CIENCIA ACUARIOS

La afición a los acuarios también ayuda a los científicos

  • Los aficionados a la acuariofilia, mantener peces de agua dulce en acuarios, son valiosos para la comunidad científica

La afición a los acuarios también ayuda a los científicos Pecera principal del acuario en el Parque Explora, en Medellín (Colombia). EFE/Edgar Domínguez

Efeverde.- Los aficionados a la acuariofilia, mantener peces de agua dulce en acuarios, son valiosos para la comunidad científica, más allá de las críticas que reciben por tener peces en cautiverio, según un estudio de la Universidad de Barcelona (UB) que rompe los tópicos sobre el mundo de la cría de peces.

El estudio, liderado por el experto Alberto Maceda, del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio), destaca los valores científicos que tiene la afición a mantener peces de agua dulce en acuarios desde la vertiente de la investigación y la conservación de la biodiversidad.

“Quien tiene peces como mascota no es un acuariófilo. Quien se preocupa por la biología y la ecología de los peces y crea un ecosistema donde solo son una parte de los organismos que viven en el acuario, sí lo es”, ha explicado Maceda, primer autor del estudio, publicado en la revista ‘Fish and Fisheries’.

El trabajo, del que también son autores Omar Domínguez (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México), Josep Escribano (Asociación Grupo de Investigación de Ecosistemas Acuáticos), y John Lyons (Universidad de Wisconsin, EEUU), destaca la labor de los acuaristas serios para estudiar y conservar la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos.

La conservación de la fauna acuática

Hasta ahora, la literatura científica y el mundo del conservacionismo contemplan la afición a los acuarios como una práctica que no beneficia a la conservación de la fauna acuática.

Capturar animales para mantenerlos en cautiverio y liberar mascotas cuando ya no se quieren son, cuanto menos, los efectos negativos más directamente asociados con esta práctica.

Este nuevo estudio matiza estos prejuicios y destaca el papel positivo de los acuaristas responsables y comprometidos con el mundo de la conservación biológica.

“El mantenimiento de animales en cautividad siempre genera polémica. Sin embargo, como sociedad habría que plantearse la pregunta de que si aceptamos un perro como mascota, por qué no podemos hacerlo con otros animales como los peces. La acuariofilia es mucho más que el mantenimiento de peces como ornamento, porque, en mi opinión, ningún animal es un ornamento”, ha defendido Maceda.

Según los autores del trabajo, la acuarofilia contribuye a ampliar el conocimiento biológico sobre especies desconocidas; potencia la colaboración con científicos en localizar y describir especies nuevas; facilita la asistencia técnica en el mantenimiento de peces salvajes en centros de investigación, y promueve la financiación de programas de conservación de especies amenazadas.

“La comunidad científica trabaja con modelos animales (Danio rerio o pez cebra, Oryzias latipes, etc.) que tienen origen en el comercio de peces de acuario”, ha detallado el investigador.

“Es decir, los mismos científicos se benefician de la industria que a priori algunos critican. También es una fuente de negocio, claro, y cuesta ver más allá de eso, porque la imagen del sector va ligada a la problemática de la liberación de mascotas y la sobreexplotación de las poblaciones salvajes”, ha reconocido Maceda.

Fenómenos de invasión biológica

Cuando las mascotas son liberadas en el medio natural, pueden generar fenómenos de invasión biológica que ponen en riesgo los hábitats naturales, como en México, donde unos peces limpiacristales (Pterygoplichthys) que se escaparon de una piscifactoria están afectando a la fauna autóctona y alterando los ciclos de los nutrientes de los ríos invadidos.

Según Maceda, la mayoría de peces de agua dulce que se comercializan en Cataluña proviene de la cría en cautividad y la falta de medidas de bioseguridad en las piscifactorías es la fuente principal de la llegada al medio natural de animales ligados al comercio de acuarios, aunque también hay casos de particulares que, a menudo mal informados cuando efectúan la compra, acaban liberando los peces en el medio natural.

“En Cataluña, el caracol manzana (Pomacea maculata), que seguramente se escapó de un centro de acuicultura de peces de acuario, es una especie que amenaza a los arrozales del delta del Ebro como una plaga”, ha reconocido Maceda.

El estudio concluye que considerar la figura de los acuariófilos serios y comprometidos con la conservación del patrimonio natural en la toma de decisiones legislativas sería uno de los pasos que podrían mejorar la percepción social y científica de esta práctica ligada al ocio. Efeverde




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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