Si el turismo ayuda a encontrar la felicidad, el miedo es su peor enemigo. Por (*) Arturo Crosby

La evolución de la desescalada de la pandemia, en referencia al turismo no está yendo a la velocidad que este sector desearía y probablemente uno de los factores que más está afectando a esta ralentización sea precisamente el miedo real y el miedo inducido.

Hace tiempo que escribí sobre la felicidad que producía o podía desarrollar el turismo y los viajes en general. Por tanto se podría decir que el turismo es una fábrica de felicidad y de ahí radica su gran importancia social, no reconocida por la propia sociedad.

El turismo es una fábrica de felicidad y de ahí radica su gran importancia social

Si el turismo en definitiva se basa en crear y hacer perceptibles las emociones de las distintas experiencias que pueden obtenerse a lo largo de todas las etapas de un viaje, es importante recordar que la felicidad es, en definitiva, un estado emocional y por ende se puede inducir directa o indirectamente, y los viajes así como el turismo de forma global puede (y de hecho lo hace) inducir positivamente, si se sabe diseñar correctamente.

Quizás uno de los autores que más me han influido ha sido Eduard Punset, que escribió su famoso libro “El viaje a la felicidad” donde desarrolló una formula cualitativa para definir la felicidad

Es fácil observar la relación directa entre felicidad y emociones, de tal forma que si nuestra vida (pongamos la vacacional en este caso) no conllevase emociones o parte emocional, su valor sería “cero” y consecuentemente no habría felicidad. Hasta ahora, el producto, el paquete, la estadía turística, nunca se diseñó con ese objetivo, aunque en muchas ocasiones sí se obtuvo por parte del consumidor turista.

Por otra parte, seguramente el mayor factor reductor de la felicidad es el miedo y como algunos autores afirman, la felicidad es, ni más ni menos, la ausencia de miedo.

Por supuesto hablamos de un miedo tal, que coarte o impide alcanzar esas emociones satisfactorias.

Imagínense ahora, hoy en día, a la hora de planificar un viaje de vacaciones, en plena etapa de desescalada, donde ya están abiertos los establecimientos turísticos y hosteleros y que por supuesto una mayoría de gente está deseando de disfrutar de su tiempo de ocio.

Es en realidad la búsqueda de esa felicidad deseada, pero precisamente el mayor factor reductor es el miedo a ser contagiado, a entrar en cuarentena obligatoria a las medidas de control,  etc. el que impide o reduce mucho la voluntad de compra.

Pues es obvio que un porcentaje alto de la demanda se retraiga y solo aquellas ofertas turísticas que sean capaces de eliminar esa sensación o precepción de miedo serán las que puedan captar el interés de compra real.

Es evidente que los medios de comunicación, políticos y demás actores sociales han inducido un miedo atroz a la población turística potencial y ahora es muy difícil un cambio brusco en la tendencia para que consuman lo que ha estado defenestrando.

Es obvio que un porcentaje alto de la demanda se retraiga y solo aquellas ofertas turísticas que sean capaces de eliminar esa percepción de miedo serán las que puedan captar el interés

Por eso mismo, toda la información anti-COVID, o “COVID-Free”, en el fondo y más en la forma, están recordando al comprador que el virus puede estar esperándole y por tanto es contraproducente. No sé si será por esto,  la buena praxis del ICTE de cambiar los sellos “COVID-Free” por el de Responsible-Tourism”, que tiene mucho más lógica.

Es curioso como imágenes idénticas tienen significados opuestos para diferentes personas, como la comunidad local y la turística, porque les recuerdo que en turismo la percepción de la realidad es lo que cuenta. y esto me hace recordar una experiencia vivida en Colombia, hace muchos años cuando existía una situación de riesgo, en las calles de una ciudad tranquila (Armenia) se podía ver soldados armados en las calles patrullando (algo similar a zonas de Israel). Para los foráneos era una sensación de miedo, riesgo e inseguridad, ya que esa imagen te hacía recordar que existía un riesgo inminente, pero para la población les confería seguridad.

Estoy muy seguro que si antes de viajar a ese destino, hubiesen aparecido imágenes de ese ejército en las calles, pocos viajeros hubiesen comprado su viaje ¿o sí? Pues de alguna manera, es lo que también está pasando actualmente con los destinos turísticos que esperan turistas, pero que para tratar de hacer percibir seguridad vírica, recuerdan su presencia.

Pero claro, compaginar la percepción y seguridad de la comunidad local y la de los visitantes, no es muy fácil, pero posible. Obviamente la oferta ubicada fuera del entorno urbano habitado, tiene más ventajas.

La gobernanza turística es la clave para una gestión eficaz, sin duda alguna.

 

Un cordial saludo

Arturo Crosby

Editor Natour magazine

www.forumnatura.org

 




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