso tesoro natural en cuanto a biodiversidad se refiere. Independientemente de las medidas que se puedan tomar para proteger a las especies de peces más vulnerables del objeto de la pesca, sea ésta dirigida o accidental, la protección de los Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV, en adelante) es un tema prioritario e inseparable de la normativa de pesca de especies de aguas profundas de la que estamos tratando en esta serie de artículos.

 

Como ya hemos explicado en artículos anteriores, los artes de pesca que mayoritariamente se usan en este tipo de pesquerías, especialmente el arrastre de fondo, causan graves daños colaterales sobre estos ecosistemas de profundidad ya sea en fondos duros o arenosos-fangosos. Existen cerca de 100 publicaciones científicas que demuestran que la pesca de arrastre de fondo es insostenible y causa impactos adversos en estos ecosistemas. No existe ni una sola publicación científica que demuestre lo contrario. Los fondos arenosos-fangosos, contrariamente a lo que la industria pesquera hace creer, alojan gran parte de la biodiversidad de las aguas profundas y, además, en este tipo de sedimento, el daño del arrastre no se limita a la superficie del fondo sino que también impacta profundidades significativas bajo el lecho marino.

 

Un estudio reciente de los fondos fangosos de la costa oeste de Escocia, un área donde habitualmente faenan los arrastreros de profundidad franceses, muestra marcas de arrastre en el 47% de las imágenes captadas en el fondo. En esas zonas, se observaron esponjas y otros organismos dañados o que habían desaparecido, que contribuyen a la creación de la estructura de los hábitats de fondo, incluyendo Xenophyophorea (un tipo de protozoo unicelular gigante con gran importancia para las áreas bentónicas ya que favorecen la presencia de crustáceos, equinodermos y moluscos), estos organismos, constituyentes de EMV, además de contribuir a la creación estructural del hábitat, son catalizadores de la aparición de vida marina que, entre otras cosas, aportan alimento a especies comerciales.

 

La industria nos dice que la pesca en aguas profundas no está permitida en áreas donde existen o pueden existir EMV, pero eso no es del todo cierto. El arrastre de fondo está permitido en la mayoría de las áreas dentro de las aguas de la UE con excepción de las Azores, Madeira y las Islas Canarias, donde la pesca de arrastre por debajo de 200 metros de profundidad está prohibida desde 2005 para proteger los hábitats de aguas profundas. Igualmente, algunas áreas en aguas internacionales del Atlántico nororiental así como a lo largo de la Cordillera del Atlántico Central y sobre los bancos de Hatton y Rockall han sido cerradas a la pesca de fondo por la Comisión de Pesquerías del Atlántico Nordeste (NEAFC, por sus siglas en inglés). Sin embargo, la mayoría de las áreas en el Océano Atlántico nororiental siguen abiertas a la pesca de arrastre de fondo.

 

La realidad es que gran parte de las profundidades aún no se ha estudiado en detalle. El CIEM ha indicado que hay muchas especies constituyentes de EMV en el Atlántico nororiental pero que las posiciones conocidas o probables de la mayoría de estas especies aún no se han identificado y cartografiado en detalle. Dos investigadores de aguas profundas, Rebecca Ross y Kerry Howell, encontraron que en Escocia e Irlanda sólo aproximadamente el 23% de los arrecifes de coral de agua fría, el 2% de las comunidades dominadas por esponjas y el 6% de las comunidades de Xenophyophorea, están dentro de las áreas cerradas a la pesca de profundidad, demostrando que la mayoría de EMV de esta zona carecen de medidas de gestión para frenar los efectos nefastos de una pesca destructiva, como la del arrastre de profundidad.

 

Como parte de los mapeos y estudios científicos de los fondos marinos para identificar EMV, es crucial que se realicen estudios de impacto ambiental previos a autorizar pesquerías de profundidad, de forma de se puedan adoptar medidas de gestión y protección adecuadas a los ecosistemas de la zona que se quiere explotar. Estos estudios de impacto, deberían realizarse tanto en nuevas áreas de pesca como en aquellas donde ya se está pescando actualmente.

 

Los mapeos y estudios de impacto ambiental forman parte de la integración de las medidas exigidas en las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas 61/105 (2006), 64/72 (2009), 66/68 (2011); las Directrices de la FAO para la ordenación de las pesquerías de aguas profundas  y las disposiciones relevantes de los Artículos 5 y 6 del Acuerdo sobre las Poblaciones de Peces de 1995 de la ONU. Tanto la UE como los países europeos que son miembro de la ONU estuvieron muy implicados en la negociación de las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, las directrices de la FAO y el Acuerdo sobre las Poblaciones de Peces de la ONU y apoyaron firmemente tales resoluciones e instrumentos, por lo que existe una obligación de derecho internacional a aplicar dichos estándares.

 

Àlex Bartolí

Deep Sea Conservation Coalition




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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