¿Vale el turismo para mitigar la despoblación rural? ¿Espejismo o tendencia? Por (*) Arturo Crosby

Cada cierto tiempo aparecen noticias en diferentes medios sobre ofertas de compra-ventas de viviendas e incluso pueblos enteros con apenas menos de 100 habitantes, por cantidades simbólicas de un euro.

Obviamente estas edificaciones requieren una importante restauración y en algunos casos la obligación de establecerse, montar un negocio, traer una familia u otros condicionantes que ayuden a fijar y aumentar la población residente.

La despoblación rural es un fenómeno o mejor dicho un hecho que con los años se incrementa y las Administraciones Públicas andan desesperadas por inventar medidas que ayuden a frenar ese éxodo que lleva décadas especialmente en el contexto de Europa.

La despoblación rural es un fenómeno que con los años se incrementa

Desde hace cierto tiempo se ha visto que el turismo puede ser una herramienta que ayude precisamente a mitigar esta despoblación en las zonas rurales y es un hecho que el turismo rural surgió en Europa como una estrategia política y no como un fenómeno de oferta y demanda al igual que el turismo de sol y playa.

La experiencia nos dice que este es uno de los mayores problemas que tiene esta actividad económica ya que no nace como respuesta a una demanda y eso conlleva muchas más dificultades para su éxito empresarial o de negocio.

Sin embargo se puede leer también en muchos medios que parece que ahora es la salvación del medio rural, que las tendencias del turismo se encaminan hacia lo rural y la naturaleza, como consecuencia inmediata de las restricciones de la pandemia de la COVID-19, que en mi opinión refleja solo una situación coyuntural con fecha de caducidad si no se implementan otras estrategias innovadoras.

El turismo por sí solo, no será capaz de reducir la despoblación rural y eso es algo indiscutible para cualquiera que conozca algo la ruralidad y su problemática, ya que es una actividad muy estacional y poco competitiva con otras ofertas turísticas como el litoral o la urbana.

Por otra parte requiere unas limitaciones de capacidad de carga muy importantes y precisamente esta situación favorable para algunas zonas rurales de la pandemia (para otras que dependen de la demanda urbana confinada es lo contrario) ha conducido a una sobresaturación turística, que en realidad es excursionista, con resultados negativos que a la vez han producido un efecto de espejismo que confunde la realidad y las tendencias de mercado que ahora mismo son muy inciertas por la situación restrictiva de los viajes que existe.

Por otra parte y debido a esta sobresaturación puntual pero a veces demasiado periódica, la comunidad rural no ve al turista como un factor positivo sino lo contrario, ya que impacta negativamente en su bienestar y calidad de vida.

En resumen es muy difícil mantener una oferta de turismo con una ocupación menor al 50% y salvo situaciones especificas puntuales, la rentabilidad económica se basa en ocupaciones anuales de aproximadamente el 25/30 % (entre 19 y 40%), cifras que nos informan sobre la poca probabilidad que el turismo sea la salvación rural, aunque pueda contribuir a ella, siempre y cuando se produzcan cambios disruptivos básicos sociales, empresariales y sobre todo administrativos-burocráticos que ayuden a tener un escenario atractivo y productivo.

Un cordial saludo,

Arturo Crosby

Editor Natour magazine

www.forumnatura.org 

 




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