AVES URDABAI

El aeropuerto internacional de Urdaibai, parada y enlace de aves migratorias

Laguna de Orueta, en la Reserva de la Biosfera de Urdabai. EFE/Jon Ander Santamaría Tobías

Jon Ander Santamaría.- El País Vasco cuenta con otro aeropuerto, además de los de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, también de carácter internacional, y que sin embargo es menos conocido por el gran público, pues no son aviones los que cada año llegan a este enclave en el que repostar y descansar para emprender de nuevo el vuelo, sino miles de aves de cerca de 250 especies.

Las pistas de aterrizaje y despegue de este peculiar aeropuerto no se asientan sobre el asfalto, sino sobre la laguna de Orueta, un gran humedal en las marismas de la única Reserva de la Biosfera de Euskadi, la de Urdaibai, un área de 220 kilómetros en la desembocadura del río Oka, en la comarca vizcaína de Busturialdea.

Laguna de Orueta, un gran humedal en las marismas de la única Reserva de la Biosfera de Euskadi, la de Urdaibai. EFE/Jon Ander Santamaría Tobías

Este espacio protegido acoge a aves como las espátulas -de plumaje blanco y con un pico muy característico-, las cuales crían en el Mar de Frisia, que baña las costas holandesa, alemana y danesa, y en invierno emprenden su viaje hacia el sur, destino Senegal y Mauritania, con parada “casi exclusiva” en Urdaibai.

“La reserva se creó en gran parte por ellas, pues han estado en peligro de extinción hasta hace no mucho tiempo. Son como un símbolo de Urdaibai”, apunta el biólogo Edorta Unamuno.

La gran mayoría de los animales presentes en la laguna de Orueta son aves migratorias, que siguen la ruta de humedales del Atlántico este, desde el norte de Europa hasta Sudáfrica, durante los meses de otoño y primavera.

“Las aves están de paso y utilizan la marisma como si fuera un aeropuerto: llegan, pernoctan, se alimentan, cogen fuerzas y luego se marchan”, explica Arrate Galean, guía del Urdaibai Bird Center (UBC), el nombre -que también lleva sello internacional- de este particular centro, puesto en marcha en 2012 y situado en Gautegiz Arteaga, a cinco kilómetros de Gernika (Bizkaia).

 

Tres líneas de acción 

Detrás del UBC está la Sociedad de Ciencias Aranzadi, una entidad privada sin ánimo de lucro, dedicada al mundo de las aves y sus migraciones. “Una cuadrilla de amigos”, como define Unamuno, coordinador de proyectos del Bird Center, a las nueve personas que trabajan en él, más un nutrido grupo de voluntarios que se suman durante los meses de verano.

El centro de Gautegiz Arteaga tiene tres líneas principales de acción: investigación y conservación de los hábitats, divulgación y educación ambiental -no sólo con escolares, sino también con el público general que visita este “museo de la naturaleza”- y turismo.

Las nuevas medidas del Gobierno Vasco para frenar la segunda ola de contagios por covid-19 han obligado a suspender las dos últimas -de hecho, el centro cerró sus puertas al público a principios de noviembre- pero el estudio de las aves continúa porque “la naturaleza no para, incluso mejora, como se vio con el gran parón de actividad humana que hubo desde marzo a mayo”, apunta el biólogo.

Siguiendo las rutas de las aves

Laguna de Orueta, un gran humedal en las marismas de la única Reserva de la Biosfera de Euskadi, la de Urdaibai. EFE/Jon Ander Santamaría Tobías

En los ámbitos de la observación y el análisis, son dos las tareas fundamentales que se llevan a cabo en el Bird Center.

La primera, el censo diario de aves, que puede consultarse en el propio museo -un panel con ilustraciones donde los técnicos apuntan las especies y el número de ejemplares avistados cada día en la laguna de Orueta- o en la página web www.ornitho.eus.

Y la segunda, el seguimiento anual de las mismas, a través del anillamiento científico por temporadas -casi cinco mil pequeñas aves han sido anilladas en lo que va de año-, o incluso con geolocalizadores GPS para ciertos animales, como el águila pescadora.

Con ambas actividades se obtienen conclusiones valiosísimas sobre la forma en que miles de ejemplares de en torno a 250 especies utilizan el humedal, cuánto tiempo pasan en él o qué rutas utilizan en sus migraciones, y permiten observar cambios a largo plazo en las poblaciones y en su comportamiento.

“Las aves son unas máquinas exactas. Llevan veinte mil migraciones a cuestas, grabadas en su acervo genético. Y ahora, de repente, estamos viendo cambios en el clima que están alterando esos patrones que tenían”, lamenta Unamuno.

El biólogo alerta de que hay especies que nunca habían aparecido en Urdaibai, “aves del sur que están conquistando el norte”, debido a que las condiciones climáticas en latitudes norteñas se han equiparado a las que eran más propias del Mediterráneo hasta hace unos años.

Y pone como ejemplo a los flamencos, una especie nunca antes vista en el País Vasco, que desde finales de septiembre tiene en Urdaibai a tres ejemplares. “No sabemos lo que van a hacer ni cuánto tiempo van a estar en la laguna”, reconoce el técnico del Bird Center.

En cualquier caso, todos los datos que se recaban, además de ser fuente de numerosos “papers” en revistas especializadas, sirven para “algo superimportante”, incide Unamuno: “que la información no sólo se quede en los grupos de científicos y de ornitólogos, sino que llegue a la gente de a pie”.

