SEMINCI CAMBIO CLIMÁTICO

Aga, el hombre y la naturaleza, un pulso al borde del apocalipsis

Aga, el hombre y la naturaleza, un pulso al borde del apocalipsis Milko Lazarov en la Seminci

Roberto Jiménez / Valladolid (EFE).- El cambio climático y los flujos migratorios son dos de las consecuencias de la inestable relación entre el hombre y la naturaleza: al borde del apocalipsis, según el cineasta búlgaro Milko Lazarov, y con el lastre del desarraigo y la falta de identidad, en versión del portugués Joao Miller Guerra.

Son dos de los directores que han presentado sus películas dentro de la sección oficial de la 63ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), que alcanza hoy su penúltima jornada de proyecciones y en la que también ha concursado el alemán Thomas Stuber, todos ellos nuevos autores.

Cine extremo, rodado a 42 grados bajo cero en la periferia del Polo Norte, ha llevado a Valladolid Milko Lazarov (Sofia, Bulgaria, 1967) con “Aga“, una delicada y arriesgada película a caballo entre el documental y la ficción donde destaca la belleza descarnada del paisaje polar.

Una pareja de esquimales sobrevive en un medio hostil por medio de la caza, con medios y prácticas ancestrales, fruto de una decisión premeditada que implica la renuncia de las comodidades, medios y servicios que les ofrecen sus hijos, plenamente incorporados al mundo moderno.

El cambio climático, la desaparición de la fauna autóctona, los recursos naturales esquilmados y el deshielo son algunos de los negros presagios de una inminente apocalipsis que el realizador búlgaro acentúa con la presencia funesta de cuervos y la música de Gustav Mahler a modo de epitafio.

“La película se podría decir que es una metáfora de los instantes previos a la llegada del apocalipsis, cuando llega el momento de rendir cuentas por todo lo que ha hecho el hombre a lo largo de su vida”, ha explicado Lazarov sobre su segundo largometraje, rodado con actores profesionales y aficionados.

Cambio climático

Además de una poderosa fotografía, el filme está plagado de símbolos, indicios y augurios como la sabiduría natural que encarna la pareja de esquimales y la esperanza que representa la hija, el eslabón filial que rompió la cadena de la tradición al trabajar a la ciudad.

“No fue mi propósito hacer una crítica al cambio climático, pero es algo tan obvio que no hacía falta remarcar lo en la obra”, ha aclarado el director.

Frente a unos que se resisten a abandonar su hábitat, otros han optado por la emigración hasta embarrancar en suburbios de metrópolis como el que habita el caboverdiano Miguel en Lisboa, protagonista de “Djon África”, ópera prima del tándem formado por los portugueses Joao Miller Guerra y Filipa Reis.

Miguel nació en Portugal, pero el color de su piel delata su procedencia africana en el archipiélago de Cabo Verde, adonde Miguel decide realizar un viaje físico en busca de su padre, pero también de reconciliación interior, en pos de sus raíces y orígenes indígenas.

El contraste le hace madurar, “conocerse a sí mismo” y afrontar la paternidad que le anuncia su pareja, pero antes debe asumir su naturaleza de inmigrante en Portugal y de turista en Cabo Verde, ha explicado Guerra al término de la proyección.

“Es también una reflexión sobre la cantidad de emigrantes nacidos en Europa que no acaban de encajar en la sociedad pero tampoco en sus países de origen”, ha subrayado.

Como una loa poética a la monotonía, el alemán Thomas Stuber ha presentado su último largometraje (“A la vuelta de la esquina”), donde muestra la vida de Christian (Frank Rogowski), un joven introvertido que comienza a trabajar a pruebas en un hipermercado alemán que rezuma un aire exsoviético.

En este ambiente laboral, el cineasta convierte el hipermercado en un microcosmos donde sus empleados se aferran a la rutina para sostener unas vidas alejadas de cualquier pretensión, y que buscan en entre las estanterías y carretillas el calor que no pueden encontrar en sus propias vidas.

A este mundo levantado entre cuatro paredes se muda el novato reponedor de bebidas, que pronto entabla una amistad que desborda el ámbito laboral con su mentor, Bruno, al mismo tiempo que el amor acude hasta su sección de bebidas de la mano de Marion (Sandra Hüller), también compañera de trabajo.

Con esta historia enmarcada dentro de la tradición del realismo poético, el realizador alemán vuelve a inspirarse en los relatos de su coetáneo y compatriota Clemens Meyer, con el que ya trabajó en su cortometraje “De caballos y perros” (2002). EFE
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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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