A las puertas de una nueva reunión climática internacional

Aida Vila (Greenpeace).- Volvemos a estar a las puertas de una Conferencia de las Partes del Convenio de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) y, como siempre, algunos empiezan a hablar ya de que será “una reunión de mínimos”, para rebajar las expectativas. Son los mismos de cada año, los sectores empresariales que hacen negocio con el cambio climático y están detrás del movimiento internacional que pretende ralentizar la acción para frenarlo, pero también algunos gobiernos rendidos a su influencia.

Quieren hacernos creer, nuevamente, que no vamos a sacar nada de esta cumbre y, lo que es peor, que podemos permitirnos perder un año más. Afortunadamente, cada vez somos más los que sabemos que no es así.

El Quinto informe del Panel Intergubernamental de Expertos de Naciones Unidas en Cambio Climático (IPCC) presentado hace un par de meses fue concluyente. Confirmó la gravedad y el origen humano del cambio climático, así como el hecho de que cada vez nos queda menos tiempo para frenarlo. La buena noticia es que el informe demuestra que todavía estamos a tiempo para frenar esta crisis, pero debemos darnos prisa, porque según los científicos de Naciones Unidas ésta es la década clave para actuar.

La COP de este año es la primera de tres en las que se tiene que “tejer” el nuevo acuerdo climático internacional que los países han prometido firmar en diciembre de 2015 en París, pero está lejos de ser una reunión de trámite. Esta COP es clave para establecer el calendario de negociación durante estos tres años que asegure que llegamos a 2015 preparados. En este sentido, Greenpeace considera indispensable que los gobiernos de todo el mundo acuerden formular sus propuestas de compromisos de reducción de emisiones post-2020 en el año 2014, de modo que se disponga de tiempo suficiente para evaluarlos, compararlos y, si es necesario, adecuarlos a los últimos datos científicos disponibles antes de la cumbre climática de 2015. Pero, a la vista de lo apuntado por el IPCC, es indispensable también cerrar la brecha con la ciencia para esta década. Algo que no solo pasa por intensificar las reducciones de emisiones para 2020, sino por la eliminación gradual de los HFC, la eliminación de subsidios a los combustibles fósiles y la aceleración de la implantación de las energías limpias.

En la pasada década hemos visto como la capa de hielo de Groenlandia se derretía a un ritmo seis veces más rápido que la década anterior y como el Ártico cada vez tenía menos hielo en verano. Lo anterior, lejos de concienciar a la clase política, ha propiciado que algunos países otorguen permisos de explotación de recursos petrolíferos en la zona, algo que además de generar graves riesgos para el ecosistema va a provocar más cambio climático. Algo a lo que Greenpeace se opone desde hace tiempo y que cada vez nos cuesta una respuesta más desproporcionada por parte de la policía y del poder judicial.

La represión del activismo climático aumenta en paralelo al aumento del consenso científico sobre la urgencia de actuar para salvar el clima y no es una casualidad: las cifras de gases de efecto invernadero que según el IPCC podemos emitir de ahora a finales de siglo (poco más de la tercera parte de las reservas fósiles existentes) podrían superarse en unos 20 o treinta años al ritmo que vamos y nada tienen que ver con las que maneja el sector de los combustibles fósiles. Éste ve cada vez más cerca el día en que el interés general se imponga a sus intereses económicos y se paralicen unos planes de negocio que ya están causando graves catástrofes  en todo el mundo.

Los intentos de que esto no suceda, o de que se retrase el máximo posible, acarrean consecuencias como las que sufren nuestros 30 activistas detenidos en Rusia, que se enfrentan a penas de hasta quince años e cárcel por protestar pacíficamente contra la exploración petrolífera de Gazprom en el Ártico, pero también son la prueba más evidente de que el monopolio político y económico del sector de los combustibles fósiles tiene los días contados, algo de lo que no podemos sino alegrarnos.

El movimiento mundial en contra de los combustibles fósiles es cada vez mayor y las inversiones están cambiando. Instituciones como el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones han acordaron dejar de subvencionar los proyectos energéticos a base de carbón y en algunos países, como en China, se empieza a prohibir la construcción de nuevas centrales térmicas de carbón convencional.

La revolución energética ya ha empezado, sólo falta que países como España dejen de ponerle puertas al campo con reformas energéticas que son un completo sinsentido a la vista del panorama climática internacional. Hay que avanzar hacia un nuevo paradigma energético, pero también económico, porque la economía del futuro será verde o no será.

Enlace a las demandas de Greenpeace para la COP19:

http://www.greenpeace.org/international/en/campaigns/climate-change/negotiations/COP19-Warsaw/

Aida Vila, miembro del equipo de negociación climática de Greenpeace en la cumbre de Varsovia. Twitter: @aidavilar

Especial cambio climático en EFEverde:  https://www.efeverde.com/blog/categoria_microsite/cambio-climatico-esp/

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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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