¿Por qué no es malo el turismo de masas y, además, concentrado?

¿Por qué no es malo el turismo de masas y, además, concentrado? Por (*) Arturo Crosby

¿Por qué no es malo el turismo de masas y, además, concentrado? Por (*) Arturo Crosby

En estas últimas décadas se ha denostado el turismo de masas, el conocido sol y playa del Mediterráneo y de muchos otros mares del mundo, donde la concentración de turistas llega a su máxima capacidad por metro cuadrado y al mismo tiempo. Y sin embargo nadie o poca gente se ha percatado que toda esta gente, se encuentra contenta, feliz, se divierte y los impactos negativos que causan son limitados, por ser destinos planificados y sobre todo gestionados para garantizar el éxito de la operación turística.

¿Qué quiere decir esto? Simplemente que raramente el volumen de turistas excede la capacidad de carga que el destino puede soportar sin alterar su equilibrio ambiental y social.

Pero mas allá de que esta oferta turística puede responder al turismo de masas tan repudiado últimamente, son entornos urbanos que dependen de recursos naturales, como son las playas, el mar, los espacios verdes urbanos y periurbanos, su hinterland (Entornos próximos), que llevan ya años, muchos de ellos apostando por la sostenibilidad, recuperando su entorno natural y consiguiendo así una mejor calidad ambiental y por supuesto turística.

Quizás puede venir una pregunta a la mente: ¿Cómo es que con tanta concentración de turistas, no se produce turismofobia, turistofobia, ni se habla de sobre-turismo? Cuando la fotografía que se ve, es prácticamente la misma que los destinos ya mundialmente conocidos por ello, como Venecia, Barcelona, Lisboa, Porto y muchas playas asiáticas, y no precisamente Puket sino las más exclusivas, que se cierran a los turistas por su destrucción.

Es cierto que muchos destinos turísticos se han ido construyendo sin planificación alguna, pero sin embargo muchos han tenido un punto de inflexión en su evolución y han permitido o quizás se han visto forzados a re-inventarse, para no entrar en su temida fase de declive, como estaba ya pasando hace 20 años o más. Otros sin embargo, los emergentes han aprendido de los errores y se han anticipado a los posibles desastres, aunque muy pocos todavía se han dado cuenta de la tremenda magnitud que está aconteciendo con la crisis climática que les afecta y que será más intensa en los próximos años.

Lo cierto es que el gran volumen turístico lo ocupa el turismo de masas y que es mucho menos depredador que el low-cost que acosa a las ciudades-destino, destinos patrimonio o destinos de áreas naturales protegidas, que no están preparados, planificados ni estructurados para soportar esa capacidad de carga, que por tanto provoca reacciones negativas en la población o comunidad residente, llegando a la predecible turismofobia.

Estoy convencido que es importante o más bien fundamental seguir invirtiendo en este tipo de destinos de masas, donde cada turista puede encontrar respuesta a sus motivaciones y expectativas, ayudando a mantener un territorio cercano o hinterland mucho más cuidado, con una buena interrelación, entre núcleos rurales y destino turístico de masas y sol y playa.

Los intentos afortunadamente fallidos de tratar de mover esta demanda hacia otros destinos culturales, urbanos o naturales han sido un grave error y precisamente esta alta concentración en espacio y tiempo benefician al resto del territorio y generan una rentabilidad y empleabilidad envidiable.

Eso si, faltaría convencerles de ir asimilando una actitud más sostenible y verde, porque serían unos replicadores sociales y políticos de una fuerza inmensa, aunque sólo fuese por su número.

¡Ténganlo en cuenta!

Un cordial saludo,

Arturo Crosby,

Editor Natour

www.forumnatura.org




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