“La joya de la corona”

Precisamente los propios técnicos son también los encargados de esa labor divulgativa, en la que está considerada como “la joya de la corona” del museo de Gautegiz Arteaga: el observatorio de aves situado frente a la laguna, donde los visitantes se sirven de telescopios y prismáticos para su avistamiento.

“La gente que visita el observatorio no está sola. Los técnicos estamos con ellos para orientar en la identificación de estas aves y aportar datos sobre ellas”, puntualiza Unamuno.

Una tarea que, a juicio del biólogo, resulta primordial, ya que el 96 % de los visitantes del museo, pese a tener ciertas inquietudes por la naturaleza, “no tienen mucha idea de aves”.

“Con los datos y con las anécdotas que contamos los técnicos del Bird Center, yo creo que abrimos los ojos a mucha gente que por primera vez descubre este mundo de las aves y de los humedales”, apostilla el coordinador de proyectos.

El caso de los flamencos sirve de nuevo como ejemplo: “La gente se sorprende porque no los ven rosas. Pero es que son jóvenes, y por eso son grises. Bajo las alas, cuando las abren, se ven más rosados”, relata.

Roi y Landa

Mapa de la laguna de Orueta.
EFE/Jon Ander Santamaría Tobías

Si hay un “proyecto estrella” del UBC en su faceta de conservación, ese es, sin duda, el que desde 2013 pretende conseguir que el águila pescadora, una especie que despareció de la cornisa cantábrica hace 400 años por la presión humana, vuelva a criar en Urdaibai.

Un proyecto que cuenta con la ayuda del Gobierno Vasco y de la Diputación Foral de Bizkaia, a través de un convenio con el Gobierno de Escocia, por el que se comprometió a donar, durante un lustro y anualmente, doce pollos de águila pescadora, traídos hasta Urdaibai, criados en este entorno y liberados cuando fueron capaces de volar.

La clave, explica Unamuno, es que estas aves, que deben su nombre a que los peces son su único alimento, “se quedaran con el País Vasco como su lugar de nacimiento” y que, cuando son adultas sexualmente, regresen desde África, continente al que migran, al punto donde creen que han nacido.

“El proyecto va bien porque han retornado cerca de 15 águilas pescadoras y se han creado parejas”, dice con satisfacción el biólogo.

Y presenta a uno de estos ejemplares, llamado Roi, como un caso de éxito, pues no sólo lleva cinco años volviendo cada primavera a la laguna de Orueta, sino que además se ha emparejado con Landa, una hembra procedente de la ciudad francesa de Orleans.

“Estamos a la espera de que el año que viene, cuando vuelvan de emigrar de esas zonas africanas de Senegal y Mali, donde están pasando el otoño y el invierno, empiecen con su periodo reproductor y tengamos la suerte de poder ver las primeras águilas pescadoras que comiencen a echar su vuelo en Urdaibai”.

Y concluye: “Es una de nuestras mayores esperanzas y en eso estamos trabajando”.

Un “Gran Hermano” de las aves 

Instalaciones para la visita de la laguna de Orueta, un gran humedal en las marismas de la única Reserva de la Biosfera de Euskadi, la de Urdaibai.
EFE/Jon Ander Santamaría Tobías

Durante marzo, abril y mayo, los meses más duros de la pandemia de covid-19 en nuestro país, el Bird Center fue refugio de muchos aficionados a la naturaleza, quienes ante la imposibilidad de saltarse el confinamiento para disfrutar de un entorno natural, pudieron asomarse a la laguna de Orueta, pero no desde el observatorio, sino desde una pantalla.

La idea fue aprovechar las cámaras de videovigilancia con las que cuenta el Bird Center -y que emiten las 24 horas del día un recorrido prefijado por toda la marisma- para realizar dos retransmisiones diarias -a las 11.00 y a las 18.00 horas, en euskera y en castellano- desde el canal de Youtube del centro, y habilitar un chat vía Telegram para poder participar desde casa.

“Fue muchísima la gente que utilizó esta vía de escape. Estaban entre cuatro paredes y nosotros intentábamos llegar cada día con una ventana abierta a la naturaleza”, recuerda Unamuno, encargado de las narraciones de esta especie de “Gran Hermano” de las aves.

Porque “cada ave tiene una historia que contar”, apunta el biólogo, aunque hace hincapié en que las retransmisiones no sólo se centran en sus características y sus migraciones, sino que están abiertas a temáticas tan variadas como la meteorología, la historia de la Reserva de Urdaibai y del mundo rural, o la problemática de los humedales con las especies invasoras.

“Para nosotros fue todo un éxito, no nos lo esperábamos. Empezamos con unos pocos miles de personas, pero hubo días que incluso llegamos a los diez mil”, reconoce, aún sorprendido por haber conectado con unos 250.000 “visitantes virtuales”, muchos de los cuales no dudaron en vivir la experiencia real en el museo una vez abrió sus puertas de nuevo en junio.

Aunque, a juicio de Unamuno, lo verdaderamente valioso es que “se ha creado una cuadrilla chulísima”, formada por un grupo de aficionados que, además de seguir las retransmisiones -que ahora son una vez por semana-, se conectan cada día a la emisión de las cámaras web para comentar los avistamientos de las que se han convertido en su otra familia: las aves de la marisma de Urdaibai. EFEverde

 




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